Mientras todo eso ocurre en el bando aliado, en Oriente los musulmanes más radicales llaman a la Yihad, a la Guerra Santa, para aniquilara los infieles cristianos que aremeten contra sus santos lugares.

Como ya hemos visto, Iraq no solo es clave por su petróleo y su posición geoestratégica, sino también por pertenecer a territorios históricos y bíblicos.

Las tierras que rodean los ríos Tigris y Eufrates sufrirán parte del Armagedón, la batalla final, según los cristianos que siguen la Biblia al pie de la letra.

Y si alguien simbolizaba el mal en Iraq, al menos hasta el 13 de diciembre del 2005 en que fue capturado por tropas americanas, ese era Sadam Husein.

Es curioso, pero hasta la invasión de Kuwait por sus tropas iraquíes, Sadam estaba considerado por los analistas y espías occidentales como uno de los líderes árabes menos religiosos.

Su formación occidental y su pragmatismo político lo distanciaban mucho del clásico fundamentalista islámico al que nos tienen acostumbrados últimamente los medios de comunicación.

Husein, líder racional, más parecía un idólatra de la burguesía occidental, tecnificada y materialista, que un musulmán creyente y nacionalista.

La verdad es que antes de la 1ra Guerra del Golfo, sus excelentes relaciones con Mihail Gorbachov, el líder soviético que hizo posible la caída del muro de Berlín y acabó con el comunismo en la URSS, y sus coqueteos con el sisstema militar europeo y norteamericano no podían hacer prever que más tarde apelaría a la espada (es-sayf) y a la Guerra Santa (Yihad), como si del mismísimo profeta Mahoma se tratara, pero así fue.

Los primeros síntomas de su «conversión» a la fe musulmana comenzaron en octubre de 1990, cuando Sadam concedió una larga entrevista a uno de los principales presentadores televisivos de la cadena iraquí CC, Barnard Shaw, y también a su corresponsal en Europa, Richard Blystone.

Durante el transcurso de la misma, Husein reveló su cambio de estrategia, apelando vanas veces a la religiosidad del pueblo árabe (no solo al iraquí) para unir sus fuerzas contra los infieles.

Husein aludió a Alá varias veces, repitiendo insistentemente: «Dios está a nuestro lado».

La audiencia del programa descubrió a un Husein que se distanciaba de la imagen del severo militar pragmático y racional, pareciendo en realidad un iluminado cruzado de Alá que, erigido en vengador del islam, aseguraba: «Creemos que, como estamos en la verdad, y estamos con Dios como Dios está en nosotros, todo resultará a nuestro favor, porque nadie que tenga a Dios de su lado será derrotado.

Como por arte de magia todos los integristas musulmanes comenzaron a prestar mayor atención a las tensiones americano-iraquíes, y otros líderes árabes hicieron peligrosas declaraciones que inquietaron un poco más a los analistas políticos.

El entonces temido Muammar al Gadafi dijo antes de comenzar la I Guerra del Golfo: «Si Iraq es aplastado, una revolución violenta estallará desde el golfo Pérsico hasta el Atlántico, uniendo a las masas árabes contra Occidente, porque en la guerra la venganza no está permitida.

Pero más interesante es la declaración que meses después realizaría Sadam Husein a la prensa internacional.

En ella sorprendía a todo el mundo asegurando que el profeta Mahoma se le había aparecido en sueños y que Dios estaba de su parte para enfrentarse a Occidente.

Según Sadam, Mahoma lo había convertido en el líder espiritual del pueblo islámico para llevar adelante la «madre de todas las batallas».

En ese momento todos los futurólogos del mundo recordaron las abundantes profecías que advierten de una invasión del pueblo árabe a Occidente al final de los tiempos.

Desde Nostradamus al Apocalipsis de San Juan, pasando por el clarividente Edgar Cayce, todos ellos anunciaron una III Guerra Mundial iniciada a Iinales del siglo XX contra el islam.

Finalmente Sadam perdió las dos guerras del golfo y cayó presa de las tropas aliadas cuando se agazapaba escondido en un zulo subterráneo.

Ala parece que no le ayudó en ese momento.

Para entonces miles de vidas se habían perddo tras trece años de hostilidades, y los bíblicos territorios formaban parte del botín de guera de George Bush.

Además, un nuevo líder islámico realmente fanatizado y con aspiraciones de llevar una guerra mundial en todos los frentes contra EE. UU. parecía haber surgido tras el atentado del 11S, eclipsando todo el protagonismo de Husein.

Era Bin Laden.

Muy devoto y extremadamente tímido, nada hacía presagiar el giro ideológico que daría este súbdito saudí educado desde su juventud en los mejores y mas selectos colegios occidentales para ricos.

Mientras sus detractores lo consideran inseguro, sus fieles sostienen que su tardanza en tomar decisiones, como su costumbre de consultar sus decisiones a los demás, es fruto de una gran prudencia y sabiduría.

En 1999, una editorial de Islama-bad (Pakistan) reprodujo su retrato en un calendario, representándolo con una aureola de santo y con la Gran Mezquita de La Meca como fondo.

Actualmente representa el azote fundamentalista contra Occidente, y para muchos, como para Bush, es el mal en persona que debe derrotar en «una larga guerra de años», para cumplir las profecías que se hallan en la Biblia tal y como gritan los más fanáticos cristianos.

Todo comienza cuando Osama Bin Laden deja los reconfortantes ambientes marbellíes de su querido Al-Åndalus para formar parte de la resistencia afgana que lucha contra los ateos soviéticos.

La CIA les ayuda en abundancia.

Pero años después, tras la I Guera del Golfo, cuando ve que los lugares más santos para los musulmanes, como La Meca o Yeddah, son profanados por los infieles occidentales, y el apoyo occidental a Israel en su lucha contra los palestinos amenaza seriamente los intereses religiosos musulmanes, toma una decisión que marcaría su vida.

En 1997, Bin Laden declaraba en una entrevista: «EE. UU. aportaba las armas y los saudís el dinero.

Descubrí que no era suficiente luchar en Afganistán, sino que debíamos hacerlo en todos los frentes, contra la opresión comunista u occidental.

En 1990 rompió violentamente con el rey saudí Fahd, denunció a los gobiernos árabes aliados de EE. UU. como traidores al islam que entregaban la tierra santa a los «cruzados cristianos», y emprendió su propia Yihad.

Tan solo un año antes había fundado Al-Qaeda: una especie de alianza de gupos musulmanes intemacionales que le permitirían lanzar su desafio a todo el planeta.

Todos, el GIA argelino, la ihad egipcia o los musulmanes bosnios, por poner algunos ejemplos, eran los componentes de una organización de variada procedencia a los que unía la misma fe fanática, impregnada de mesianismo hasta la médula, y cuya correa de transmisión era el propio Bin Laden, al que secundaban entonces los ultraortodoxos talibanes que estaban liderados por el mulá Omar, una especie de santón afgano tuerto y analfabeto que era el jefe político en Afganistán.

Así las cosas, y tras ser despojado de su nacionalidad saudí en 1994 e <invitado» a abandonar Sudán ante las presiones norteamericanas, lanza su Guerra Santa contra los EE.UU. desde su base de Afganistán. «No es posible-dice- derribar los muros de opresión y la humillación si no es con una luvia de balas.»

Esto lo convirtió en el protagonista de las profecías que en el Corán anuncian «La Hora» o fin del mundo.

Millones de personas en todo el mundo musulmán creen que él es el privilegiado guerrero santo que será elegido para presenciar el Qiamah, «él último día».

Y aunque parezca algo banal o anecdótico, cada vez que Bin Laden lanzaba sus soflamas incendiarias al mundo islámico a través de la cadena AI Yazira, siempre levantaba las manos y mantenía bien visible su gran reloj negro.

Curiosamente lo mismo hacía Suleiman Abu Gheith, su mano derecha en Al-Qaeda, al que re cientemente lo despojaron de la nacionalidad kuwaití.

El reloj en la muñeca, símbolo que Occidente no comprende, desata temores pero también enciende la esperanza de los más fanáticos en todo el orbe musulmán.

Según sus seguidores, podría representar el «final de los Tiempos».

Bin Laden muestra continuamente en su muñeca «la hora», aludiendo así a un antiguo pasaje profético de el Corán.

En el sura 10 del Corán se lee: «Para cada pueblo incrédulo hay un plazo fijado y cuando lega a su término no puede ser retrasado ni adelantado».

Según el experto en sociedades ocultistas Luis García La Cruz: <Algunos fieles estudiosos de su tradición creen también que cada siglo Alá envia un reformador para limpiar el islam y que, según algunas interpretaciones, un conocido dicho (haddith) atribuido a Mahoma profetizó que el final de la historia llegaría en nuestros días.

Exactamente 1.400 años después del profeta (siglo vu d. de C.)». Quien lea el sura 44 se dará cuenta de porqué muchos fieles lo ven como un signo inequívoco de «La Hora»: «El día en que el cielo arroje una humareda visible, que lanzará sombras sobre todos los hombres».

Otro haddith sostiene que «la señal de la última hora será un fuego que reunirá a la Humanidad del Este hacia el Oeste».

Mucha gente se pregunta si Bin Laden encendió ese fuego el 11 de septiembre: una desgracia que debe envolver al mundo y reunir a todos los hombres de una y otra punta de la Tierra en una guerra total.

Es interesante el hecho de que los siete suras iniciales del libro sagrado musulmán se entienden como una especie de cumplimiento del Apocalipsis de San Juan.

Para ellos, la visión de Ezequiel sobre la invasión de Gog y Magog se está cumpliendo en estos días, cuando han caído Iraq y Afganistán.

Y es que la invasión de Afganistán también tiene una importancia simbólica.

Para muchos expertos y los más importantes esoteristas del siglo xx, como Gurdjieff o René Guénon, la religión musulmana tiene sus orígenes en ese país, y concretamente la famosa Shambhala o reino interno del mundo se encuentra en los intrincados túneles y laberintos subteráneos que, casualmente, Bin Laden y la red terrorista Al-Qaeda han usado como último refugio.

Algunos estudiosos intentaron encontrar el origen de estas leyendas valiéndose de las pistas que dejó el propio Gurdjieff cuando hablaba de los numerosos viajes que realizó por el Asia Central en busca de «la Verdad», Al parecer, este sabio había accedido en torno a 1898 al monasterio secreto de la Hemandad Sarmung, tras un recomido de doce días a caballo, partiendo de Bujara.

Teóricamente allí se hallaban unos conocimientos procedentes de una civilización primigenia.

Incluso los hindúes creían que su sabiduría provenía de un lugar «más allá de las montañas», probablemente al norte de Afganistán.

Y el Shambhala del que hablan los tibetanos, sede del gobiemo espiritual de la humanidad según numerosos ocultistas, habría sido localizado en las proximidades de Balkh, un antiguo asentamiento afgano conocido como «la madre de las ciudades».

Curiosamente, las tradiciones populares de Afganistán aseguran que, tras la conquista musulmana, Balkh fue conocida como Shams-i-Bala (la vela elevada).

Otra tradición afgana que está relacionada con los Sayyeds del Hindu-Kush, descendientes directos de Mahoma, dice que estos habrían conservado la transmisión hereditaria de la fuerza espiritual (Baraka) proveniente del y técnicas secretas de aliestramiento.

Ellas les permitirían haber permanecido durante más de mil años como soberanos y altos consejeros en numerosas culturas orientales y musulmanas.

Y aunque los afganos no fueron covertidos al islam hasta siglos después, Mahoma recibió delegaciones procedentes de ese misterioso país que le impresionaron vivamente.

Decían ser los representantes de una antigua tradición, y Mahoma les otorgó el curioso titulo de «El Tinmón».

Estas leyendas apoyan la creencia de que Afghanistan es el origen de una serie de influencias y enviados que emergen a intervalos regulares en momentos críticos de la historia.

Uno de esos precursores e iniciados bien pudiera haber sido el famoso esolerista René Guénon, que cuarenta años después de convertirse al islam recibió la visita de un misterioso afgano.

Guiado por ese personaje escribió una de sus obras más enigmáticas y conocidas: El rey del mundo, donde desarrolla la idea de que existe un centro oculto donde se habría preservado la tradición primordial de la humanidad.

En obras mucho más recientes como las del especialista Eric Norman se habla de la legendaria existencia de «ciudadelas subterráneas situadas probablemente en Afganistán o bajo el macizo montañoso del Hindu-Kush», Y Robert Dickhoff asegura que «las tribus interiores de Mongolia creen que Agarthi es la creación de una civilización antediluviana, increíblemente antigua y situada en una oquedad de Afganistán, y que está conectada mediante túneles con diferentes partes del mundo».

Las cuevas de Afganistán encierran un trascendente secreto iniciático según todas las tradiciones.

En los momentos en que se escriben estas líneas, Estados Unidos continúa con enormes buldozers y excavadoras en su empeño de horadar los enormes túneles afganos en los que, supuestamente, se encuentran las elites de Al-Qaeda y su escurridizo líder Bin Laden.

Un lider religiosoy guerrero que muchos relacionan también con la leyenda coránica de El Mahdi.

Este sería el enviado divino, el último avatar que están esperando desde hace siglos los musulmanes, una figura que encarna la expectativa mesiánica surgida después de la muerte de Mahoma.

Según sostiene Jean Robin en su libro Las sociedades secretas en la cita del Apocalipsis, El Madhi es una figura fundamental de la tradición musulmana en general.

Algunos fanáticos han intentado identificar este arquetipo con algunos lideres, como el ex presidente egipcio Nasser, creador del panarabismo en los años 50. o Jomeini.

Su culto, según Robin, inspira una devoción fanática.

Aunque originariamente se identificaba a esta figura con la de un jefe guerrero que prepararía el camino del Mesías, la expectativa derivó progresivamente en la aparición de un líder religioso, militar y político que uniria bajo su poder a todos los reinos musulmanes, tomando el nombre de El Madhi (el que es guiado).

Según opina el estudioso Enrique De Vicente: «Después de dicho signo surgiría el Dajal (Anticristo).

Según algunas tradiciones, este sería derotado por Jesús descendido del cielo. pero también hay otras opiniones que atribuyen a Jesús la función de ayudar a El Madhi a dar muerte al Anticristo, y no faltan interpretaciones que los identifican como la misma persona». Lo cierto es que esta figura es la expresión islámica del mito del héroe que se supone muerto y espera escondido o dormido a que llegue el momento de encabezar la guerra que concluirá con el fin de los 1.000 años de hegemonía occidental que profetizó Mahoma (suras 20, 99), inagurando una nueva época de predominio musulmán mundial.

El ayatolá Hubsch, en su libro Profecías del Islam, asegura que el sura 54 identifica la imagen de la Luna con Arabia, «cuya interpretación de el Corán a la medida de sus propios intereses la conducirá al desastre», y del cual la salvará «un reformador divino que le hará repasar sus malas acciones.

Precisamente. es este el arquetipo que podría haber asumido como propio Bin Laden.

Mientras tanto, la coalición de países aliados contra el terrorismo lo busca afanosamente en todo el planeta y en los oscuros y helados valles montañosos afganos, repletos de enigmáticas cuevas aún no exploradas.


Claves Ocultas del Poder Mundial – José Lesta y Miguel Pedrero – Editorial EDAF – Buenos Aires – 2006

Muerte de Osama bin Laden

La muerte de Osama bin Laden se anunció el 2 de mayo de 2011, cuando unidades de élite de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos abatieron a Osama bin Laden (nombre en clave: Gerónimo) en el transcurso de un tiroteo en Abbottabad, Pakistán. El presidente Barack Obama informó públicamente la noche del 2 de mayo que un pequeño equipo de operaciones especiales había dado muerte a Bin Laden.​ El soldado que mató a Bin Laden fue Robert O’Neill, miembro de los Navy Seal.

La misión, cuyo nombre en clave fue «Operación Lanza de Neptuno»,​ fue llevada a cabo por unidades del Grupo de Desarrollo de Guerra Naval Especial de los Estados Unidos (unidad de élite de los SEAL) bajo el Mando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos, en coordinación con operativos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Las autoridades pakistaníes confirmaron que Bin Laden murió en Pakistán en un enfrentamiento con militares estadounidenses.

Según informó la Administración de Obama, el cuerpo de Bin Laden fue arrojado al mar tras comprobar, mediante pruebas de ADN, que efectivamente se trataba del fugitivo. Más tarde generaría polémica la decisión de no hacer públicas las fotografías y muestras de ADN que Estados Unidos decía tener.

La operación en sí tampoco estuvo exenta de polémica. Algunas organizaciones y personas la criticaron.

Vista aérea del escondite de Osama bin Laden en la ciudad pakistaní de Abbottabad hecha por la CIA.

Preparativos
Los servicios secretos de Estados Unidos seguían la pista del kuwaití Abu Ahmmad desde 2007​ cuyo seudónimo había sido revelado por detenidos de la cárcel de Guantánamo como uno de los hombres de confianza de Bin Laden. Tras unos meses de investigación a comienzos de 2011 fue cuando la inteligencia estadounidense consideró seriamente la teoría de que Bin Laden se encontraba en ese país. Desde entonces, el presidente Barack Obama mantuvo cinco reuniones (desde mediados de marzo hasta finales de abril) con miembros del Consejo de Seguridad Nacional para decidir la estrategia y perfilar un plan.

Los dos últimos encuentros tuvieron lugar el 19 y el 28 de abril de 2011. Al día siguiente, el viernes 29, el presidente Obama dio la orden para iniciar la misión, que tenía la finalidad de capturar al líder de Al Qaeda.

Plano del escondite de Osama Bin Laden.

Detalles de la operación
Sobre la 01:00 del 2 de mayo (hora local de Pakistán, 20:00 h. del 1 de mayo UTC), un pequeño grupo de comandos de élite del SEAL estadounidense condujo la operación, en la que, tras un intercambio de fuego, se hizo con el cuerpo del terrorista en la localidad de Abbottabad, al norte del país.

La fuerza de asalto estuvo en tierra menos de 40 minutos y la operación estuvo supervisada en tiempo real por el director de la CIA, Leon Panetta, y otros altos cargos de los servicios de Inteligencia desde una sala de conferencias en la sede de la CIA, en Langley (Virginia) según los responsables de la operación.

Imagen del fallecido Osama bin Laden. La fotografía data de entre 1997 y 1998 cuando fue entrevistado por el periodista Hamid Mir.


En la misma murieron cinco personas, incluido Bin Laden: cuatro hombres y una mujer, se confirmó que esa mujer era su esposa, según fuentes de la administración norteamericana. El diario The Washington Post indicó que durante el ataque se perdió un helicóptero estadounidense debido a un fallo mecánico. «El helicóptero fue destruido por la tripulación», aseguró un oficial estadounidense. El propio Obama aseguró que ningún militar estadounidense falleció ni resultó herido.

Fuentes del Congreso informadas por la Casa Blanca y citadas por los medios estadounidenses indicaron que Bin Laden murió de un disparo en la cabeza, concretamente en el ojo izquierdo, mientras se resistía con armas a su captura. ​Horas después, se informó de que las autoridades estadounidenses no tenían intención de capturar vivo a Bin Laden, según manifestaron a las agencias de prensa miembros de la seguridad nacional de Estados Unidos.​ En un primer momento, fuentes oficiales estadounidenses informaron de que Bin Laden habría utilizado a su esposa como escudo humano en el momento de ser abatido, y por eso ella también habría muerto.


Sin embargo, según informaciones posteriores también facilitadas por la administración estadounidense, Bin Laden no estaba armado al ser abatido ni tampoco usó a una mujer como escudo humano,​ pero sí estaba la mujer que intentó protegerlo; la cual disparó a los comandos estadounidenses y por eso fue herida en una pierna (pero no resultó muerta como se informó al principio).​ Según el artículo 8, 2, b), VI del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, que no ha sido ratificado por Estados Unidos, es un crimen de guerra «causar la muerte o lesiones a un enemigo que haya depuesto las armas o que, al no tener medios para defenderse, se haya rendido a discreción».

El recinto en el que fue localizado Bin Laden se encontraba en un enclave turístico a poco más de una hora en coche de Islamabad. El asalto al complejo, de tres plantas, se realizó con helicópteros. El edificio en cuestión era ocho veces más grande que las casas cercanas; tenía muros de entre 3,6 y 5,5 metros de altura coronados por alambre de espino. La vivienda contaba con muros internos y dos puertas de seguridad que restringían el acceso. Pocas de las ventanas daban para el exterior y la terraza contaba con un muro de 2,1 metros de alto. La propiedad estaba valorada en aproximadamente un millón de dólares pero no disponía de teléfono ni servicio de Internet.

Dentro vivían tres familias, incluido Bin Laden. En la operación antiterrorista, murieron con él un hijo mayor de edad, una mujer no identificada y dos hombres, identificados como un correo de Al Qaeda —uno de los pocos en los que confíaba Bin Laden, el que le mantenía en contacto con el exterior— y su hermano.

Controversias
Las confusas informaciones reveladas pusieron en evidencia importantes contradicciones sobre la versión oficial de la operación; entre esas contradicciones la más relevante es el motivo por el que no se pudo arrestar vivo a Bin Laden si, como afirma la administración estadounidense, esa opción no estaba descartada de antemano, teniendo en cuenta que por su edad y estado de salud, así como el hecho de encontrarse desarmado, los comandos pudieron detenerle y trasladarle al helicóptero. Además, trascendió que en el momento de ser sorprendido, la resistencia de sus guardaespaldas ya había sido vencida, disponiéndose de tiempo suficiente para su evacuación, citando como prueba el hecho de que tuvieron tiempo para llevarse mucho material incautado en la casa. También se citó la contradicción de las primeras informaciones de que Bin Laden había utilizado como escudo humano a la mujer que estaba con él, para después desmentirlo; las últimas informaciones revelaron que la mujer no estaba armada como también se dijo, y que simplemente se arrojó contra los soldados para proteger al terrorista, y por eso fue herida.​ Además Estados Unidos admitió que en la operación no sólo participaron militares de la Navy SEAL sino también miembros de los escuadrones paramilitares de la CIA, aunque sin aclarar su papel en el operativo.

Base en la que fue encontrado Osama bin Laden en la localidad pakistaní de Abbottabad.

También se plantearon dudas sobre si el helicóptero accidentado fue abatido por disparos de los terroristas o si realmente sufrió una avería mecánica que obligó a un aterrizaje de emergencia y su posterior destrucción por los comandos. Otras controversias aluden a la afirmación del gobierno de Pakistán de que, desconocedor de la operación por no haber sido notificado por Estados Unidos de la misma, ordenó un ataque de cazas de su Fuerza Aérea a las fuerzas atacantes sin saber que se trataba de fuerzas estadounidenses; pero que los aviones llegaron tarde. Sin embargo los analistas cuestionan que los aviones de combate pakistaníes no pudieron tardar más de 45 minutos en llegar al emplazamiento de la casa, y además no se explica por qué los pakistaníes no enviaron tropas de tierra desde la cercana Academia Militar de Pakistán (ubicada a sólo 500 metros de la casa escenario de la batalla), lo que pone en tela de juicio la versión de las autoridades de Pakistán.

Por último hay versiones de fuentes de seguridad pakistaníes de que una hija menor de edad de Bin Laden tomada bajo custodia durante el operativo habría dicho que su padre fue ejecutado después de haberse rendido.

En los días posteriores al suceso surgió la información de que aunque Bin Laden no estaba armado, se disponía a coger un fusil AK-47 y una pistola Makarov que estaban en su habitación cuando fue abatido; este hecho justificaría el haberle disparado. También estas informaciones apuntaron a que uno solo de sus hombres, su mensajero de confianza Abu Ahmed al-Kuwaiti, disparó contra los comandos estadounidenses, durante un breve tiempo al comienzo del asalto a la casa. Los otros hombres muertos por los efectivos estadounidenses, incluyendo el hijo de Bin Laden, no estaban armados. De acuerdo a esos reportes el asalto fue «caótico y sangriento», y eso contribuyó a las bajas.

Las últimas informaciones aportadas por fuentes de la administración estadounidense que pudieron ver los videos filmados con las minicámaras instaladas en los cascos de los soldados del comando asaltante; revelan que Bin Laden esquivó los primeros disparos que le efectuaron los soldados cuando se encontraba en el rellano de la escalera que conduce al segundo piso de su mansión. Después de eso, Bin Laden corrió a refugiarse en la habitación de sus esposas y de sus hijas; los militares irrumpieron en el dormitorio, el primer soldado en entrar apartó a un lado a las hijas de Bin Laden, el segundo le disparó al líder terrorista en el pecho y el tercero en entrar lo remató disparándole en la cabeza. Según esta nueva versión, no hubo tiroteo dentro de la edificación donde vivía Bin Laden; donde si hubo resistencia y por lo tanto intercambio de disparos, fue en el edificio contiguo que formaba parte del conjunto residencial propiedad de Bin Laden. En ese edificio anexo fue donde murieron su hijo, sus mensajeros y la mujer de uno de ellos.

Nombre código
Gerónimo EKIA Enemy Killed In Action, Enemigo Muerto En Acción, es la palabra clave que confirmó la muerte de Bin Laden. Geronimo, el nombre en clave del líder de Al Qaeda, era el nombre del último cacique de la tribus apaches del siglo XIX, una de las que luchó contra la conquista del oeste de América del Norte.

Destino del cuerpo de Osama bin Laden
Según fuentes oficiales estadounidenses, Osama bin Laden participó desarmado en la resistencia contra el pequeño grupo de estadounidenses, hasta que éstos finalmente le dieron muerte con un disparo en la cabeza. Los estadounidenses se apoderaron del cuerpo de Bin Laden después del tiroteo, lo llevaron de vuelta a Afganistán en helicóptero y confirmaron su identidad, haciendo comparaciones con las muestras de ADN tomadas del cerebro de una hermana de Bin Laden muerta en Estados Unidos de cáncer.

Su cuerpo, fue trasladado al portaaviones USS Carl Vinson, donde tras celebrarse un funeral según los ritos islámicos, fue sepultado en el mar.​ Un funcionario estadounidense informó que el cadáver fue arrojado al mar a las 2:00 a.m., hora de Washington DC.

Reacciones

En Estados Unidos
Minutos después del anuncio de su muerte, multitudes se reunieron espontáneamente para celebrar la noticia en lugares como la Casa Blanca, Times Square, El Pentágono y la Zona Cero, vitoreando el cántico ¡U-S-A! a modo de celebración.

Reacciones internacionales
Alemania: El ministro alemán de relaciones exteriores, el liberal Guido Westerwelle, se sumó a quienes han felicitado a Estados Unidos por el éxito de la operación. «El hecho de que se haya acabado con las maniobras sangrientas de ese terrorista es una buena noticia para todos los hombres que defienden la paz y la libertad en el mundo», dijo Westerwelle en una primera reacción de Alemania.


Santa Sede: El portavoz de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, indicó que la muerte de Osama Bin Laden «no sea ocasión para un crecimiento ulterior del odio, sino de la paz… Bin Laden ha tenido la gravísima responsabilidad de difundir división y odio entre los pueblos, causando la muerte de innumerables personas y de instrumentalizar las religiones con este fin. Ante la muerte de un hombre, un cristiano no se alegra nunca aunque sí debe reflexionar sobre las responsabilidades de cada uno ante Dios y ante los hombres».


México: El presidente de México, Felipe Calderón; afirmó que la muerte del líder terrorista Osama Bin Laden es «un hecho de gran trascendencia en los esfuerzos para liberar al mundo del flagelo del terrorismo» que amenaza a la paz y la seguridad internacionales.

Perú: El presidente del Perú, Alan García; atribuyó la muerte de Osama bin Laden como el primer «milagro» del entonces Beato Papa Juan Pablo II.


Críticas
La operación no estuvo exenta de críticas. Numerosas organizaciones, entre ellas Amnistía Internacional, denunciaron la ilegalidad de la operación y las implicaciones éticas que ésta acarreaba, como el haber asesinado a Osama bin Laden en vez de haberle capturado con vida aun cuando éste estaba desarmado.

El portavoz de Izquierda Unida en el Congreso de los Diputados de España, Gaspar Llamazares, cargó contra la operación asegurando que se trataba de un acto de «terrorismo de Estado». Llamazares dijo que Estados Unidos había cometido una «ejecución extrajudicial» que quedaba «fuera del Derecho Internacional» y que «el fin no justifica los medios».

El entonces magistrado español Baltasar Garzón dijo que «Su muerte no está justificada desde el punto de vista del Derecho Internacional». Garzón puso como ejemplo los GAL. «Si esto hubiera sucedido en España, se habría abierto procedimiento a quien hubiera dado la orden y exigido responsabilidades», manifestó.

En España algunos han señalado la incoherencia de justificar o aplaudir el asesinato de Osama Bin Laden​ y condenar el GAL.