«la masonería debe escalar las cumbres del poder público y llevar desde allí a las leyes del país la libertad de conciencia y de pensamiento, la enseñanza laica y el espíritu de tolerancia como reglas de vida.»

El masón español JoSÉ MARCHESI en 1931, dirigiéndose a los miembros de la Logia Concordia

Los verdaderos inicios de la masonería se pierden en la noche de los tiempos.

Desde hace siglos vienen circulando infinidad de hipótesis en este sentido, algunas claramente opuestas a otras, lo que ha provocado tal galimatías que es difícil separar la realidad de la fantasía.

A pesar de todo, existe una historia conocida de la sociedad secreta que admiten la mayoría de los especialistas.

Esto es, que la masonería procede de la formación, a principios del siglo XI, de sindicatos ilegales de canteros, los cuales trabajaban principalmente en la construcción de catedrales.

Sin embargo, lo anterior no explica muchos de los ritos que perviven en el interior de las logias.

Ritos que proceden de los inicios de la sociedad secreta y cuyo origen se encuentra desperdigado en las más diversas tradiciones «paganas» de nuestro mundo: desde la mitología egipcia a los templarios, pasando por el llamado conocimiento gnóstico.

Por lo tanto, lo mejor será que empecemos por la historia conocida, para llegar desde ahí a los posibles orígenes secretos de la masonería.

La escuadra, el compás y otros elementos típicos de las logias masónicas nos indican que nos encontramos ante una organización en la que la «Construcción» posee una importancia fundamental.

Como ya comentamos, los primeros masones eran una especie de sindicatos ilegales de canteros y maestros constructores.

Su finalidad era la transmisión de conocimientos de los maestros a los neólitos y la protección mutua de los miembros del gremio de la construcción.

Para ello idearon una serie de normas y ritos que diesen forma a la sociedad secreta.

Por lo que se sabe, la organización, ya asentada en buena parte de Europa, comenzó a cambiar de forma notable entre 1550 y 1700.

Los masones dejaron de ser un sindicato ilegal de constructores para transformarse en una organización de caballeros intelectuales interesados por el cestudio de la filosofía, las religiones y el «saber hermético».

La creencia en el Dios del cristianismo dio lugar, en el seno de la organización, a la creencia simple mente en un Ser Supremo, independientemente de religiones, tradiciones o sectas.

En el idioma de la época se decía que, en la sociedad secreta, los masones operativos», es decir, los constructores, fueron reemplazados por los «masones aceptados», quienes nada tenían que ver con el oficio de la construcción.

A estos se los denominó años después con el nombre de «masones especulativos».

En 1717, cuatro organizaciones masónicas de Londres decidieron fundar la Gran Logia, la cual tendría autoridad sobre el resto de las logias de Inglaterra.

Desde entonces, la Gran Logia es conocida entre los masones como la «Logia Madre», de la que derivan el resto de grandes logias del mundo, y a la que deben cierto respeto.

Algunos autores antimasónicos afirman que de la Gran Logia de Inglaterra parten las estrategias y planes de actuación políticos y económicos de la masonería mundial.

Otros autores opinan que, a pesar de cierta obediencia que siempre se debe a la «Logia Madre», las organizaciones masónicas del resto del mundo actúan con un grado de independencia muy alto.


Claves Ocultas del Poder Mundial – José Lesta y Miguel Pedrero – Editorial EDAF – Buenos Aires – 2006

Los Orígenes Secretos

La Mano Oculta tras las Revoluciones