Tras esta lucha de religiones, detrás de esta confrontación forzada desde el 11S entre musulmanes y cristianos, se halla la ejecución de un plan mucho más oscuro y real que lleva décadas fraguándose.

Un plan desarrollado y calculado por las más poderosas élites familiares de Occidente, que profesan unas creencias para nada acordes con ningún tipo de cristianismo o de engion clásica.

Y al igual que la larga y penosa Guerra Fría no fue más que el escenario inicial donde se puso en marcha dicho plan, la acual ae malestar creado artificialmente situa entre Oriente y Occidente no es mas que una mera excusa para llevar a cabo ese ambicioso proyecto que todos conocemos como Nuevo Orden Mundial, y que fue dado a conocer por George Bush padre tras la caída del Muro de Berlín, y acelerado tras su «victoria» en la I Guerra del Golfo.

La familia Bush es la que más ha hecho a favor de este megalómano plan mundial.

Primero el presidente George Bush padre y actualmente su hijo llevan adelante las últinmas fases del mismo.

Para ello están ayudados de una corte de oscuros personajes por todos conocidos, como Rumsteld y Chenney en la Casa Blanca, y Wolfowitz y Richard Perle en el complejo militar del Pentágono, los cuales ya formaban parte de otros equipos asesores presidencales, y a los que une una misma línea ideológica, casi religiosa.

Una peligrosa creencia o seudorreligión de nuevo cuño que, como veremos, más tiene que ver con el satanismo que con la religión cristiana.

Efectivamente, antes de cambiar 180 grados su vida espiritual en su 40 Cumpleaños, George W. Bush estaba ya iniciado.

Se había «forjado» en una selecta sociedad esotérica de la cual había formado parte su padre, y cuyos principios sigue manteniendo a pesar de estar en franca contradicción con su nueva fe cristiana.

Todo apunta a que esta sociedad representa a una facción de las familias patricias norteamericanas asociadas a la cúpula del poder, cuyo liderazgo se perpetúa hereditariamente.

Entre sus miembros se encuentran la veintena de apellidos de mayor pedigrí en el campo de las finanzas y la industria del Este de EE. UU., según la lista de miembros publicada por el historiador Anthony Sutton.

Para sus críticos más radicales, tanto los honores públicos como la recompensa económica están garantizados, pero a cambio de una subordinación absoluta a «La Orden».

Entre los alumnos de Yale, promoción tras promoción, corre desde el siglo pasado el rumor de que la forma más rápida y segura de acceder a una carrera de brillante porvenir en los círculos del poder es pertenecer a este Cub privado, que recluta a sus miembros entre los alumnos y los docentes de Yale.

Una vez admitido, el nuevo adepto se compromete a no revelar ningun aspecto de sus actividades internas, incluycndo mantener en secreto Su pertenencia y negar cualquier vínculo con ella.

Fundada en 1832 por William H. Russell, esta sociedad secreta lamada Skull and Bones (Calavera y Huesos), parece que fue inicialmente la rama americana de la Orden de los lluminados de Baviera, fundada en 1776 en emania para promocionar a los hijos de las élites europeas a puestos de Televancia política, económica y social, con la finalidad de consolidar su intiuencia en los círculos de poder.

Su existencia está bien establecida, como Sus liturgias, aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre su naturaleza.

Así, por ejemplo, Massimo Introvigne, director del Instituto de Nuevas Religiones y el más reputado experto en sectas, recoge la existencia de ituales macabros y la profanación de la tumba del líder indígena Jerónimo, pero se inclina por creer que solo se trata de un «satanismo lúdico» de clase alta inspirado en la tradición de la masonería anglosajona.

Se trata de un fenómeno muy común entre los jóvenes estudiantes norteamericanos que, si bien integra ritos ocutistas, no presenta más riesgos que alguna gamberrada.

Aunque reconoce la pertenencia a la misma de políticos destacados, como el ex presidente George Bush y su secretario de estado, George Shultz.

Tampoco parece que estos estrechos vínculos con el poder sean una novedad.

El fundador de la sociedad secreta, William H. Russell, fue secretario de Guera de la Administración Grant. William Taft, hijo de otro de los líderes pioneros de «La Orden», Alphonse Taft, fue el único presidente de EE. UU. que, además, ocupó el cargo de presidente de la Corte Suprema.

George Bush padre también fue el primer presidente que antes ocupó el cargo de director de la poderosa CIA.

En 1856, la Orden de la Calavera y los Huesos fue registrada oficialmente como Asociación Russell.

Desde entonces se la conoce también como el Capítulo 322 de una sociedad secreta alemana.

Domiciliada durante décadas en la sede neoyorquina de la banca Brown Brothers Harriman, siempre parece haber estado interesada en la creación de un liderazgo oculto con capacidad para controlar los destinos del planeta.

La familia Bush ostenta un privilegiado asiento en este cenáculo desde hace tres generaciones.

Los vínculos entre los Hariman y los Bush se forjaron en la graduación de 1917, cuando Edward Roland Hariman y Prescott Bush, abuelo del actual presidente de los Estados Unidos, consiguieron la condecoración ósea que los acreditaba como serias promesas de los proyectos que «La Orden” tenía a escala mundial.

Al de cada curso, un selecto grupo de 15 graduados es escogido participar en la entrada iniciática al mundo de los poderes temporales.

Se asegura que, desnudos y dentro de un ataúd, deben confesar sus fantasías sexuales y otros sórdidos secretos.

Cada neófito recibe un hueso con una inscripción que identifica su pertenencia a la «más poderosa de las sociedades secretas.

Solo las paredes de «La Tumba» (el edificio del campus de Yale donde se llevan a cabo las ceremonias) son testigos de esta oscura comunion en la cual Introvigne reconoce el signo ocultista de la liturgia, pero considera que se trata de ritos que simbolizan la condición humana y que culminan con el «lavado», que representa la purificación por el agua y el nacimiento del neófito como hombre nuevo.

George Bush hijo entró en «La Orden» en 1968.

Los promotores politicos de su padre le confiaron la tarea de representar estos sombríos intereses.

En 1977 George W. Bush junior erigió su primera compañiía, Arbusto Energy con la ayuda económica de «La Orden».

La asistencia de su tío Jonathan Bush fue muy útil para acumular el capital, aportado por una veintena de inversores, con William Draper III al frente.

En la biografía no autorizada de los escritores Tarpley y Chaitkin, curiosamente Draper aparece como gestor de la llamada «cuenta Thyssen», de la que los Harriman y los Bush se habrían servido para financiar al Partido Nazi de Hitler.

El viejo pirata Prescott Bush estaría contento al ver hasta qué punto sus descendientes han asimilado su espíritu.

En los años 30 y principios de los 40 llegó a acuerdos comerciales con la Luftwaffe nazi (el ejército del aire de Hitler), creando tres sociedades de las que fue el accionista más importante.

Almorzaba con Alen Foster Dulles, jefe de la ClIA, en el momento del asesinato de John Kennedy, y convocó al jefe de la nación apache para una ceremonia de restitución de la calavera de Jerónimo, la cual terninó mal por que intentó darle otra calavera cualquiera, ofendiéndolo a muerte.

Para hacemos una idea de las «lúdicas» actividades de estos inofensivos» estudiantes destinados a controlar el poder mundial, pongamos unos pequeños ejemplos: el 1 de mayo de 1990 la tumba del general panameño Omar Torrijos fue profanada.

Unos desconocidos que hablaban con acento extranjero robaron las cenizas de este líder, símbolo de la resistencia ante el poder neocolonial de EE. UU.

Con el fin de celebrar la reinstauración en el país del poderío norteamericano, estos profanadores sellaron con este ritual la obtención de un nuevo trofeo: las cenizas del general que, según sus partidarios, fue asesinado por la CIA. La operación realizada en Panamá, presuntamente financiada por La Orden de la Calavera y los Huesos, no haría sino continuar una siniestra tradición.

Así lo denunciaba NACLA Report on the Americas, una revista política con ninguna afición por el ocultismo, en su editorial de junio de 1990.

Más de medio siglo antes de que George Bush padre lanzara contra Panamá la operación«Causa Justa», la Orden a la que pertenecía el presidente ya había hecho lo mismo con el cadáver del revolucionario mexicano Pancho Villa.

Unos desconocidos abrieron su féretro y le cortaron la cabeza.

Se asegura que Skull and Bones, la sociedad secreta formada por la élite de la universidad de Yale, pagó por la acción.

En mayo de 1918, el senador Prescott Bush profanó junto con otros miembros de esta sociedad el sepulcro de Jerónimo, el legendario jefe rebelde de los apaches.

A mediados de los 80, Ned Anderson, líder de la tribu de San Carlos, reunió documentos, fotografías y otras evidencias sobre esta profanación.

Uno de los cómplices de Prescott Bush, Neil Malion, se encargó de echar ácido sobre la cabeza de Jerónimo, quemando la cabellera y la carme para que pudiera ser expuesta en sus rituales nocturmos.

La unión de Bush y Malion se habría afianzado en el campo de los negocios.

Prescott Bush fue quien catapultó a Neil Malion a la dirección de Dresser, donde tendría su primer empleo el ex presidente George Bush, que bautizó con el nombre de Neil a uno de sus hijos.

Ned Anderson consiguió una entrevista con un representante de “La Orden”, al que solicitó la devolución de los huesos de Jerónimo.

Anderson afirma que obtuvo una respuesta afirmativa, aunque no formalmente, transformada en decepción al día siguiente, ya que el interlocutor de “la Orden” faltó a la cita concertada.

El personaje que evadió el compromiso para ganar tiempo y esconder los restos de Jerónimo era Jonathan Bush, hermano del entonces candidato presidencial.

Pero los secuaces gue los secundan en su afán de lograr un «Nuevo Orden Mundial» no se quedan atrás.

Si se examinan con detenimiento los discursos de las cabezas VIsibles de la globalización (los Bush, los Rumsfeld, los Chenney), se vera que abundan las declaraciones de contenido seudomístico o seudorreligioso.

De hecho, tras la II Guerra del Golfo, George Bush, entonces presidente de los EE. UU. habló de la «misión que la Providencia había concedido a los EE. UU.», de la misma forma que antes los grupos conservadores que apoyaron a Reagan (la «mayoría moral» y los extremistas evangélicos de los EE. UU.) habían realizado declaraciones en el mismo sentido.

El pensamiento de los actuales líderes estadounidenses es que a un gobierno mundial le corresponde una religión mundial.

En la actualidad estamos asistiendo a una verdadera revolución seudoespiritualista que va paralela al advenimiento del «Nuevo Orden Mundial». Se trata de la extensión y popularización de las seudorreligiones que acompañan al fenómeno de la Nueva Era» (ver capítulo «La conspiración de la Nueva Era») y a la proliferación de sectas exóticas y de cultos orientales que surgen como hongos en Occidente.

No es una nueva revolución religiosa lo que sustituirá a las religiones tradicionales en un planeta globalizado, sino una seudorreligión que no será otra cosa más que un cúmulo de supersticiones y creencias en buena medida de tipo iluminista, y por lo tanto satánicas.

Y no aludimos al satanismo por casualidad, ya que todas estas mentes pensantes y dirigentes mundiales tienen un libro de cabecera más que inquietante.

Nos referimos al best seller mundial La rebelión de Atlas, escrito por la célebre Ayn Rand.

El lector se preguntará quién es esta escritora, y es que en España los libros traducidos de Rand han pasado desapercibidos, mientras que su influencia en los países nórdicos, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos es sobradamente conocida, al punto de que hoy nadie duda en esos países que Rand es la pensadora más influyente de los últimos 30 años.

El libro La rebelión de Atlas, profetiza la decadencia de los EE. UU. El país queda dividido en dos clases: la de los saqueadores y la de los no-saqueadores.

La clase política dirigente está formada por los primeros, que piensan que cualquier actividad debe estar regulada y sometida a fuertes impuestos.

Los segundos son los hombres emprendedores: algunos dirigentes políticos, religiosos y sindicales, los hombres de empresa y los intelectuales que piensan que la solución está justamente en lo contrario.

De estos últimos, y más en concreto de los patronos, surge un movimiento de protesta que se concreta en una huelga de empresarios acompañada de sabotajes y desapariciones.

El líder del movimiento es John Galt, a la vez filósofo y científico. Galt, escondido en las Montañas Rocosas, dicta órdenes, sugiere iniciativas y mueve los hilos de la rebelión.

Con él se refugian los principales empresarios.

Durante el tiempo que dura la huelga y la desaparición de los empresarios, el sistema norteamericano se hunde bajo el peso del intervencionismo estatal.

La novela termina cuando la patronal decide abandonar su escondite de las Montañas Rocosas de Colorado y regresar a Wall Street y a los centros de decisión; marchan encabezados por el dólar, alegoría que Galt ha elegido como símbolo de su particular rebelión.

En la novela se equipara al empresario con el titán mítico que carga a sus espaldas los destinos del mundo.

Cuando apareció la obra en 1956, 1lamó la atención lo osado del planteamiento.

Hasta ese momento, ni siquiera en EE. UU. nadie se había atrevido a realizar un planteamiento en el que los empresarios eran los buenos, el Estado el malvado y las masas ni siquiera contaban.

En poco tiempo se agotaron casi cuatro millones de ejemplares de la obra.

En ella se dan los fundamentos «éticos» del capitalismo desaforado.

Ayn Rand había creado un manifiesto que serviría de «soporte morab» a todos aquellos capitalistas cuyos intereses actuales son la globalizacion del sistema económico mundial.

Para Ayn Rand, la clase empresarial norteamericana es símbolo de todas las virtudes y de ningún defecto.

Por el contrario, el pueblo y el Estado son los culpables de casi todas las situaciones problemáticas.

Posteriormente a la publicación de su libro, Rand se dedicó a escribir únicamente trabajos que apoyaran ese punto de vista.

El más conocido es La virtud del egoísmo.

El hecho de que Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal (el banco central norteamericano), y el presidente ruso Vladimir Putin reconozcan públicamente su tributo con Ayn Rand es significativo del impacto que tiene su pensamiento.

Pero hay algo mucho más oscuro tras esta filosofía, ya que Ayn Rand también ha tenido otro lector empedernido: Szandor LaVey, fundador de la Iglesia de Satán.

Efectivamente, Rand se define como atea, considera a la religión como una «forma primitiva de filosofía» y propone sustituirla por un «culto del hombre » como medio para «elevar al más alto nivel de las emociones humanas, rescatándolas del barro del misticismo y dirigirlas de nuevo hacia su objeto propio: el hombre mismo». Ayn Rand llamó a su filosofía «objetivismo»; dijo de ella que era una norma de conducta para «vivir en la tiera».

Para Massimo Introvigne, director del CESNUR, entidad italiana que estudia las nuevas religiones, el objetivismo es una filosofia política radicalmente individualista que hace apología del capitalismo y del hombre egoísta».

Todo lo anterior enlaza perfectamente con los principios de la lglesia de Satán y de Szandor LaVey en particular.

Las nueve afirmaciones satánicas que forman la declaración de principios de la Iglesia de Satán están directamente extraídos de La rebelión de Atlas, tal como ha demostrado George C. Smith, hoy miembro del Templo de Seth (una escisión de la Iglesia de Satán).

La diferencia entre Rand y LaVey estriba en que mientras este cree que es posible llegar a establecer el «culto al hombre» mediante el ocultismo y la magia, Rand propone hacerlo mediante la econo- mía y la ciencia.

Su obra más importante, La Biblia satánica, LaVey propone una visión del mundo que debe casi todo a Rand y en menor medida a NietZSChe.

La vey exalta el egoísmo y el capitalismo, el orgullo del fuerte sobre las necesidades del débil, la abolición de las religiones, las morales y las hipocresías ¿Y Satán? Para LaVey, Satán no es sino el símbolo del «culto al hombre, en absoluto un personaje real (a diferencia del Templo de Seth que si lo considera un ser personal).

Ni LaVey ni Rand se quedaron solo en las teorías.

Descendieron al tereno de la práctica.

La vida y las andanzas de la Iglesia de Satán son suficientemente conocidas gracias a los medios de comunicación.

Barbara Branden, biógrafa de Rand, ha facilitado datos para entender que esta siguio por vias parecidas.

Su filosofía se tradujo en una «experimentación radical, comprendidos los planes sexual y familiar, a través de formas de poligamia y poliandria, en el seno del pequeño grupo que dirigía el movimiento politico y literario que había creado».

Los discípulos de Ayn Rand, entre los que se incluyen los ayudantes del cristianísimo presidente estadounidense George W. Bush, siguen este tipo de creencias y forman hoy un pequeño grupo de poder extremadamente influyente, del que Alan Greenspan es el principal exponente.

Constituyen el alma ideológica de los movimientos que hoy tienden hacia el poder mundial: Club Bilderberg, Comisión Trilateral, CFR, etc. En realidad, todos ellos han actualizado la doctrina del antiguo iluminismo que perseguía la sociedad esotérica de los Iluminados de Baviera, y que continuó la Skull and Bones de los Bush.

En el fondo, todos ellos han modernizado lo que antiguamente se denominaba luciferismo o satanismo.


Claves Ocultas del Poder Mundial – José Lesta y Miguel Pedrero – Editorial EDAF – Buenos Aires – 2006