Una de las cuestiones más interesantes, quizála más importante, es si el núcleo duro de agrupaciones como el Bilderberg tienen alguna filosofía o sistema de creencias.

La respuesta a esa pregunta puede acercarnos a la supuesta cúspide de la pirámide, al grupo realmente más oculto.

Pero antes de llegar a él existen algunas organizaciones aparentemente «intermedias» a las que se les puede denominar como sociedades secretas, en donde además de reunirse un gran cúmulo de poder financiero, político y mediático,existe todo un ambiente esotérico y ocultista marcado por diferentes y curiosos sistemas de rituales.

Eso es lo que parece ocurrir en la socicdad universitaria de Yale denoninada Skull & Bones (ver capílulo «Santa Cruzada contra cl eje del mal») y en el lamado Bohemian Club o Bohemian Grove.

En este último y sclecto Club se reúnen gran parte de los bilderhergers americanos y allas personalidades del establishment científlico, armamentístico y de defensa.

Aunque la sede central está en San Firancisco, su anbiente natural es totalmente distinto al habitual de las reuniones de alto nivel.

Se trata de una especie de campamcnto de verano.

Toda una extensión situada ciento veinte kilómetros al norte de San Francisco, en cl condado de Sonoma, para festejar la yuema de un muñcco que simboliza «sus preocupaciones ».

El ritual, que algunos expertos han tachado de pagano o druídico, se hace hajo la atenta nirada de los más altos micmbros del «Club» que van ataviados con unos largos trajes de una sola picza, impecablemente blancos y con unos gorros rojos, como si fueran antiguos saccrdotes druidas.

Todo ello presidido por una gigantesca cstalua pélrea de más de cinco metros en forma de búho: el símbolo de los bohemios, Es algo así como una «descarga de responsabilidades».

Un ritual yue inicia su periodo de vacaciones, y es que a partir de ese día de julio (fecha en que se celebra todos los años el campamento de los bohemios), los asistenles al gigantesco «festival» se divierten sin reglas cual boy scouls durante dos semanas y media en una extensión gigantesca con instalaciones que pueden dar cabida a unas dos mil personas.

La tremenda superficie esta dividida en ciento veintidós zonas bautizadas con diversos nombres.

Dependiendo del grado que se tenga dentro del Club se pueden acceder a unos u otros campamentos.

Así, el ex presidente George Bush, compartió la zona de los Hillbillies con W. Clausen, del Banco Mundial, o el famosísimo presentador televisivo norteamericano Walter Cronkite; sin embargo, ninguno de ellos pudo acceder a la más elitista zona llamada Mandalay, reservada a David Rockefeller, Henry Kissinger, Thomas Watson Jr, director de la IBM, o William Casey, ex director de la CIA.

Algunas personas han logrado colarse incluso durante más de dos días en la gigantesca zona arbolada pudiendo ser testigos de algunas de las actividades de las personas más poderosas de los Estados Unidos.

Durante la estancia, los bohemios hacen honor al nombre del Club viviendo en comuna y en «armonía» con la naturaleza… de una manera bastante original.

En algunos de los campamentos de menor nivel, los poderosos campan a sus anchas y beben con soltura desde el amanecer hasta altas horas de la noche.

En otros sitios, se disfrazan de manera medieval y hacen representaciones cómicas o teatrales.

Se imagina a un presidente norteamericano vestido de guerrero celta o recitando versos de Homero? Pues bien, eso es solo la punta del iceberg, porque la cosa va más allá Según algunos de estos testigos incómodos, un pequeño porcentaje realiza prácticas homosexuales.

Hay que recordar que está prohibido llevar muieres al campamento. Regla que, de todas formas, se rompe, ya que en algunas de las zonas los Bohemios llevan una gran cantidad de prostitutas que llegan al evento desde todas partes del mundo.

Aun así, repetimos que esto es solo una pequeña muestra.

Alguno de los sirvientes que han trabajado allí año tras año en los edificios que a modo de bar-hotel hay en cada zona del lugar, han roto su juramento de confidencialidad a pesar del riesgo, y es gracias a ellos que tenemos los mejores datos de lo que realmente sucede por allí. «Algunos de los extrañísimos comportamientos que hemos visto no se pueden describir verbalmente» aseguró uno de ellos.

Al parecer, abundan los ritos paganos y en algunas de las piras se queman cuerpos reales.

Seguramente ese no era el espíritu inicial con el que se fundó originalmente el San Francisco Bohemian Club en 1872.

Los responsables de que hoy en día se junten en ese bosque la flor y nata del poder mundial fueron cinco editores y periodistas de la ciudad californiana que querían «promocionar el buen compañerismo y elevar el nivel del periodismo de cara a la población».

Una década después ya no acudía ningún periodista.

Por supuesto, no se publicaba ninguna noticia sobre las reuniones y la lista de importantes personajes del mundo industrial y de la banca comenzaba a crecer vertiginosamente.

Medio siglo después, comenzaron los rumores y las acusaciones sobre oscuras prácticas con drogas que incluían secuestros de personas, violaciones e incluso asesinatos rituales.

Sea cierto o un mero rumor sin fundamento, la verdad es que todas las investigaciones se detuvieron en 1947 debido al Acta de Seguridad Nacional.

A pesar de todo ello son cientos las personas que constan en la lista de admisión como postulantes a entrar en el selecto grupo. La mayor parte esgrime como pase de entrada una millonana cartera de dólares, pero es evidente que para lograrlo no prima la cuestión económica sino otro tipo de condicionantes.

Por esta razón, todos los años los jefes del Bohemian invitan a les personas que parecen interesantes dentro del campo de la cultura, la ciencia o el mundo de la geoestrategia para que colaboren en lo que se da en llamar los «Lakeside Talks», o sea, una especie de charlas o conferencias dadas al aire libre sobre los asuntos mas increíbles que uno se pueda imaginar, máxime si pensamos que la mayor parte de los ponentes son o serán los próximos presidentes del Gobierno, secretarios de Defensa o catedráticos e intelectuales de referencia en los foros internacionales.

Como muestra, un botón.. en las charlas de julio del 2001 se tocaron temas como los siguientes: «La nueva era energética que está por venir» (por Daniel Kammen, profesor de Energía de la Universidad de Berkeley) o «Secretos militares del océano, atmósferay UFO’s» (por el profesor Richard Muller, también de Berkeley).

Un año antes, en el 2000, se habló de cosas como: «China, Taiwan y los USA en el siglo xxD» (por James Lilley, embajador en Corea y China), «la visión del mundo» (por John Major, ex primer ministro de Inglaterra), y así podríamos seguir hasta aburrimos, lo cual demuestra que evidentemente ese «campus avanzado» no sirve solo para la expansión y los momentos de ocio de un puñado de ricachones que manejan los hilos del mundo. La cosa es má complicada.

Según las charlas que se dieron en los festivales de los Bohemios en la década de los cuarenta y el tipo de personas que asistieron al campamento de 1942, parece demostrado que fue recisamente allí donde se decidió la ejecución del proyecto Manhattan y por lo tanto la fabricación de la bomba atómica. No por casualidad, Edward Teller, que formó parte de ese proyecto y que años después diseñó la temida superbomba termonuclear de hidrógeno, era uno de los fijos y más importantes miembros del Bohemian Club.

Quizá lo más interesante sean los secretos cultos paganos que realmente se realizan en los lugares más impenetrables de los 2.700 acres de frondoso e inaccesible terreno privado.

Hace unos doce años, un inquieto investigador, junto a un grupo de periodistas, y sobre todo dos ex bohemios arepentidos que sufrieron de incontinencia verbal, se acercaron a la sorprendente clave del asunto.

Según ellos, todo obedece a unos antiguos cultos cananitas al dios Moloch (simbolizado en el gigantesco búho de piedra), tal y como están descritos en el Antiguo Testamento.

Moloch es un antiguo dios pagano al que los hebreos cananitas y fenicios rendían culto ofreciéndole a sus hijos en holocausto.

Es el dios del fuego purificante o del sol, y está por tanto asociado a rituales con sacrificios humanos, generalmente niños.

Los fenicios creian que, como resultado de una catástrofe ocurrida en el comienzo del tiempo, ese espíritu se había transformado a sí mismo en oscuridad al convertirse en materia.

Según esas creencias, y de acuerdo con las herejías gnósticas, el hombre era la encarmación de tal tragedia, y para redimirse de ese pecado era necesario ofrecer sacrificios a Moloch inmolando bebés, por ser considerados los más impregnados de materia.

Lanzar recién nacidos al fuego constituía el más agradable sacrificio que podía ofrecerse a esa implacable divinidad, representada por una gigantesca estatua de bronce que encerraba un horno en su cavernoso cuerpo.

Las madres arrojaban a sus propios hijos vivos en el incandescente vientre de Moloch, que devoraba por el fuego a sus pobres y pequeñas víctimas.

Y para atenuar la repulsión causada entre los que asistían a tales escenas, los inicuos sacerdotes de Moloch tomaban el cuidado de hacer tocar trompetas y sonar estruendosamente sus tambores para sofocar la infernal melodía de los gritos de los inocentes.

Exactamente igual que en el ritual realizado cada año por los bohemios en los bosques californianos.

Las referencias en el Antiguo Testamento al dios Moloch o Moleck son abundantes:

(Levítico 18, 21) Y no des hijo tuyo para ofrecerlo por fuego a Moloc; no contamines así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.

Levíitico 20, 2) Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Isracl, que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pucblo de la tiema lo apedreará.

(Jeremías 32, 35) Y edificaron lugares altos a Baal, los cuales están en el valle del hijo de Hinón, para hacer pasar por el fuego sus hijos y sus hijas a Moloc; lo cual no les mandé, ni me vino al pensamiento que hiciesen esta abominación, para hacer pecar a Judá.

Con el paso de los siglos, la leyenda de Moloch como demonio se fue adaptando hasta convertirse en el agente del mal más representativo de la demonoogia medieval.

Las antiguas tradiciones del siglo xvI muestran a un Moloch que encuentra particular placer en hacer llorar a las mujeres:; para ello, según los eruditos monjes medievalistas, rapta y secuestra al mayor número de niños posibles.

Como habíamos comentado, y volviendo al siglo xxI, durante décadas han existido rumores acerca de asesinatos ocurridos en remotas zonas del gigantesco bosque de los Bohemios.

Esas certezas estuvieron a punto de convertirse en realidad probada a mediados de los ochenta, cuando la policía local e incluso especialistas en criminología del FBI se desplazaron hasta la zona para investigar las denuncias.

Sin embargo, no encontraron absolutamente nada.

En las denuncias, basadas en las declaraciones de algunos de los sirvientes en los festivales, se daban datos curiosos como la existencia de instalaciones subtemáneas en parajes remotos del gran bosque. Unos lugares secretos a los que casi nadie accede. Están formados por un enorme salón subterráneo que da acceso a la llamada «Habitación Oscur», la llamada «Sala de Piel» y el «Salón Necrofflico». Lo que allí se realiza es un total misterio, solo en las denuncias de uno de los antiguos trabajadores, James O’Brien, se puede atisbar algo: «Los esclavos de avanzada edad (trabajadores fijos del festival) son asesinados en un gran sacrificio común después de ser cazados de manera aleatoria en lo mas profundo del intrincado bosque de secuoyas».

Rumor infundado o realidad velada, lo cierto es que los antiguos cultos druídicos y cananitas parecen bien establecidos y demostrados.

La simple quema del muñeco humano, que representa a un niño, y que da inicio al festival, es una prueba que demuestra la atracción que los Bohemios sienten por los actos destructivos, bárbaros y sangrientos.

Uno de los pasajes favoritos de los Bohemios son unos versos del poeta inglés John Milton, que en su obra El paraíso perdido, escribió:

Primero Moloch, rey horrible, manchado con la sangre de los sacrificios humanos y destilando lágrimas patemales aunque con el estrépito de tambores y timbales, no fueron oídos los gritos de los hijos arrojados al fuego para ser después ofrecidos al execrable ídolo… indujo por medio de engaños al sabio Salomón a que le erigiera un templo frente al de Dios, en el monte del Oprobio, consagrándole luego un bosque en el risueño valle de Hinnón, verdadero emblema del infierno.

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Claves Ocultas del Poder Mundial – José Lesta y Miguel Pedrero – Editorial EDAF – Buenos Aires – 2006