Ya con más de cuatro décadas vividas siento la necesidad de compartir inquietudes personales referidas a diversas temáticas algunas científicas controvertidas y otras pseudo-científicas que obviamente generan algún tipo de urticaria y esa es un poco la idea.

No es intención imponer ninguna idea ni precepto o filosofía pero normalmente meterme en determinadas temáticas me ha costado mucho desde encontrar el momento y lograr la concentración como así también muchas veces compartir las experiencias y conclusiones de haberse adentrado en determinado campo con alguna persona que no termine viéndote como un extraterrestre o como si hubieras perdido la cordura.

Cuando busqué cordura en el diccionario me tranquilizó bastante lo que encontré, en la primera acepción detalla que es el estado psíquico de la persona que tiene la mente sana y no padece ningún trastorno o enfermedad mental… deben ser muy pocos se me viene a la mente por estos días lo cual me incluye dentro de la mayoría que no gozamos de esta característica.

La segunda acepción se refiere a la capacidad de pensar y obrar con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad y esa me identifica dada mi formación militar desde el inicio de mi adolescencia. Pero hace unos años me estado planteando que muchas veces nos preocupamos más por obrar cuerdamente o como se pretende que lo hagamos en nuestro ámbito habitual cualquiera sea porque cada uno tiene sus propias reglas generales de comportamiento. Pero que hay del pensamiento? Tiene que ser siempre cuerdo? Tiene que ser siempre como los demás esperarían que fuera incluso aunque nadie pueda hacer una inmersión en tus pensamientos? Mi planteo es que NO. De hecho normalmente no lo es. Pero muchas veces lo reprimimos, corremos la cortina a esos pensamientos desalineados y nos imponemos una vuelta a la cordura para mantener el foco de concentración en lo que estamos haciendo que obviamente es lo que se espera que hagamos en ese momento y en ese lugar. Y a veces en un atisbo de rebeldía nos agendamos ese pensamiento para la noche. Ese momento antes de conciliar el sueño que pareciera es donde podemos liberar la mente y dejarla fluir sin censurarla a riesgo de que se produzcan dos situaciones igualmente de desafortunadas.

Por un lado corremos el riesgo de perdernos en ese fluir de pensamientos y desvelarnos lo que no es bueno para la salud dado que al día siguiente lejos de permitirnos el descanso tenemos que continuar las actividades en los horarios que se esperan que se realicen cada uno según el ordenamiento social lo indica.

Por otro y más triste es que es posible que el cansancio de la jornada nos venza y nos gane el sueño y esos pensamientos pasen a ser una anécdota, una falla en la matrix que generó una distracción que a lo mejor nunca volvamos a retomar por estar muy ocupados.