A LA CASA DE UN SUPER ESPIA CHINO.

A finales de 1988 China asombró a Occidente al detonar una bomba de neutrones cuya radiación es capaz de matar a las tripulaciones de tanques protegidas por el más grueso blindaje.

Ahora, el contraespionaje de Estados Unidos sabe que fueron espías chinos que trabajaban en centros de investigación estadounidenses quienes se robaron los datos necesarios para fabricar esa bomba.

China tambi√©n ha logrado construir una super computadora llamada Galaxia, la cual se asemeja asombrosamente a la computadora estadounidense Gray, que es una de las m√°s avanzadas del mundo. Este parecido no es de extra√Īar: los cient√≠ficos chinos copiaron la Gray empleando tecnolog√≠a robada por esp√≠as infiltrados en laboratorios estadounidenses.

En a√Īos recientes, algunos esp√≠as chinos han sido detenidos y encarcelados, acusados de conspirar para obtener planes de misiles y torpedos estadounidenses.

En diciembre de 1987, Estados Unidos expulsó del país a dos diplomáticos chinos que intentaron comprar documentos de Agencia Nacional de Seguridad.

Los agentes chinos han tratado, una y otra vez, de infiltrarse en tres de los laboratorios científicos más neurálgicos de Estados Unidos: Los Alamos y Sandía en Nuevo México, y Lawrence Livermore en California.

En estas instalaciones se hacen investigaciones avanzadas en el campo de las armas nucleares, los rayos láser y de partículas y las armas defensivas contra misiles balísticos.

Aunque parezca increíble la Oficina de Contabilidad General ha descubierto que, de 1986 a la fecha, más de 100 científicos comunistas chinos han logrado visitar o trabajar en estos laboratorios supersecretos.

La matanza de estudiantes en Pek√≠n, en junio de 1989, aport√≥ m√°s pruebas del espionaje chino. Indignados, algunos chinos residentes en Estados Unidos (estudiantes, diplom√°ticos, cient√≠ficos y empresarios) llamaron a la FBI para dar informes sobre misiones de espionaje que les hab√≠an asignado a ellos y a sus colegas sus revelaciones confirmaron lo que ya sab√≠a la FBI: China est√° llevando a cabo una campa√Īa de espionaje contra Estados Unidos que deja peque√Īa a la de la Uni√≥n Sovi√©tica.

La FBI estima que, en un d√≠a cualquiera, son entre 200 y 300 los chinos adiestrados como ¬ętrabajadores de inteligencia en ultramar ¬Ľ que operan en Estados Unidos.

Se ocultan entre los 2,500 diplomáticos y funcionarios chinos asignados a ese país; entre los 40,000 estudiantes que hay en las universidades estadounidenses; entre el personal de 130 empresas comerciales chinas y las miles de delegaciones chinas que visitan Estados Unidos anualmente (casi 10,000 en 1988).

Además de estos profesionales especializados, China tiene muchos más agentes en Estados Unidos: los espías que, de hecho, roban secretos.

La mayor√≠a de ellos han sido reclutados de entre los chinos que emigraron a Estados Unidos hace muchos a√Īos, o de entre la infinidad de chino norteamericanos que regresan a visitar la tierra de sus antepasados.

Hombre misterioso.

Una gran operación, que condujo a los lugares secretos más vigilados de Estados Unidos, ilustra la habilidad, la sutileza y la paciencia consumadas del espionaje chino.

A finales de 1982, la FBI supo, por medio de un informante de la CIA infiltrado en el Gobierno chino, que un espía Рun ciudadano estadounidense de origen chino Рera empleado del Gobierno de Estados Unidos.

Este fantasma tenía acceso a los más vitales secretos de esa nación, que entregaba en cantidades tales que, a veces los chinos tardaban hasta dos meses en traducir los documentos.

Las pistas eran débiles, y la contrainteligencia estadounidense debía ser sumamente cautelosa para no poner en alerta al espía ni a sus amos.

En eso, la CIA recibió otro dato: el espía había salido de Nueva York, rumbo a China, la primera semana de febrero de 1982, en un vuelo de Pan Am.

Los agentes de la FBI revisaron las listas de pasajeros de Pan Am que habían viajado con destino a Tokio, Hong Kong y Pekín.

Ninguno encajaba en el perfil del espía.

Entonces, cierto agente tuvo una idea: si el hombre hab√≠a salido, seguramente hab√≠a vuelto a entrar. El Servicio de Aduanas de Estados Unidos lleva un registro de las declaraciones de todos los pasajeros que ingresan en el pa√≠s. ¬Ņ Por qu√© no buscar al esp√≠a entre estos ?

Ninguno de los registros dio más indicios, hasta que la FBI tecleó el nombre de LARRY WU-TAI CHIN había sido empleado de la CIA y tenía acceso a datos supersecretos.

La FBI, después de obtener la autorización correspondiente, intervino los teléfonos de la casa y de la oficina de Chin en Alejandría, Virginia.

Joven converso.

La pista que había encontrado la FBI se remontaba hasta 1944, en el sur de China.

Allí, WANG LI, médico y comunista fiel, compartía una habitación con CHIN, traductor de profesión, y ambos eran empleados en una misión militar de Estados Unidos.

Al principio, CHIN pensó que ser empleado de los estadounidenses era un billete de entrada al opulento Occidente, donde sin duda ganaría mucho dinero.

En 1948, el consulado norteamericano en Shanghai contrat√≥ a CHIN como int√©rprete traductor. Luego, WANG le present√≥ a un dirigente del r√©gimen comunista, que se acababa de instalar; esta persona convenci√≥ a CHIN de que ¬ęayudara a China¬Ľ proporcion√°ndole informaci√≥n.

Los estadounidenses pensaban que CHIN era muy valioso, pues hablaba tres dialectos chinos, e inglés.

Cuando el personal de consulado de Shanghai se mudó a Hong Kong, en 1950, los estadounidenses invitaron a CHIN a irse con ellos.

Los comunistas convinieron en hacer contacto con él, allí, de tiempo en tiempo.

En 1951 el Departamento de Estado reclutó a CHIN para que ayudara en los interrogatorios a los prisioneros chinos capturados en la Guerra de Corea.

En 1952, cuando regresó a Hong Kong, CHIN pudo informar qué presos habían colaborado con los estadounidenses.

También pudo identificar a muchos agentes de espionaje que operaban desde el consulado de Estados Unidos en Hong Kong.

Después, CHIN aceptó un puesto en Okinawa, trabajando para el Servicio de Transmisión de Información en el Extranjero (FBIS), división de la CIA que vigilaba las transmisiones radiofónicas y las publicaciones chinas.

Supuestamente, CHIN no debía ver la información secreta.

Sin embargo, para poder desempe√Īar su trabajo, deb√≠a de estar informado de las necesidades del servicio secreto estadounidense.

Estos datos indicarían mucho a los chinos acerca de cuánto sabía Estados Unidos, y también definirían cuáles eran los renglones donde se podía explotar su ignorancia.

Contacto en Canad√°. El contrato de CHIN estipulaba que gozar√≠a de un permiso para ir a su casa en Hong Kong, cada dos a√Īos, a expensas del Gobierno.

Entre 1952 y 1961 entregó ahí, en cuatro ocasiones, sendos informes a emisarios chinos.

Un tal se√Īor Ou ser√≠a el contacto m√°s importante de Chin.

En 1961, los muchos a√Īos de servicio ejemplar le merecieron a CHIN una promoci√≥n: se le destin√≥ a la oficina, lugar donde aumentaron sus conocimientos respecto a las actividades de espionaje estadounidenses con el tiempo, los chinos llegaron a la conclusi√≥n de que el exceso de viajes a Hong Kong podr√≠a despertar sospechas.

Por tanto, establecieron un contacto en Canad√°.

CHIN adquiri√≥ la ciudadan√≠a estadounidense en 1965 y, cinco a√Īos despu√©s, ya se le pod√≠a conceder la autorizaci√≥n para trabajar en asuntos de seguridad nacional, la CIA le ofreci√≥ el puesto de funcionario, con todo los derechos.

Sin embargo, primero lo sometieron a un estudio con detector de mentiras, y sus antecedentes fueron investigados.

CHIN admitió, con astucia, lo que los investigadores ya sabían: que era jugador y mujeriego y que visitaba a familiares en Hong Kong.

Logró autorización para conocer asuntos ultrasecretos, fue admitido al cuartel general de la CIA y adscrito a la oficina del FBIS en Arlington.

Como funcionario de inteligencia para el idioma chino, CHIN leía los informes más secretos de la CIA y de los Departamentos de Estado y Defensa.

Estudió infinidad de mensajes trasmitidos por agregados militares y diplomáticos y, con frecuencia, asistió a reuniones sobre China que celebraban analistas importantes de la CIA y de los Departamentos de Estado y Defensa.

El Director de Operaciones de la CIA, centro del organismo que administra las fuentes en los países enemigos, llegó a depender machismo de CHIN, le pedía que analizara y tradujera informes, o que verificara la traducción de estos, enviados con gran riesgo por espías estadounidenses comisionados en China.

Participó también en un intento, cuando menos, de reclutamiento de personal para CIA, y tradujo las instrucciones para agentes y posibles defectores destacados en China.

Sin duda, los documentos m√°s importantes que le confiaron fueron las Estimaciones Nacionales de Inteligencia, clasificadas como ultrasecretas, respecto a China y al Sudeste Asi√°tico.

Estas estimaciones contenían la mejor información que podía obtener Estados Unidos por medio de espías, intervenciones electrónicas, reconocimientos aéreos y análisis de estudiosos.

CHIN logr√≥, r√°pidamente, ser aceptado por los colegas de Arlington.¬ĽEra uno de los mejores¬Ľ, recuerda Cyril Braegelman, jefe de la Divisi√≥n Asi√°tica del FBIS.

Jugador de póquer. En privado, CHIN jugaba mucho tenía relaciones con muchas mujeres.

Casado dos veces, tuvo violentas peleas con su segunda esposa, quien en cierta ocasión entabló una demanda (y luego se desistió) por maltrato.

En junio de 1970 CHIN vio un documento que emocion√≥ como ning√ļn otro en sus 21 a√Īos de esp√≠a.

El documento contenía la decisión secreta del presidente NIXON de tratar de reanudar relaciones con China.

CHIN colocó el documento bajo su camisa, se dirigió rápidamente a su departamento, y ahí lo fotografió.

A la ma√Īana siguiente, volvi√≥ a poner el documento en su lugar.

CHIN acudi√≥ a un tel√©fono p√ļblico y marc√≥ un n√ļmero en Toronto.

El hombre que contestó la llamada se reunió con él, dos días después, en un centro comercial de aquella ciudad. Ahí, CHIN le entregó la película.

En consecuencia, antes de que el gobierno de NiXON diera los primeros pasos secretos, los chinos ya sabían lo que haría Estados Unidos.

Durante las arduas negociaciones de los a√Īos setenta, CHIN tuvo siempre informados a los chinos.

Los estadounidenses estaban jugando al póquer con alguien que no solo sabía cuáles eran sus cartas, sino que también sabía cómo iban a jugarlas.

No es raro que CHOU EN LAI, el primer ministro chino, dijera que la operaci√≥n de CHIN hab√≠a sido ¬Ľ la mayor en la historia del espionaje¬Ľ.

Es casi seguro que CHIN mantuvo a los chinos, y por medio de ellos a los norvietnamitas, informados durante las negociaciones celebradas en París para poner fin a la Guerra de Vietnam.

Honores en Pekín. En enero de 1981 CHIN se retiró de la CIA con una medalla por servicios distinguidos.

A su contacto chino le dijo que su esposa, que estaba al tanto de sus relaciones con otras mujeres, lo estaba vigilando estrechamente.

A√Īadi√≥ que ella sab√≠a que CHIN ten√≠a 200,000 d√≥lares en efectivo, y que tem√≠a que lo delatara.

Al a√Īo siguiente, los ahorros de CHIN se incrementaron.

En un banquete secreto de despedida, celebrado en Pekín, tres vice-ministros del espionaje chino rindieron homenaje a su mejor espía, y le dieron 50,000 dólares, además del rango de jefe delegado de la oficina de inteligencia china.

Poco después, en abril de 1983, la FBI empezó a vigilar a CHIN.

La CIA averigu√≥ que el ¬ęesp√≠a chino¬Ľ hab√≠a ocupado la habitaci√≥n 533 del hotel Qianmen, en Pek√≠n, en 1982.

El 31 de mayo de 1983, mientras CHIN esperaba su vuelo a Hong Kong en el Aeropuerto Dulles de Washington, agentes de la FBI revisaron el equipaje que había documentado.

Ahí encontraron la llave de la habitación 533.

Chin ten√≠a la intenci√≥n de devolver la llave que hab√≠a tomado del hotel de Pek√≠n hac√≠a m√°s de un a√Īo.

La FBI pensaba que la llave indicaba que CHIN era el hombre buscado, pero eso no justificaba su aprehensión.

M√°s adelante, en el oto√Īo de 1985, la CIA realiz√≥ una haza√Īa espectacular, digna de propio CHIN: el organismo sustrajo del archivo de la oficina central del Ministerio de Seguridad del Estado, en Pek√≠n, una copia del expediente de casos del esp√≠a.

La FBI, ya armada con detalles minuciosos del espionaje de CHIN, estaba preparada para enfrent√°rsele.

Final de juego. El 22 de noviembre de 1985, alas 4:25 de la tarde, tres agentes de la FBI se enfrentaron a CHIN.

MARK JOHNSON, agente especial, le ense√Īo una fotograf√≠a de CHU EN TAO, uno de los oficiales de inteligencia que hab√≠an honrado a Chin en 1982. ¬ę¬Ņ Conoce a este individuo?¬Ľ.

CHIN respondió que no.

JOHNSON empez√≥ a leer sus notas: ¬ęEl 4 de febrero de 1982 usted sali√≥ del aeropuerto JOHN F. KENNEDY. lleg√≥ a Pek√≠n el 6 de febrero y se hosped√≥ en el Hotel Qianmen, en la habitaci√≥n 533. hubo una cena en su honor, y lo nombraron jefe de una diputaci√≥n del Ministerio de Seguridad P√ļblica ¬ę.

– ¬Ņ Bromea usted ? ‚Äď pregunt√≥ CHIN.

РNo; hablo en serio Рcontestó JOHNSON.

– ¬Ņ Conoce a un tal OU KI- MING?

РNo Рmintió el espía.

El 31 de mayo de 1983 usted tomó un avión en el Aeropuerto Dulles, y llegó a Hong Kong el primero de junio.

Se entrevistó con OU KI-MING el 3, el 5 y el 14 de junio, y también el 17 de setiembre .

Usted le dijo que había peleado con su mujer, y que esta había retirado la demanda por maltrato que había entablado en su contra.

¡ Sólo OU podía saber eso ! Рdijo CHIN, asombrado.

En febrero de 1986, durante su juicio, CHIN se declaró culpable de los cargos de espionaje y confirmó la mayor parte de los detalles de la información presentada por la FBI.

Fue encarcelado, y su sentencia quedó pendiente.

El 20 de febrero de 1986, después del desayuno, CHIN pidió una bolsa de plástico a un guarda, diciendo que quería limpiar su celda, pues habría inspección.

Cuando volvió a ella, se cubrió la cabeza con la bolsa, atándosela alrededor del cuello con un cordón de zapatos y, así, se asfixió.

LARRY WU-TAI CHIN fue un superespía toda su vida.

Se sabe que ocasionó que varios agentes estadounidenses fueran encarcelados en China .

Durante diez a√Īos entreg√≥ secretos de la CIA a los chinos y, por ello, la CIA no avanzaba gran cosa en sus operaciones contra China.

Algunos analistas estadounidenses opinan que CHIN fue responsable de miles de muertes, pues prolongó la Guerra de Corea, Dicen que, al identificar a prisioneros chinos anticomunistas en Corea, influyó en que China exigiera, que todos los prisioneros fueran repatriados.

La intransigencia de esta exigencia demor√≥ la firma del tratado m√°s de un a√Īo, en cuyo lapso prosiguieron los combates.

No cabe duda que CHIN contribuyó a que China obtuviera importantes concesiones de Estados Unidos a cambio de reanudar las relaciones diplomáticas.

En el supuesto de que los secretos que reveló hayan contribuido a dar forma a los términos del tratado de paz con Vietnam, seguramente fue CHIN el principal responsable de los millones de muertos que hubo después.

Aunque todavía se desconocen muchas de las consecuencias de la actividad de CHIN, se sabe a ciencia cierta que los Chinos siguen enviando agentes secretos a la sociedad estadounidense.

Estos esp√≠as, si no son detectados, podr√≠an superar alg√ļn d√≠a las haza√Īas de LARRY WU-TAI CHIN.

RICHARD SORGE

En setiembre de 1933 lleg√≥ a Tokio un nuevo elemento del cuerpo de corresponsales extranjeros que, seg√ļn todas las apariencias, parec√≠a ser un buen ciudadano alem√°n.

Uno de sus primeros actos fue presentarse a la Embajada de Alemania.

РSoy Richard SORGE explicó, mostrando credenciales. intachables.

РRepresentaré el Frankjurter Zelitung en calidad de corresponsal.

De elevada estatura, elegante, trigue√Īo y bien parecido SORGE mostraba indicios de llevar en las venas sangre eslava, a juzgar por la inclinaci√≥n de los ojos azules y la prominencia de los p√≥mulos.

Ten√≠a 37 a√Īos.

En el donaire de su porte había un asomo de temeridad, compensado con el aspecto de intelectual que le daban su frente ancha, de pensador y el título universitario que autorizaba llamarlo Herr Doktor.

Aunque había solicitado ingresar en el partido, distaba mucho de ser un nazí apasionado.

Mostraba por el contrario, una mundana urbanidad, muy grata centro de la sosegada atmóferica de la embajada (donde siete meses después del ascenso de Hitler al poder todavía se notaba una perceptible frialdad hacia los fanáticos nacional-socialistas).

Las relaciones periodísticas de SORGE eran importantes.

El Frank Furter Zeitung, su principal representado, hab√≠a sido entre los grandes diarios, uno de los √ļltimos en sucumbir al dominio naz√≠ y todav√≠a se consideraba como el mejor diario del Tercer Reich.

Además SORGE llevaba cartas de otros dos periódicos muy conocidos, una revista financiera de Berlín y un diario holandés, el Algemeen Handeilaplad de Amsterdarm.

El encargado de negocios de la embajada quien lo recibió, quedo bien impresionado.

– Todo parece estar en orden.

РLe dijo desenvolviendo el montón de documentos.

Durante los meses siguientes Richard SORGE trabajó asiduamente, con muy buenos resultados y comenzó a acreditarse como corresponsal de prensa.

Su incipiente carrera en Tokio se amenizaba con un peligro potencial.

Un día conoció en la embajada a un periodista japonés llamado Aricomi Mitsukado, reportero del Jiji Shimpo.

Aritomi se le peg√≥ inmediatamente como una lapa; le ofrec√≠a interminables consejos √ļtiles y se hizo tan asiduo acompa√Īante suyo que casi no permit√≠a que el alem√°n se apartase de su vista.

SORGE consistió en que Aritomi le buscara alojamiento permanente en un hotel y parecía aceptar de buen grado su insistente oferta de amistad, pero ya antes de que el gerente del hotel le adviertese que Aritomi había sido espía del ejército japonés.

SORGE hab√≠a llegado a la conclusi√≥n de que aquel periodista de Tokio trabajaba por cuenta de la Junta Metropolitana de Polic√≠a, que le somet√≠a a la vigilancia de rutina para todos los extranjeros reci√©n llegados al Jap√≥n. Como vigilante, Aritomi era incre√≠blemente torpe y SORGE observaba sus esfuerzos con el ol√≠mpico desprecio que puede sentir un ajedrecista avezado cuando le reta a jugar un ni√Īo de diez a√Īos.

Pués Richard SORGE era desde hacia mucho tiempo espía soviético profesional, un as como apparat de la Sección Cuarta (información Militar) del Ejército Rojo.

Estaba a la sazón emparcado en lo que habría de ser una de las operaciones de espionaje más extraordinarias de todos los tiempos.

LA FORMACION DE UN ESPIA:

Richard SORGE hab√≠a nacido en Rusia cerca de la gran ciudad petrolera de Bak√ļ.

Su madre era rusa; su padre alem√°n ingeniero empleado por la empresa petrolera del C√°ucaso.

Cuando Richard ten√≠a tres a√Īos de edad la familia se traslado a Berl√≠n y a√ļn no se hab√≠a graduado en el Instituto de Segunda ense√Īanza cuando estallo la guerra de 1914, SORGE se alist√≥ en las filas alemanas y fue herido de gravedad tres veces.

Durante los períodos de convalecencia comenzó a pensar en las causas económicas y políticas del conflicto.

Leyó asiduamente escritos de izquierda y salió de la guerra convertido en marxista sincero.

Abandonando sus proyectos iniciales de estudiar medicina, obtuvo su doctorado en ciencias políticas por la Facultad correspondiente de la Universidad de Hamburgo y se inscribió en el partido comunista, al cual le sirvió fielmente como minero de carbón, recaudador de fondos, agitador, profesor y periodista.

En 1924 el Comentario le pidi√≥ su colaboraci√≥n para fundar una Oficina de Informaci√≥n Militar en su sede Mosc√ļ. Demostr√≥ gran aptitud para el trabajo, se di√≥ de baja en el partido comunista de Alemania para afiliarse en el de la Uni√≥n Sovi√©tica y secretamente se hizo ciudadano de la URSS, destinado al Ej√©rcito Rojo, lo enviaron tiempo despu√©s a Snanghai donde dirigi√≥ un valioso apparat de espionaje.

A comienzos de 1933 lo llamaron a Mosc√ļ para encargarle que montara una red de espionaje en el Jap√≥n.

El encargado era un simple ensayo, pues nadie sabía si tal cosa era posible o no; y SORGE parecía el candidato menos apropiado para ello.

Pués indudablemente en aquel país sería muy notoria su condición de extranjero.

Con todo sus amos soviéticos lo consideraron el nombre idóneo para realizar esa obra.

Como disfraz simplemente aprovechar√≠a su aspecto muy alem√°n y a√ļn lo acentuar√≠a.

Iría a Tokio en calidad de periodistas, así tendría entrada en todas partes, conocería a muchas personas, tendría derecho a hacer preguntas.

Podr√≠a desaparecerse durante semanas enteras y aparecer luego en lo m√°s extra√Īos lugares sin llamar siquiera al atenci√≥n. Su oficio le ofrec√≠a la base perfecta para las operaciones de espionaje.

Pero tenía que volver a Alemania para conseguir la debida documentación de la Sociedades Alemana de Asia Oriental de Tokio.

Con energ√≠a infatigable se propuso comprender al Jap√≥n; acumul√≥ una formidable colecci√≥n de obras de historia, econom√≠a, cultura y pol√≠tica japonesa y escrib√≠a despachos que lo se√Īalaron como corresponsal extraordinariamente perspicaz y bien informado.

Nuevamente volvi√≥ a ser cliente consutudinario de los bares y a√ļn entre el alegre c√≠rculo de periodistas se distingui√≥ como bebedor extraordinario.

Atraía hipnóticamente a las mujeres, las conquista la con facilidad y elegancia y las abandonaba igualmente, sin dejar resentimientos.

Mosc√ļ le hab√≠a concedido dos a√Īos para sentar las bases de la futura red de espionaje y durante este tiempo no deb√≠a intentar ninguna operaci√≥n.

Su incipiente aparato comenzó con tres colaboradores.

El primero que se present√≥ era un alem√°n conocido como ¬ęBerhardt¬Ľ encargado de armar y manejar un aparato de telegraf√≠a sin hilos.

Luego llegó un joven Yugoslavo llamado Branko de Voukelitch, que pasaba como fotógrafo de una revista francesa.

El tercero enviado porque SORGE hab√≠a solicitado un japon√©s que hablase perfectamente el ingl√©s, fue Miyagi Yotoko, artista de 30 a√Īos de cabellera desgre√Īada que hab√≠a emigrado a California a los 16 a√Īos de edad y all√≠ se hab√≠a afiliado al partido comunista.

Los contactos se hacían con extraordinaria cautela.

Cuando buscaron a Miyagi en California por ejemplo, le dieron un billete de un d√≥lar para identificarse, le ordenaron ir a Tokio, donde leer√≠a las columnas de anuncios personales del Adverstiser de Jap√≥n en busca de determinada contrase√Īa.

Por fin el 14 de Diciembre la descubri√≥: ¬ęDeseo comprar Ukiyoe¬Ľ (cierto tipo de grabado japon√©s).

Al responder al anuncio se puso en contacto con Voukelitch, mostr√≥ su billete y lo compar√≥ con otro similar que le ense√Īo el Yugoslavo.

Los n√ļmeros de serie eran consecutivos.

Establecida su identidad llevaron a Miyagi a presencia de SORGE para que se conocieran.

Unico contacto personal de SORGE hab√≠a estado en Tokio unos cuatro meses antes de que llegara el primer mensajero de Mosc√ļ: un escardinavo.Conversando en ingl√©s, los dos discurrieron durante algunos minutos por el vest√≠bulo del Hotel Imperial y luego convinieron en encontrarse al d√≠a siguiente en una excursi√≥n de turismo.

Sólo entonces entregó SORGE los datos que había recogido en sus actividades de espionaje.

A cambio de ello recibió un paquete que contenía dinero para cubrir los gastos del aparato durante varios meses. las visitas esporádicas de tales mensajeros era él.

En 1934 el espía dió dos pasos que mejoraron considerablemente las perspectivas de la red de espionaje.

Primero tom√≥ en alquiler una casa de dos pisos, en el n√ļmero 30 Nagasazakimachi de Azabu-ku desvencijada, falto de pintura y con el jard√≠n lleno de maleza, era lugar propicio para un periodista bohemio y descuidado.

Busc√≥ una vieja ama de llaves, le dio instrucciones de ir a viajar cada ma√Īa temprano y salir a eso de las tres de la tarde.

Aquel arreglo le dejaba las tardes y las noches libres para recibir subrepticiamente cualquier visita o emprender otras actividades sociales.

El hecho de que aquellas vivienda quedase a muy corta distancia de la comisar√≠a de polic√≠a Torizaka era excelente para efectos de disfraz ¬ŅQu√© espia iba a establecerse deliberadamente a la sombra de una comisar√≠a de polic√≠a?.

Por iniciativa propia SORGE engancho a un segundo japonés para la red.

Era Ozaki Rotsumi rechoncho y bonachón periodista con quién había trabajado en Shanghai.

SORGE lo conocía como hombre cauteloso y sagaz, amen de comunista consagrado, aunque no vinculado oficialmente al partido, Ozaki iba a convertirse en uno de los auxiliares más valiosos del apparat.

En mayo de 1935 llamaron a SORGE a Mosc√ļ. Viaj√≥ por la v√≠a de Nueva York, donde un agente comunista le proporcion√≥ un pasaporte falso con el objeto de que en su documento leg√≠timo no constase que hab√≠a ido a Rusia.

Actuando como su propio correo llevo consigo un gran volumen de material, contraviniendo así las instrucciones expresas que le prohibían incurrir en tales riesgos.

El general Semion Petrovich Oritekii, perspectivas jefe de las sección Cuarta lo recibió cordialmente y en las consultas que siguieron, se mostró optimista respecto al porvenir del apparat de Tokio, se había llevado a cabo ya la fase inicial.

En adelante SORGE se concretar√≠a a dos conclusiones: ¬ŅTiene el Japon intenciones de atacar a la Uni√≥n Sovi√©tica, si es as√≠ hasta que punto est√° equipado para llevar adelante la guerra? fuera de esto, tendr√≠a carta blanca para seleccionar los problemas en los cuales habr√° de trabajar, a medida que vaya viendo c√≥mo se desarrolla la situaci√≥n.

APARICION DE MAX CLAUSEN:Lo que necesitaba urgentemente la camarilla de SORGE era un nuevo radiofomista, Bernohardt había resultado muy poco eficiente.

Aterrado sin duda, por el riesgo que corría, había tardado meses en instalar el emisor y luego trasmitía la menor cantidad posible de mensajes, cada transmisión lo sobrecogía de miedo, y por la gran tensión nerviosa en que vivía, comenzó a beber en exceso, exasperado, SORGE dedició al fin relevarlo del cargo y lo embarco con destino a la Unión Soviética.

Como sustituto pidió que le enviarán a Max Clausen, joven mecánico alemán, grandote, belludo y desaprensivo, que había sido radiofonista suyo en shangnai.

Mosc√ļ otorg√≥ su consentimiento, pese a que Clausen habia dado que pensar como agente.

En Shanghai hab√≠a trabado relaciones con una viuda joven filandesa, muy guapa y aplaz√≥ el matrimonio √ļnicamente porque la tramitaci√≥n oficial requerida podr√≠a originar complicaciones compremetedoras. Ana no era comunista, y los patrones sovi√©ticos de Max no aprobaban enlaces, leg√≠timos o ilegalmente, con extra√Īos del partido.

En agosto de 1933 hab√≠a ordenado a Max Clausen que fuese a Mosc√ļ, para disimular, deb√≠a viajar por Asia en compa√Ī√≠a de una Se√Īora que el partido designar√≠a entre sus agente de confianza, pero Max se neg√≥, sab√≠a que Ana era muy celosa y no le tolerar√≠a que fuese de viaje tan lejos con otra mujer. Desafiando al Kreml√≠n, anuncio que har√≠a el recorrido acompa√Īado por su novia, Ana Wallenius.

Max gan√≥ la partida pero tuvo que pagar el precio de un per√≠odo de semi-destierro en la estaci√≥n de tractores a motor de la Rep√ļblica del Volga donde conquist√≥ reputaci√≥n de su pericia en el manejo de radiotramisores y otras m√°quinas.

Al pedirlo SORGE para el Jap√≥n se consideraron tan valiosa sus habilidades especiales que Mosc√ļ haciendo excepci√≥n a su costumbre convino en pasar por alto sus actos de indisciplina.

A fines de noviembre de 1935. Clausen lleg√≥ a Tokio, era simplemente un t√©cnico, sin embargo la red no comenz√≥ a funcionar realmente hasta que sus h√°biles y voluminosos conocimientos abrieron las comunicaciones en Mosc√ļ.

A TODA MAQUINA:

La Primera prueba importante del apparat se produjo a principios de 1936, cuando Tokio fue presa de una rebeli√≥n extra√Īa y aparentemente inestable.

El 26 de Febrero unos 1400 soldados, dirigidos por oficiales de baja graduación, atacaron y tomaron varias edificaciones gubernamentales, mientras que patrullas de asesinos armados con metralletas buscaban a ciertos funcionarios en sus casas.

Fueron muertos dos ministros del gabinete,, mientras que el Primer Ministro, Aalmirante Okada Keisuke escap√≥ porque los crimilanes mataron exclusivamente a su cu√Īado en vez de matarlo a √©l.

Los oficiales disidentes emitieron entonces un largo y apasionado manifiesto, incomprensible para los extranjeros.

Había ocurrido los más desconcertantes sucesos y SORGE pidió inmediatamente a sus colaboradores de espionaje que le ayudasen a esclarecerlos.

Por entonces la red funcionaba a toda máquina. Voukelicth no era ya un simple fotografo, sino también corresponsal de la Havas, agencia oficinal francesa de noticias y ese contacto le abría muchas puertas.

El joven artista Miyagi, que de espionaje no sabía nada cuando lo llamaron de California, habria demostrado desde entonces habilidades insospechadas como agente secreto.

Se especializaba en cuestiones militares tales como fuerzas, armamentos, moral y movimientos de las unidades del ejército japonés y la sazón estaba en vias de formar una red secundaria propia.

Osaki se había procurado un cargo, de notable valor estratégico, en un programa de investigación patrocinado por el diario Asana Shimbun, conocida por Toa Mondal Chosa Kai (Sociedad para el estudio de los problemas que Asia Oriental), servía como centro de difusión de ideas tocantes a varios aspectos de las relaciones del japón con China y Manchuria y entre sus socios se contaban especialistas en economía del continente, analistas políticos, representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ejército y la Armada, delegados del Estado mayor general y otros varios representantes del gobierno, industria y la intelectualidad del Japón.

Si tal organismo hubiese sido planeado por SORGE, no le habr√≠a podido ser m√°s √ļtil.

Mientras los tres investigaban el ¬ęIncidente¬Ľ de 26 de Febrero desde su propio punto de vista, SORGE la averiguaba a trav√©s de la embajada alemana.

Es muy importante esclarecer las causas de la crisis.

Repetía e insinuaba él con el embajador Herbert Von Dirksen, el agregado naval, capitán Paul Wenneker y el agregado militar, teniente coronel Eugen Oct. debían investigar cada cual por su cuenta y reunir los resultados de sus descubrimientos.

Su prestigio en la Embajada era tal que fue aceptada la propuesta y en particular obtuvo del agregado militar, coronel Ott (con qui√©n hab√≠a trabado una extra√Īable e intima amistad), informaciones valios√≠sima acerca de los militares japoneses, incluso ¬ęvarias clases de folletos, volantes y panfletos escandalosos¬Ľ.

Estos y otros documentos recogidos por la embajada ten√≠an tal importancia que SORGE cerr√≥ la puerta de la oficina que le hab√≠an cedido y con una c√°mara fotogr√°fica min√ļscula, los retrato p√°gina por p√°gina para despu√©s remitirlos a Mosc√ļ.

El analisis que hizo Miyagi resulto notablemente exacto.

El alzamiento, le dijo a SORGE, era prematuro, estaba mal organizado y pésimamente armado y terminaría pronto.

Efectivamente a los cuatro días las tropas leales dominaban la situación.

En un informe posterior Miyagi se√Īalaba que la polit√≠ca japonesa hac√≠a la Uni√≥n Sovi√©tica que para SORGE era el quid del problema depender√≠a de cual facci√≥n saliera vencedora del incidente.

Como aquel que dominase al Ejército dominaba al Japón, la camarilla que estuviese en el poder dictaría la política exterior, Miyagi calculaba que los moderados, capitaniados por lo general Ogaki Kazusaige (cuyo secretario era viejo amigo suyo) seguirían en el mando y que en ese caso la unión Soviética no estaría amenazada en plazo inmediato por el Japón.

SORGE tomó todos los informes y apreciaciones recibidos de Ozaki y Miyagi y los incorporó en una extensa memoria que presentó a la embajada alemana.

Ott que lo estimaba en alto grado trasmitió generosamente una copia a uno de sus superiores en Berlín y éste inmensamente complacido solicitó más informes de tan alta calidad.

El documento no solo puso por las nubes las acciones de SORGE con Dirksen y Ott, sinó que le proporcinó un magnífico pretexto para emplear los recursos de la embajada en sus futuras investigaciones.

Además sus bien documentados artículos sobre la rebelión aumentaron su prestigio ante sus colegas periódistas y ante toda la colonia alemana.

SORGE salió extraordinariamente quién en la primera prueba verdadera de su eficacia como espía soviético en Tokio.

Demostró excepcional habilidad para asimilar y depurar las informaciones para reconocer el momento oportuno y aprovecharlo, para poner discordia entre sus rivales a fin de sacar ventaja.

El extenso informe enviado a sus superiores (con un mensajero, pues el emisor de Clausen a√ļn no habia sido probado) les demostr√≥ que no se hab√≠an equivocado al elegirlo.

Desde ese momento en adelante la red de espionaje de SORGE cobr√≥ en sus operaciones un √≠mpetu que habr√≠a de mantener durante los cinco a√Īos siguientes.

MUJERES EN EL ¬ęAPPARAT¬Ľ:

Durante algunos meses después de que Clausen marchó a Tokio, Ana Walleniuns se quedó en Rusia, al parecer como rehén de la sección cuarta.

No le permitieron que se reuniera con su prometido hasta que este logro establecer buenas comunicaciones radiof√≥nicas, demostrando as√≠ que a√ļn se hallaba firmemente atrapado en las garras de Mosc√ļ.

Al fin pudo ella reunirse con Max en Snangnar, donde se casaron.

Como lugar para nacer las emisiones, Max exigía una casa de madera de dos pisos situada en alguna vencidad densamente poblada; de madera, porque el metal interfería en la onda; de dos pisos, porque la mayor altura le ayudaba en la transmisión; en un sector populoso, porque dificultaría a la policía la labor de buscar por todas las viviendas cada vez que sus primitivos detectores de onda indicasen aproximadamente el sector.

Como medida de seguridad, se hac√≠an todas las emisiomnes en ingl√©s: si usaran el idioma ruso y los japoneses descubrieran la clave, podr√≠an comprometer a Mosc√ļ; si usasen el alem√°n, peligrar√≠a la posici√≥n de SORGE en la embajada.

El negocio que fundó Max para disimular sus actividades (un taller de fotocopia), obtuvo buenos resultados económicos desde un principio, lo cual debió de satisfacer grandemente a Ana, capitalista de corazón.

Cuando Max trasmit√≠a a Rusia desde su casa, ella le ayudaba asom√°ndose a un ventana del segundo piso para advertirle de cualquier persona extra√Īa que se aproximase a la casa.

Pero aquel servicio a la URSS no alteraba en nada las opiniones que solía expresar sin reservas acerca de la Unión Soviética.

– El comunismo no es bueno. Le dijo a Edith, ex esposa de Branko Voukelitch.

– La vida en Rusia es espantosa.

Quizá fue la franqueza con que Ana expresaba su sentir antisoviético lo que decidió a SORGE a usarla como correo o tal vez quizo complicarla en las actividades de la red para lograr su silencio.

El hecho es que la enviaron a Shanghai con 30 rollos de microfilms y regres√≥ a Tokio envuelta en una capa de pieles, como recompensa de Max por haber cumplido su peligrosa misi√≥n, SORGE nunca us√≥ a su amante como correo ni con ning√ļn otro prop√≥sito de espionaje ISHII HANAKO era una hermosa japonesita empleada como camarera en el bar Rheingold de propietarios alemanes que SORGE frecuentaba.

Una tarde de 1935 dió la casualidad de que Hanako sirvió a la mesa de SORGE este se interesó por ella comenzó a invitarla y establecieron unas relaciones a las cuales el fue tan fiel como lo permitió su naturaleza.

SORGE fue generoso con Hanako al saber que se interesaba por la m√ļsica le compr√≥ un piano alem√°n, le pago lecciones de canto y piano y hasta alquil√≥ una casa para ella, al enterarse de que el apartamento que habitaba era muy peque√Īo para que cubriera el piano, sin embargo trato cuidadosamente de impedir que ella se enterase de sus verdaderas actividades.

– Est√° reputado como hombre muy brillante.

Dijo la vieja ama de llaves a Hanako cuando se encontraron a solas las dos.

РSé también que trabajo mucho.

Ama-san, cómo llamaba SORGE a su fiel criada arrugó la frente con perplejidad y prosiguió explicando.

РEs algo distinto de los hombres que tienen esposa, no obstante ha cambiado desde que te conoció, y dedico a la joven una sonrisa de aprobación maternal.

Hanako dirigió la mirada al escritorio de SORGE como de costumbre parecía un nido de urraca.

El Se√Īor siempre tiene el escritorio desordenado siempre respondi√≥ Ama-San resignada, con un tr√≥cito de papel que se le pierda, pone el grito en el cielo, como no se leer idiomas extranjeros, una vez tire un papel que cre√≠ in√ļtil y !has de ver el lio que se arm√≥!.

Desde entonces, por muy desordenado que lo encuentre le dejo el escritorio tal como est√°.

!CLAUSEN, CLAUSEN, CLAUSEN!:

Japón vivía entonces la manía del espionaje como una especie de sicosis colectiva; se decretaban días de antiespionaje y semanas de antiespionaje se inventaban lemas, se imprimían carteles y se hacía exhibiciones con el mismo fin en las vitrina de las tiendas.

El espía que pintaban siempre era un hombre de raza blanca, por lo cual para SORGE, CLAUSEN y VOUKELICTH cualquier error podría equivaler al suicidio. Y a pesar de todo eso, incurrieron en descuidos.

Una tarde llegó Clausen a casa de Woukelitch para hacer una emisión de radio; comenzó a palparse desesperadamente todos los bolsillos y al fin comprendió horrorizado, que debio de olvidar la billetera en un taxi.

Adem√°s de unos 230 yenes, llevaba all√≠ su licencia de conducir, con su retrato y sus huellas digitales, am√©n de varios partes que iban a trasmitir a la Uni√≥n Sovi√©tica, entre ellos un informe de gastos de las operaciones de la red, escrito en ingl√©s de pu√Īo y letra de Richard SORGE.

Al día siguiente Max llamó por teléfono a la sección de la policía para objetos perdidos con la esperanza de que hubiese devuelto alguién, sin reparar en su sospechoso contenido. pero nadie había llevado la cartera allí.

Clausen y Voukelitch no se atrevieron a decirselo a SORGE y pasaron los días siguientes teniendo miedo.

Tan sólo se sintieron aliviados cuando transcurrido cierto tiempo comprendieron que quién hubiese hallado la cartera se contentó con los 230 yenes y tiró los papeles.

Pero fue el mismo SORGE quién más imprudentemente invitó al desastre.

Le deleitaba la velocidad, le atraía el peligro y se complacía en desafiarlo.

Poco después de la inauguración de una agencia de motocicletas alemanas en Tokio, SORGE, como era inevitable, compró una potente Zuncapp negra.

Montar en ella era el √ļnico deporte que se permit√≠a.

Su novia japonesa lo acompa√Īaba en muchos paseos, aferr√°ndosele nerviosa a su cintura mientras atravezaban vertiginosamente las calles de Tokio o iban dando reportes por los estrechos caminos de la campi√Īa.

A eso de medianoche del viernes 13 de mayo de 1938, despu√©s de una velada en que se hab√≠a empinado el codo m√°s de la cuenta, SORGE sali√≥ haciendo ¬ęeses¬Ľ del Hotel Imperial, mont√≥ en su Zundapp y emprendi√≥ la estrepitosa carrera hacia su casa.

De pronto apareció frente a él un muro.

Sintió como un estallido espantoso y un repentino e intenso dolor dentro de la cabeza.

Inutilizado por el choque traum√°tico, quedo tendido en al calle hasta que un transe√ļnte lo descubri√≥ y llamo una ambulancia.

Alg√ļn tiempo despu√©s se encontr√≥ en el hospital de San Lucas donde sol√≠an llevar a los extranjeros.

Por verdadero milagro no tenía heridas graves en el cuerpo; en cambio había sufrido todo el efecto del choque en la cabeza.

Uno de los manubrios se les había enterrado en la boca, destrozándole varios dientes y descajándole virtualmente por dentro la mandibula.

Sin embargo cuando los enfermeros intentaron llevarlo en camilla hacia el quirófanio de la sala de urgencia, SORGE se resistió firmemente.

– !Clausen! !Clausen! !Clausen!

РGritaba, mientras se debatía con toda la fuerza de su voluntad para no perder el conocimiento.

No se atrevía a aceptar el alivio de la anestesia mientras no pudiese desembarazarse de algunos documentos sumamente compremetedores.

Llevaba varios informes escritos en ingl√©s, listos para radiarlos a Rusia y una suma en billetes de banco norteam√©ricano. Naturalmente, no pod√≠a consentir que alg√ļn m√©dico, enfermero o enfermera le encontrara aquellos papeles acusadores.

As√≠ que SORGE recurri√≥ a la √ļltima gota de su ferrea voluntad para ahuyentar los puntos negros que le danzanban en los ojos.

Alguién telefoneó a Max Clausen, quién por fin se presentó en el hospital de San Lucas.

Al verlo, SORGE orden√≥ inperosamente a los m√©dicos y enfermeras que salieran de la habitaci√≥n e hizo se√Īas a Max para que se acercase a su cama.

РVacíame los bolsillos. Рle dijo penosamente a travéz de los labios tumefactos.

Max tomó al instante los informes escritos en inglés y el dinero.

SORGE dio en seguida un profundo suspiro de alivio, cerró los ojos y perdió el conocimiento.

Durante las semanas de convalecencia que siguieron, HANAKO solía visitarlo fielmente todos los días.

Tal vez la preocupación de la muchaha hizo desistír a SORGE de comprarse otra motocicleta.

Ella no se cansaba de decirle llorosa:

  • !Abunai des! ! Abunai des! (!es peligro! !es peligro!), √≥ quiz√° SORGE mismo penso en el riesgo que con su accidente hab√≠a corrido la seguridad de sus operaciones.

Fuera como fuese, al reponerse compr√≥ un autom√≥vil peque√Īo, color crema, que lo llevaba a todas partes segura aunque sosegadamente.

GOLPE DE CONTRAESPIONAJE:

El prestigio de SORGE en la embajada alemana era ya extraordinario (circunstancia que debía en gran parte a Ozaki).

Cuando japón invadió por primera vez a China en 1937, el periodista japonés había escrito un artículo en que vaticinaba una guerra larga.

Tal punto de vista no era popular en el Japón, donde se creía que China sería una presa fácil, pero al prolongarse mes tras mes el conflicto armado, se iba viendo cada vez con más claridad que Osaki tenía razón y su prestigio aumentaba en la misma medida.

SORGE opinaba lo mismo que Osaki, con respecto al ¬ęincidente de China¬Ľ, y en la embajada alemana se hab√≠a hecho eco de los pron√≥sticos del japon√©s acerca de la duraci√≥n de la guerra.

Por consiguiente su fama, ya muy buena, ganó más puntos y hasta lo invitaron a dar un conferencia al personal de la embajada acerca de la situación en China.

Pero también la buena estrella era un factor importante.

A principios de 1938 se le presentó a SORGE una brillante oportunidad.

Su amigo Eugen Ott, que ya era Mayor General, fue nombrado embajador para reemplazar a Dirksen, quién se retiraba por motivos de salud, SORGE y OTT habia hecho desde un principio amistad intíma, ambos habían sido heridos en el frente occidental y los dos eran aficcionados al ajedrez.

Con el permiso de Mosc√ļ, SORGE hab√≠a informado a OTT que todas las averiguaciones de Ozaki y Miyagi que el estimaba prudente comunicarle y le hab√≠a proporcionado al Mayor General un conocimiento del Jap√≥n que Ott no hubiera conseguido por las v√≠a diplom√°ticas y militares corrientes.

Los conocimientos así obtenidos por OTT sobre asuntos japoneses habían influido, indudablemente, para que lo nombraran embajador (raro honor, pues el ascenso de un agregado militar al puesto diplomático principal era extraordinario).

Como embajador OTT depend√≠a a√ļn m√°s que antes se SORGE, y los agregados militar y naval consultaban con el sus problemas sol√≠an llevarle los borradores de telegramas e informes importantes para que les hiciese observaciones.

– ¬ŅQu√© piensa de esto?

– Le preguntaban como √°vidos alumnos.

– Si esto necesita alg√ļn cambio ¬Ņcomo cree usted que se debe hacer?

El embajador OTT había delegado, inclusive a emplear a SORGE como emisario alemán, enviándolo a Manila, a Cantón y a Hong Kong con rango diplomático para que no tuviese que pasar por las revisiones aduanales ni policiacas.

Cuando SORGE se hallaba a√ļn en el hospital, tras su accidente de motocicleta, ocurri√≥ algo que hizo m√°s valiosa para Rusia la buena posici√≥n de un esp√≠a en la embajada alemana y fu√© la detecci√≥n del general ruso de tercer grado G.S. Lyushkov qui√©n abandon√≥ su puesto cerca de la frontera de Manachukuo y cay√≥ en manos del ej√©rcito japon√©s de Juantung.

Encantados con tan distinguida, cuanto inesperada presa, los japoneses lo condujeron inmediatamente a Tokio para interrogarlo.

Sus declaraciones fueron tan copiosas y reveladoras que la embajada alemana, a la cual mantenía informada, el alto mando japonés propuso que Berlin enviase una misión especial para interrogar a Lyuskoy sobre asuntos que podían afectar a los intereses alemanes.

– ¬ŅDesean ver el informe de esa misi√≥n? – pregunt√≥ SORGE a sus jefes sovi√©ticos.

La respuesta fue categórica: la red debía hacer un esfuerzo máximo para obtenerlo.

Va a ser muy dif√≠cil conseguir todos los datos; explicaba SORGE a Mosc√ļ exagerando como era habitual en √©l, las dificultades de su oficio.

En efecto, fue sumamente sencillo.

Al llegar la misión especial con un informe de varios centenares de páginas, la embajada obtuvo una copia e inmediatamente mostraron a SORGE.

Revelaba la existencia de un elemento de oposición en Sibería.

El esp√≠a hall√≥ sorprendentemente detalladas¬Ľ, las informaciones referentes al Ej√©rcito Rojo de Siber√≠a.

Se asentaba por ejemplo que había aproximadamente 25 divisiones en Siberia y Mongolia y se describía su situación, constitución, y efectivos.

SORGE estimó que la mitad del informe por lo menos, merecía fotográfiarse para transmitirlo a la Sección Cuarta.

Hizo un buen servicio a la Uni√≥n Sovi√©tica se√Īal√°ndole inmediatamente lo que el enemigo en potencia hab√≠a podido aprender.

Sobre todo presentó un informe de inestimable valor al advertir que Lyushkov habia revelado la clave militar, pues sus amos soviéticos pudieron cambiar oportunamente la cifra y tapar así un peligro y escape de su depósito de espionaje militar en Extremo Oriente.

BAJO VIGILANCIA:

Cuando el principe Konove Fuminaria ocupó el cargo de Primer Ministro a mediados de 1937, la camarilla de SORGE estuvo de plácemes.

Miyagi era amigo íntimo del secretario del general Ugaki Kazushige, ministro de RREE en el gabinete de Konoye.

Y el nuevo ministerio di√≥ empleo como consejero en asuntos chicos a Ozaki, qui√©n al mismo tiempo se asoci√≥ al famoso Grupo del Desayuno (el Asameshi Kai) o reuni√≥n de personas distinguidas que formaban una especie de ¬ęgrupo asesor extraoficial¬Ľ del jefe de gobierno.

Solían reunirse a la hora del desayuno dos veces al mes para tratar asuntos importantes y naturalmente eran una valiosa fuente de informaciones para Ozaki.

Tales contactos permitieron a SORGE enviar a Mosc√ļ calculos de la producci√≥n agr√≠cola, el alimento disponible de la pesca obtenida, el potencial de sus industrias b√©licas y muchos otros datos, adem√°s de predicciones, basadas en informes concretos, de las intenciones pol√≠ticas.

Gracias a eso, Mosc√ļ fue una de las capitales mejor informadas en cuanto se referia a asuntos de Extremo Oriente.

A los 18 meses de estar en el poder, cayó el gabinete de Konoye, pero Ozaki quedó en el Asameshi Kai y pocos meses después obtuvo un empleo en la sección de investigaciones del Ferrocarril Meridional de Manchuria.

Tal puesto era más estratégico que él de asesor del gabinete, pues en el ferrocarríl mantenía las más estrechas relaciones posibles con el ejército de Kuantung. además sus funciones en la Sección de Investigaciones le daban acceso a informes de política interior y exterior, economía, movimientos del ejército de Kuantung y en general que la organización militar japonesa.

Se puede decir, en verdad, que Ozaki gozaba de una butaca de primera fila para observar cualquier paso importante que japón pensará dar contra Rusia.

En setiembre de 1939, cuando Hitler sumió a Europa en la guerra atacando a Polonia, en ambiente de la embajada alemana se tornó visiblemente más estricto.

Durante varios meses el embajador OTT había estado tratando de lograr que SORGE ingresará oficialmente en el cuerpo diplomático.

SORGE se les había arreglado para negarse sin ofenderlo, pero el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán ya estaba apoyando al embajador y ofrecía a SORGE el puesto de Agregado de prensa.

Era asunto delicado, pues un puesto oficial, con horas fijas de trabajo, estorbaría seriamente sus actividades de espía y además requeriría una minuciosa investigación de sus antecedentes que podría resultar desastrosa.

SORGE rechazó la propuesta, lo cual enfureció a OTT.

Para calmar a su amigo y no perder tan valioso contacto.

SORGE ideó una formula de transacción.

A√ļn resist√≠a a ser empleado oficial, pero firm√≥ un compromiso formal ¬ęde desempe√Īar continuamente funciones de colaborador privado del embajador OTT¬Ľ y adem√°s de ¬ęseguir proporcionando diversos informes a la embajada¬Ľ.

En Octubre de 1939 día Tokio (policía secreta japonesa) comenzó a investigar discretamente a SORGE.

No tenía ninguna sospecha concreta de él, pero si tres razones poderosas para vigilarlos, era extranjero, periodista y frecuentaba la embajada alemana.

Los extranjeros en general eran contaminadores intelectuales de ideas antijaponesas y posibles corruptores de la juventud.

Los period√≠stas andaban metiendo las narices en asuntos que no les incumb√≠a ¬ŅY qui√©n sabe que conjuraciones se fraguan tras las puertas de las embajadas?.

El agente destinado a vigilar a SORGE fue saito Harutsugu, de 28 a√Īos de edad, joven bien parecido, bien presentado e inteligente, que se sent√≠a muy orgulloso con su categor√≠a de esp√≠a de Tokio.

Ambicioso y sereno salto no se precipitó en la tarea de acechar a SORGE.

Lenta y cautelosamente fue anotando las costumbres y la rutina de su hombre.

A veces comenzaba la vigilancia desde que SORGE salía de su casa; en otras ocasiones lo esperaba en uno de los bares que solía frecuentar teniendo buen cuidado siempre de no dejarse ver por SORGE.

Así con mucha cautela y nunca durante más de una o dos horas cada vez.

Saito espiaba al espía.

DESENCANTO DE UN AGENTE SECRETO:

¬ęEntre las formaciones del Ej√©rcito Japon√©s¬Ľ, preguntaba Mosc√ļ por radio en 3 de Marzo de 1940.

¬ęExist√≠a realmente las divisiones 107, 109, 110, 114 y 106.

Si es asi, investigue y diga en qu√© lugares est√°n acantonadas¬Ľ.

¬ęEs indispensable que obtengamos detalles de la f√°bricas de aviones exig√≠an el 02 de mayo¬Ľ.

¬ęTambi√©n necesitamos un c√°lculo de la producci√≥n de ca√Īones en 1939 y conocer las medidas que se est√°n tomando para incrementarla¬Ľ.

Tales solicitudes llegaban frecuentemente de Mosc√ļ y la trasmisi√≥n de la respuesta de SORGE, manten√≠a muy ocupado a Clausen.

Durante 1939 había transmitido 50 veces; casi una vez por semana.

Algunas emisiones duraban uno, dos y tres horas y como cada mensaje requería previamente un laborioso cifrado, Clausen vivía sometido a una enorme tensión nerviosa, sobresaltado siempre por el temor de ser descubierto.

Lo dominaba el pánico mientras se sentaba a la mesa de cifrar o ante el aparato emisor: temblaba cada vez que tocaban la puerta o sonaba el teléfono.

Una semana de tensión como aquella hubiese sido suficiente para volver loco a cualquiera.

Sin embargo Max la hab√≠a resistido durante casi 04 a√Īos, pero en la primavera de 1940, sufri√≥ un ataque cardiaco tan grave que el m√©dico le orden√≥ guardar cama durante 04 meses.

Podía abandonar el negocio de las fotocopias durante unos pocos meses, pues marchaba bien en manos de sus competentes empleados, pero SORGE le advirtió claramente que debía seguir manejando el emisor de radio, Clausen improvisó una mesa inclinada para la cama, aparentemente para leer acostado, pero en realidad para cifrar y descifrar despachos; y siguió transmitiendo y recibiendo como de costumbre.

Después que Max llevaba en cama 02 meses.

SORGE accedi√≥ a enviar a Mosc√ļ un mensaje radiado: ¬ęClausen ha sufrido un infarto cardiaco, Maneja el inalambrico acostado¬Ľ.

Dos días después Max captó el siguiente mensaje:

¬ęDicen que el Ej√©rcito japones procede a la movilizaci√≥n general de rerservas. Averigue e informemos cual es el prop√≥sito¬Ľ.

El rumor es falso.

No había tal movilización general.

Pero Max no podía menos resentirse por la fria indiferencia de sus amos antes su enfermedad.

Con el tiempo se repuso del infarto, pero comenzo a declinar su entusiasmo por el comunismo.

En la economía bélica japonesa había tenido auge las edificaciones y por consiguiente, hubo gran demanda de fotocopia de planos, así pues el negocio de Max prosperaba.

No puede seguir siendo revolucionario ardiente quién conduce un Mercedez -Benz y al lado lleva a su esposa envueltas en costosas pieles.

Aunque la realista Ana serv√≠a ocasionalmente de correo, lo hacia a rega√Īadientes, y no desperdiciaba oportunidad de malquistar a Max con sus amos sovi√©ticos.

En el oto√Īo de 1940 la Secci√≥n Cuarta resolvi√≥ hacer econom√≠a en sus operaciones de Tokio.

ADVERTENCIA A MOSCU

A principios de 1941 el peligro amenazó a SORGE en el lugar donde se sentía mas seguro : la embajada alemana.

A oídos de Wilhelmvon del Ritgen, jefe de la sección de la prensa del reich; habían llegado quejas por los dudosos antecedentes de SORGE, el corresponsal que le había estado enviando informes tan en juiciosos y cuidadosamente preparados acerca de la situación del Japón.

Como director de la NS Partei-Korrespondene, Ritgen consideraba indispensables aquellos informes y no quer√≠a que alg√ļn agente de Gestapo, quiz√° por exceso de celo, fuera a cegarla la valiosa fuente de informaci√≥n.

Por ese motivo pidió que investigarán a fondo a Richard SORGE, para dejar en claro de una vez por todas las sospechas absurdas del partido contra el gran corresponsal del Frankjurter Zeitung en Tokio.

La investigación tuvo resultados ambiguos. aunque no reveló ninguna prueba concreta de que SORGE fuese agente soviético, demostró que muy bien podría serlo.

No obstante Ritgen pensó que debía mantener en activo a un periodista tan valioso.

El jefe del servicio secreto exterior. Walter Schellenberg, coincidió con aquella apreciación y sometió el asunto a su superior, Reincahrd Heydrich jefe de la policía de Seguridad, heydrich resolvió que SORGE podía continuar trabajando, aunque sometido a observación

En mayo de 1941 lleg√≥ a la embajada como oficial de seguridad el tristemente celebre ¬ęCarnicero de Varsovia¬Ľ, coronel Joseph Meisinger de la Gestapo, llevaba instruciones secretas de vigilar a SORGE de informar a Berl√≠n de lo que averiguaba.

El embajador OTTO nunca llegó a tratar amablemente al nuevo funcionario, pero SORGE lo tomo bajo su protección y pronto supieron todos que se habían hecho buenos amigos.

SORGE tom√≥ esa determinaci√≥n porque debi√≥ olfatear el peligro con el instinto animal y certero sin el cual ning√ļn esp√≠a puede sobrevivir durante mucho tiempo, pues √©l y Meisinger formaban una pareja en verdad extra√Īa.

El caso es que la suerte lo siguió favoreciendo y Meisinger rindió a Berlín un informe favorable.

Los acontecimientos internacionales se sucedían a un ritmo acelerado por momentos.

Un d√≠a lleg√≥ de Berl√≠n un emisario muy importante, el coronel Oskar Ritter Von Niedermaver, con la misi√≥n de investigar ¬ęhasta que punto estar√≠a Jap√≥n en condiciones de participar en una guerra contra Rusia¬Ľ.

Niedermayer llevaba una carta de presentación para SORGE del exembajador Dirksen y ante el hechizo de la hospitalidad del espía, le confió que se había decidido ya iniciar la guerra germano-soviética y que Alemania se había propuesto tres objetivos:

  • Ocupar a Ucrania, granero de Europa.
  • Capturar por lo menos un mill√≥n de prisioneros para que trabajaran en la agricultura y en la industria alemana.
  • Eliminar la amenaza a la frontera oriental del Reich, Hiltler pensaba que Alemania deb√≠a combatir alg√ļn d√≠a contra Rusia y que hab√≠a llegado ya la hora.

Atando cabos de las informaciones fragmentadas que traían otros haciendo su composición del lugar.

EL teniente coronel Schol, que había sido agregado militar alemán en Tokio, se detuvo poco tiempo en esta ciudad iba de camino a ocupar un puesto en Tailandia y candidamente revelo las instrucciones muy secretas que llevaba :

– ¬ęLa guerra germano-sovi√©tica se iniciara el 20 de junio; puede postergarse durante unos d√≠as, pero todos los preparativos ya est√°n completos.

En la frontera oriente se concentrar√°n de 170 a 190 divisiones alemanas, todas ellas blindadas o motorizadas.

El ataque se desatar√° en todo el frente, aunque su fuerza principal se dirigir√° primero a Moscu y Leningrado, y luego a Ucrania.

Para iniciar la guerra no enviaran ning√ļn ultim√°tum sino que le declararan despu√©s de iniciada la batalla.

En el lapso de dos meses puede desmoronarse el ej√©rcito rojo y caer el r√©gimen sovi√©tico. en ese caso, durante el invierno se abrir√≠a el ferrocarril transiberiano, para establecer contacto con el Jap√≥n¬Ľ.

Aquella era una noticia sensacional.

Hitler había firmado en 1939 un Pacto de no agresión con Stalin (en que secretamente se repartían a Polonia), y ahora se preparaba cínicamente para traicionar al dictador soviético.

SORGE llevó a toda prisa el informe a Clausen y le ordenó que lo trasmitiré enseguida.

Luego espero impacientemente, alg√ļn indicio de que la Uni√≥n Sovi√©tica estuviera aprovechando oportuno aviso.

No hubo nadie.

Ni siquiera un acuse de recibido; ni a√ļn la petici√≥n de m√°s detalles.

Seg√ļn su costumbre, Clausen hab√≠a extractado mucho el informe, pero a√ļn la √ļnica respuesta recibida al fin fu√© un lac√≥nico telegrama que dec√≠a: ¬ędudamos de la veracidad de su informaci√≥n¬Ľ.

Dio la casualidad de que, al recibido de tan rudo mensaje, SORGE estaba con Clausen, se enfureció ; poniéndose en pie de repente, comenzó a pasear por la habitación de un lado otro, con la cabeza agarrada a dos manos, mientras preguntaba vociferando:

– ¬ŅPorque no me creen esos miserables ? ¬ŅPorqu√© desatienden as√≠ nuestras partes?

¬ŅHACIA DONDE IRA EL JAPON?

Mientras esperaba impotente la Blitzkrieg Alemania, SORGE comenzó a beber excesivamente y a veces solía entregarse a la desesperación.

Al parecer no había manera de avisar oportunamente del peligro que acechaba a su patria.

Al sobrevivir el golpe se comprobó que su información había sido desdichadamente exacto.

Hitler atacó el 22 de Junio, y alcanzó tan extraordinarios triunfos que la existencia misma de Rusia parecía amenazada.

Los Sovi√©ticos comenzar√≥n a preocuparse desde ese instante. ¬ŅPensaban Jap√≥n aprovechar la situaci√≥n desesperada por la espalda a trav√©s de Siberia?.

– ¬ęCon respecto a la guerra germano-sovi√©tico, ¬Ņque decisi√≥n ha tomado el gobierno japon√©s acerca de nuestro Pa√≠s?¬Ľ radiografiaba nerviosamente a Mosc√ļ. ¬ę¬ŅHay movimiento de tropas hacia nuestras fronteras¬Ľ.

La embajada alemana no pod√≠a dar a SORGE la respuesta. aunque Nominalmente Alemania y el Jap√≥n eran aliados (hab√≠an firmado junto con Italia, el pacto Tripartito el 27 de setiembre de 1940), Jap√≥n, por lo visto no estaba evit√≥ de sacarle las casta√Īas del fuego a Alemania.

Cuando el embajador OTTO trat√≥ de persuadir al gobierno japon√©s de que hab√≠a llegado la hora de ayudar a sus aliados atacando a Rusia por el oriente, los japoneses se mostraron extra√Īamente evasivos.

Con ininterpretable cortesía.

Se negaron a comprometerse.

Hacia poco, para consternación desde Alemania y entonces, obligado por este Pacto?.

El embajador OTTO no podía saberlo.

Tampoco pudo Ozaki descubrir inmediatamente las intenciones del Japón, aunque el Grupo del Desayuno se había estado reuniendo semanalmente.

En la Primera junta celebrada por el Grupo después de comenzar la invasión de Rusia.

Discutieron los nueves sucesos con variados sentimientos.

Siguiendo con gran respeto los progresos de la máquina bélica nazi, algunos de los más impresionantes, temían que no se detuviese hasta llegar a Vladivostok. tal perspectiva no era especialmente alentadora a llegar.

Los Alemanes eran magn√≠ficos aliados…… con tal que se mantuvieran separados por los oc√©anos y un continente.

Pero, por otra parte ¬ŅNo seria aquella una oportunidad mandada del cielo para atacar a Rusia Por Siberia, reclamar un trozo de territorio para el sol naciente y librarse, quiz√° de una vez por todas, de la amenaza sovi√©tica?.

La conclusi√≥n final fue negativa : ¬ęAunque el Jap√≥n se uniese a Alemania la guerra ser√≠a muy dif√≠cil derrotar a Rusia ¬ę.

Así recuerda matsumoto Shigeehaeru (a la sazón jefe de la agencia japonesa de noticias Domei), la síntesis de la decisión tomada.

En cuanto a conquistar territorios, ¬ęsolo los Rusos pueden sobrevivir en el clima de Siberia.

Hace mucho fr√≠o all√≠ para los japoneses¬Ľ.

Pero no podía negarse el hecho de que el Japón había iniciado por entonces la movilización general, posiblemente en preparación de un ataque contra Rusia.

Los militares, que al fin y al cabo detectaban el poder, parecían dispuestos a la conquista.

Una facción (a la cual Ozaki daba su apoyo en el Grupo del Desayuno) abogaba por hacer caso omiso de Rusia y buscar la expansión hacia el sur.

Allí en las fértiles facción (a la cual Ozaki daba su apoyo en el Grupo del Desayuno) abogada por hacer caso omiso de Rusia y buscar la expansión hacia el Sur.

Allí en las fértiles tierras de la indochina, Malaya, las Indias Orientales Holandesas, y Filipinas.

Habían petróleo y materias primas para alimentar los fuegos del Imperio, así como territorios, bajo cielos benignos, para los millones sobrantes de japoneses.

SORGE no pod√≠a comunicar a Mosc√ļ las intenciones del Jap√≥n mientras el gobierno no resolviera algo. y evidentemente todav√≠a no hab√≠a determinado que rumbo tomar.

SE ESTRECHA EL CERCO:

La buena estrella de la pandilla de SORGE estaba tocando a su fin.

Durante varios a√Īos hab√≠an estado operando con gran actividad y casi sin contratiempos.

Pero ya estaban viviendo horas de más y se acercaba el día de entregar cuentas.

El desgre√Īado pintor Miyagi, que sufr√≠a tuberculosis y se inclinaba a mostrarse √°spero, lo present√≠a con siniestro fatalismo, hab√≠a redonblando las precauciones e hizo un arreglo para ense√Īar pintura una vez a la semana a Yoko, la hijita de Osaki, como pretexto para visitar su casa esperaba, no obstante, que la pol√≠cia hechara el guante de un momento a otro.

También Max Clausen estaba nervioso.

En los √ļltimos d√≠as una serie de incidentes especulaciones hab√≠a afectado mucho su serenidad.

Un día mientras estaba trasmitiendo, le cayó de visita un agente de la Kemper Tai.

Presurosamente interrumpió Max la corriente eléctrica del trasmisor y cerrando con llave la habitación del segundo piso, fue a la planta baja a recibir a su visitante.

Por fortuna se trataba de una simple inspección rutinaria para cubrir las apariencias.

En otra ocasión, apenas Max comenzaba la trasmisión, cuando un obrero de reparaciones apareció en el tejado, cerca de su ventana.

Tales incidentes podrían ser mera coincidencia, pero no cabía duda del interés demostrado por cierta gente de TOKIO: Aoyama Shigeru, vecino de SORGE, de la estación Toriizaka de la polícia, Aoyama se presentaba con frecuencia, cuando habia salido Max a interrogar a la criada, que informaba fielmente a su amo de las visitas.

A Aoyama le llam√≥ la atenci√≥n Max por primera vez, por casualidad, cuando investigaba a un vecino suyo, oficial franc√©s que estaba complicado ¬ęen alg√ļn asunto de fans¬Ľ. D√≠a tras d√≠a el joven interrogaba a la criada de Clausen con la esperanza de obtener alguna informaci√≥n sobre el Don Juanesco franc√©s, le escuchaba a medias cuando ella le charlaba con sus se√Īores, y no se atrev√≠a a mandarle callar por temor de que se sientiese ofendida y no hablase m√°s.

Un día la criada la pronuncio una frase que interesó vivamente a Aoyama.

РMi patrón se levanta a media noche, y manipula una máquina que tiene botones brillantes.

Pobre Clausen !Ay de todos sus esfuerzos para que su sirvienta ignorada sus actividades, si hay algo que una criada oriental no sepa de la casa de su amo, ser√° porque no vale la pena de saberse.

Como el mismo Ayoma era aficionado a la radio, reconoció la descripción y tuvo una inspiración.

Recordó que grecia poco un oficial de radiocomunicaciones le había preguntado si sabía de alguien en el sector de Azabu que manejase un transmisor de onda corta no registrado.

¬ŅPodr√≠a ser que hubiese dado con el pez gordo, as√≠ por casualidad?.

Desde ese instante no se apagó ni un momento su intenso interés por Max Clausen.

No obstante fue un joven llamado Ito Ritsu, asistente de Ozaki en el ferrocaril Setentrional de Mancuria, quién sin querer dirigio a la Tokko hacia la red de SORGE.

Detenido por comunista, Ito se convirtió en delator a pesar suyo.

La Tokko le preguntó si sabía de algunos afiliados al partido comunista, entre los japoneses recientemente repartiados de los EE.UU. (ya que era de un grupo sospechoso).

Haciendo memoria, Ito record√≥ que la patrona de su casa ten√≠a una t√≠a que hab√≠a regresado de los EE.UU. pocos a√Īos antes y que a menudo se jactaba de ser comunista.

He aquí camarada tan insignificante -pensó probablemente que podría sacrificarse con el menor costo para la causa, así que la delató.

Aquella se√Īora, Kitabayashi Tomo, dirig√≠a la escuela de modistas en los Angeles situada en ondas 2-74 Shibuya-ku, Tokio.

Poco más o menos más tarde se le presentaron libreta en mano, dos jóvenes agentes de la sección de extranjero de la Tokko elegantemente uniformados.

Sent√≠a mucho molestarla- explicaron pero se trataba solo de una encuesta peri√≥dica rutinaria ¬Ņpodr√≠a hacerle algunas preguntas?.

La Tokko no tenía intensiones de retenerlas entonces para el personaje menores que se encontraba dentro del trabajo habitual, ya sabia donde hayarla en caso de necesidad.

Aunque siguieron vigilandola después del superficial interrogatorio, no sabían cuanto se habria acercado al filón principal.

Con todo, los m√©todos infinitamente paciente de la Tokko iban por fin a dar fruto, pu√©s la Se√Īora Kitabayashi y su esposo hab√≠a recibido pensionista en los Angeles en 1932, y entre todos los j√≥venes japoneses que vivieron en California hab√≠a alquilado una habitaci√≥n a un joven pintor Miyagi Yotuco.

LA ULTIMA TRANSMISION:

SORGE se hab√≠a entregado completamente al problema que le encomend√≥ Mosc√ļ? ¬ŅCu√°les eran las intenciones del Jap√≥n?. Inform√≥ acerca de la movilizaci√≥n general y transmiti√≥ lo que pudo con relaci√≥n al movimiento de tropas hacia la frontera siberiana.

Al enterarse Ozaki del acuerdo que se había tomado en la Conferencia Imperial del 2 Julio, SORGE comunicó también el resultado.

El Japón Marcharía hacia el sur, pero podría atacar también a la URSS si las circunsttancias lo permitían.

Pero se cernían nubes de tormentas en las relación con Japón, con los EE.UU. y SORGE opinaba que la guerra entre estos dos países era una posibilidad clara.

Si Japón resolvía combatir contra los EE.UU., era evidente que no quería luchar contra la URSS.

La confirmación de tal postura llegó el 20 de Agosto en una conferencia de 4 días entre los 4 alto jefes del ejército de Kuantund y el Estado Mayor Japonés.

– El Ejercicio de Kuantund a resuelto no guerrear contra Rusia le dijo Osaki un compa√Īero del ferrocarril septentrional de Mancuria y por eso su representantes est√°n ahora en Tokio, hablando con las autoridades centrales.

El cargo de Osaki en el ferrocarril septentrional de Manchuria lo llevó Dairen, y allí siguió Hsikting y Hotaow observando cuidadosamente las operaciones ferroviarias.

Complacido pudo comprobar que no había grandes movimientos de tropas ni de material.

En Hottain tuvo la suerte excepcional de ganarse la confianza del Director de estadística de la oficina general de aquella sucursal.

Dicho funcionario le inform√≥ que antes de la gran movilizaci√≥n de Julio el ej√©rcito de Kuanlung, hab√≠a ordenado su transferencia al ferrocarril que se preparase a recibir 100,000 toneladas diarias de cargamento pedido durante 40 d√≠as; puso sobre aviso, adem√°s, a los directores de la v√≠a f√©rrea para que¬Ľtuviesen listos 3000 obreros ferroviarios experimentados y esperasen un ataque contra el Ej√©rcito Rojo¬Ľ.

Solo al principio se hab√≠a cumplido la orden seg√ļn el plan.

Luego el n√ļmero de obreros ferroviarios se redujo paulatinamente a 1500, luego a 1000 y finalmente a 156.

En el momento de su conversación con Osaki sólo unos 10 se había empleado.

No es posible exagerar la importancia está información para Osaki.

Ahí había por primera vez pruebas fehacientes: hechos concretos y esputos, directamente tomados de la fuente, del proyecto de una enorme operación contra la Unión Soviética y de su abandono posterior.

Era aquel el tipo de pruebas que los realistas funcionarios de la Sección Cuarta podían apreciar.

El s√°bado 4 de octubre de 1941, d√≠a en que SORGE cumpl√≠a 46 a√Īos, Clausen env√≠o aquellos informes a la Secci√≥n Cuarta.

Transmitiendo desde casa de Voukelicth, pasó la esencia del informe de Osaki acerca de su viaje por Manchura y las seguridades finales dadas por SORGE de que la patria comunista estaba a salvo de una guerra en dos frentes al menos por el momento.

¬ęEl extremo oriente Sovi√©tico puede considerarse a salvo de un ataque japon√©s¬Ľ, informaba SORGE a sus amos, ¬ęal menos hasta fines del pr√≥ximo invierno sobre este punto no hay la mejor duda. la agresi√≥n japonesa se producir√° solamente si se destaca la mayor√≠a de las tropas de siber√≠a al frente occidental, o si se desatar√° en siber√≠a la guerra civil¬Ľ.

El efecto que tuvo tan precisa velación en la estrategia Soviética es difícil de apreciar con exactitud; la Unión Soviética no ha publicado los detalles del consiguiente movimiento de tropas, pero no cabe duda que influyó en las determinaciones tomadas por altos dirigentes en uno de los momentos de mayor peligro en la larga historia Rusa.

A fines de 1941 la Unión Soviética retiró más de la mitad de las fuerzas que tenía en el extremo oriente y las lanzó al combate en el Oeste.

Y esos contigentes fueron suficientes para cambiar el curso de la guerra ante Mosc√ļ, cuyas puertas bat√≠an ya solo los triunfantes ej√©rcitos alemanes.

La informaci√≥n que llev√≥ a ejecutar el imponente desplazamiento de tropas fue la √ļltima que lleg√≥ a Mosc√ļ procedente del grupo de SORGE.

No volver√≠a a transmitir ning√ļn otro parte.

Esa noche SORGE acompa√Ī√≥ a Hanako al bar Lohmeyer, a tomar una copa para celebrar el sexto aniversario de haberse conocido.

Se sintió incómodo allí.

– Este lugar junto al mostrador no me gusta.

– Dijo de repente.

Hay muchos agentes de la policía.

La condujo entonces a una mesa situada al centro del salón.

Formaba una pareja llamativa esa noche: La apariencia apuesta y magn√©tica de SORGE contrastaba con la p√°lido esbeltez de Hanako, que llevaba un atractivo vestido occidental pero su conversaci√≥n era l√ļgubre.

Trataban de la posibilidad de la guerra con los EE.UU.

  • Las cosas han ido ya demasiado lejos para que puedan arreglarse.

РDecía Hanako РEl incidente de Shana se está prolongado y han muerto muchos. El gobierno del Japón es partidario de la guerra.

Luego a√Īadi√≥, m√°s jovial: quiz√°s Jap√≥n imite a los alemanes y ensaye la guerra rel√°mpago.

Si Japón declara la guerra a los EE.UU. Рrespondió SORGE Рno ganará jamás será derrotado de manera aplastante.

Al disponerse a pagar la cuenta SORGE pidió a Hanako que lo esperase afuera.

Era apenas las 6:30 Pm. y comenzaba a caer la tarde en Tokio cuando salió del Bar para reunirse con ella.

– Me parece que no debes venir a casa conmigo est√° noche.

РLe dijo Рla Tokko nos está siguiendo. Es preferible que te quedes en casa de tu madre. Cuando mejoren las cosas te enviaré un telegrama.

Los ojos grandes y lloroso de Hanako le interrogaban en silencio.

– ¬ŅTe sentir√°s muy solo?

РAunque así sea, estaré bien. РRepuso él Рmejor vete ya.

Al alejarse Hanako y dirigirse a la Ginza, no le asalto el negro presentimiento de que hab√≠a visto a SORGE por √ļltima vez.

FALLA EN UN INTENTO DE SUICIDIO :

Al fin la Tokko se decidi√≥ a detener a la propietaria de la escuela de postura, Se√Īora KitaBayashi Tomo, y la interrogaron en forma pausada, cort√©z y rutinaria.

De su vida solo les interesaba un aspecto.

Al aprenderla llevaba consigo una suma de dinero norteamericano. ¬Ņqui√©n le hab√≠a dado aquellos d√≥lares y porque?.

La se√Īora replic√≥ aquella pregunta con la verdad… no toda claro est√°.

Su buen amigo Miyagi Yotoku a veces le daba dinero en recuerdo de su vieja amistad.

Había sido su pensionista en los Angeles que habían seguido visitándose en el Japón.

Con un poco más de suave insistencia Tomo confesó que Miyagi y ellas habían sido camaradas, afiliados al partido comunista de los EE.UU.

De los voluminosos archivos de la Tokko unos dedos diestros sacaron en poco tiempo el expediente de Miyagi; nacido en Okinawa de una familia de inmigrantes transferidos a California a los 16 a√Īos, repartiado al Jap√≥n; pintor profesional; tuberculoso.

No era persona muy dependiente que se dijera; y mucho menos estaba en condiciones de hacer regalos cuantiosos en efectivo a su antigua casera, y sobre todo en dólares, por amistad desinteresada.

El joven artista enfermó y una costurera vieja y fea no sería, seguramente protagonistas de un idilio apasionado.

¬ŅPorqu√©, entonces dar√≠a Miyagi el dinero a la se√Īora Katabayashi?.

La Tokko no se figuraba a√ļn que Miyagi fuera esp√≠a, pero resolvi√≥ detenerlo para interrogarlo.

Tres agentes tocaron a su puerta.

Siguieron a su casera escaleras arriba en las que la mujer pudiera protestar y encontrado a Miyagi en cama.

– Tenemos algunas preguntas que hacerle -le dijo uno de ellos.

– ¬ŅPodr√≠an venir con nosotros?

Miyagi se dejó detener con estoica dignidad.

Hacía muchos meses venía esperando que le cayera sobre el hombro de la mano de autoridad.

Mientras se vestía, los detectives registraron la alcoba.

Hallaron varios documentos encima de la mesa totalmente a la vista.

Al examinar aquellos papeles por poco salen los ojos de sus órbitas.

Entre ellos había un estudio completo de las reservas de petróleo del Japón en Manchuria.

Aquel era un dato ultra secreto.

El petróleo formada la sangre de las venas del Imperio era tan valioso que se distribuía, como quién dice con cuentagotas.

Sin embargo en aquella covacha de un segundo piso había un informe completo de las existencias que poseía el Japón y los lugares donde se habían almacenados, y los informes no estaban consignados en japonés, sino también en traducción inglesa, cuidadosamente escrita a máquina.

En ese momento los agentes de la Tokko comprendieron algo de la verdadera naturaleza del caso que tenía entre manos; había salido a pescar una sardina y dieron con un tiburón.

Aquella tarde, en la estación Tusukiji de la política, un detective interrogó a Miyagi durante tres horas.

El pintor confieso que eran suyos los documentos, pero pasó la mayor parte del tiempo respondiendo preguntas referentes a su pasado.

La Tokio era muy minuciosa y por lo visto no tenía tan prisa.

El interrogatorio se reanud√≥ a las diez de la ma√Īana del d√≠a siguiente, con un grupo de seis agentes de la Tokko sentados alrededor de una mesa larga, en un sal√≥n de conferencias del piso alto.

Miyagi quedó atrapado entre seis fuegos: de todas direcciones le disparaban preguntas de carácter general: pero las que relacionaban, aunque fuera remontada, con el espionaje, lo hacía guardar porfiado silencio.

Los agentes de la Tokko no fueron nada suaves con Miyagi.

Lo amenazaban, le gritaban, lo injuriaban con todos los insultos pintorescos en que abunda el idioma japonés, él seguía impávido, desafiante.

Lo halagaban, lo lisonjeaban, y tampoco lograban nada, hacía medio día todos los protagonistas se sentían rendidos y desconcertados.

Haciendo una pausa para almorzar cuatro de los agentes policíacos se retiraron y quedaron dos custodiando a Miyagi.

Pidieron el almuerzo para el detenido, pero este no quiso tocarlo, explicando que no tenía apetito.

Después de almorzar volvieron dos de los detectives para revelar a los que habían quedado con el reo y llevarla la comida.

Durante el brevísimo instante en que estuvo abierta la puerta, Miyagi se incorporó, se volvió bruscamente y de un salto se echo de cabeza por la ventana abierta hacia la calle, diez metros más abajo.

Pensando √ļnicamente en que el pez gordo se le escapaba de entre manos, uno de los detectives.

Sakai Tmatsu, ordenó a gritos que rodearan el edificio; luego con gran estruendo, se precipitó por la ventana detrás del reo.

Cuando los dem√°s salieron apresuradamente al exterior, encontraron a perseguidor y perseguido tendidos cuan largos eran sobre el pavimento.

Ambos estaban sin resuello, pero todavía con mucha vida.

Alguién llamo un automóvil de la policía para que los llevaran al hospital, Miyagi, que era el menos herido de los dos, no quiso hasta que hubiese acomodado bien a Sakai.

Di√≥ la casualidad de que Miyagi hab√≠a ca√≠do sobre unos matorrales espesos que amortiguaron el golpe, as√≠ que escap√≥ con algunas contusiones y cortaduras superficiales, adem√°s de la distensi√≥n de los m√ļsculos del muslo.

Al comprador que sus heridas leves, sus captores los condujeron otra vez y a toda prisa a la comisaría de policía para reanudar el interrogatorio.

Miyagi era otro hombre; salt√≥ por la ventana siguiendo la tradici√≥n japonesa del suicidio honroso, esperando sinceramente que aquel fuera su √ļltimo acto en la tierra.

Al no venir en su ayuda la muerte, la conmoción que sufrió no fue sólo corporal, sino también mental.

Había experimentado nada menos que la resurrección y sintió la necesidad de confesar, para poder emplear bien la nueva vida.

Así pues, al volver a sala de conferencias, Miyagi abrió su alma.

Hablo larga y detalladamente.

Fue como si hubiera sacado el corcho de una botella de champa√Īa; toda la historia de la red de espionaje de SORGE brot√≥ como el l√≠quido espumoso y embriagante.

La policía escuchó embelesada y perfectamente suspensa las revelaciones.

UN RATO ANTE LA RATONERA:

La Tokko detuvo a Ozaki Hotsumi si 15 de Octubre a las 6 de la ma√Īana; lo aprendi√≥ en la biblioteca de su casa.

No estaba preocupado y siguió impávido a los agentes hasta la comisaría Meguro de la policía.

Creía que lo estaban fastidiando por sus escritos de intelectual de tendencias liberales.

Pero el oficial inquisidor muy pronto lo hizo caer en la cuenta de su error:

No estamos interrogando al Osaki japonés, sino al Ozaki espía del Comintern le advirtió bruscamente.

Ozaki resistió los interrogatorios durante 18 horas, pero media noche busco alivio de la insoportable tensión.

Contaré todo lo que se les dijo.

Así que déjeme descansar y pensar un poco.

La policía consistió, muy aliviada allá en el fondo.

Comprendía que, sin la confesión de Ozaki, no podría encausar a los tres extranjeros: Richard SORGE, Branko Voukelitch y Max Clausen.

Entre tanto la se√Īora Ozaki, desesperada trataba de averiguar a qu√© obedec√≠a la detenci√≥n de su marido.

Tel√©fono a su amigo Kichi Michizo, uno de los secretarios privados de Konove tambi√©n integrante del Grupo del Desayuno, que esa misma ma√Īana se reun√≠a.

Antes de la reunión Kichi acababa de enterarse por el Ministerio del Interior de que el caso era de comunismo.

Llegó tarde y encontró al grupo discutiendo la forma de sacar al Ejército japonés del atolladero chino.

Al irrumpir Kichi con la extraordinaria noticia de que su compa√Īero Ozaki hab√≠a sido detenido, no se volvi√≥ a hablar m√°s del Ej√©rcito.

La sesión completa se ocupó en especular acerca del increíble suceso.

SORGE también tenía un día de preocupaciones.

Cuando esa tarde lleg√≥ Max Clausen a verlo a su casa, SORGE le entreg√≥ un √ļltimo manojo de despachos para transmitir.

Opinaba que la labor de la red hab√≠a concluido; hab√≠a conformado y enviado a Mosc√ļ el valioso informe de que Jap√≥n no pensaba atacar a la Uni√≥n Sovi√©tica.

SORGE mismo quer√≠a cambiar de ambiente, as√≠ que entre los mensajes estaba una solicitud de nuevas instrucciones; el seguir en el Jap√≥n no tendr√≠a sentido ya. ¬ŅDeber√≠a regresar el grupo a la patria roja deber√≠a emprender nuevas actividades en Alemania?.

Clausen examinó por encima los papeles; luego se los devolvió a SORGE diciéndole:

– Es muy temprano todav√≠a para transmitir estos despachos. Mejor gu√°rdalos t√ļ por ahora.

El que SORGE no amonestará agriamente a Max por su atrevimiento era indicio de que el primer aparratchik de Rusia no tenía el humor de otras veces.

La preocupaci√≥n y la incertidumbre le ro√≠an las entra√Īas, porque inexplicablemente, ni Ozaki ni Miyagi se hab√≠an presentado a cumplir sendas citas con √©l. ¬ŅHabr√≠an sido detenidos? SORGE olfateaba el inminente peligro.

A ra√≠z de la confesi√≥n de Miyagi, la Tokko hab√≠a dado instrucciones al viejo ¬ęN√©mesis¬Ľ de SORGE, Saito, de intensificar su vigilancia; no dejarlo escapar; no permitir que se suicidase; no darle el menor indicio de la inminencia de la captura.

Saito alquiló una habitación de planta alta en la casa de enfrente, y el 15 de Octubre acechaba la de SORGE con la atención obsesiva del gato cazador frente a la madriguera de los ratones.

Al d√≠a siguiente SORGE se sent√≠a a√ļn m√°s nervioso y deprimido.

Después de tener una larga sobremesa con Max en un restaurante a la hora del almuerzo, regresó a su casa y como de costumbre, dejó el coche en un garaje cercano, parte ya de la red policiaca, lo estaba rodeando.

Cada vez que guardaba allí su automóvil, la policía entraba inmediatamente a registrarlo.

En aquella ocasión al primer examen apareció unas copias a cantidad de dinero metido en sobres.

El registrado lo cont√≥ inmediatamente, lo llev√≥ a la polic√≠a donde fotografiaron los billetes, y lo devolvi√≥ al due√Īo del garaje.

Esa tarde, siguiendo instrucciones, el propietario del garaje se presentó en casa de SORGE para devolverle el dinero.

La policía le había encargado que informará cuales eran las actividades de SORGE durante la tarde de ese día.

Al tocar a la puerta del visitante, SORGE, Clausen y Voukelitch estaban como en consejo de guerra, discutiendo nerviosamente la ausencia de dos hombres del grupo.

SORGE hizo pasar al due√Īo del garaje, cont√≥ los billetes y separ√≥ de ellos la recompensa adecuada.

Pero debió de sorprenderle y alarmarle su imprudente descuido.

Por qué se retrasaban las atenciones.

El gobierno del primer ministro Konoye se tambaleaba.

En tales circunstancias, el fiscal Yoshikawa Mitsusada comprend√≠a que era in√ļtil esperar la aprobaci√≥n del gabinete para ventilar p√ļblicamente un esc√°ndalo que sin duda, habr√≠a de provocar su ca√≠da.

Konoye, y el gabinete que lo sucedió, presidido por el general Hideki Tojo, no tuvo inconveniente en poner a su antecesor en situación comprometida.

Al fiscal Yoshikawa no le fue difícil pués, obtener permiso del Ministro de Justicia para arrestar a los extranjeros.

Por la ma√Īana del 18, temprano tres grupos de agentes de la Tokko capturaron a SORGE, a Clausen y a Voukelitch cuando estaban a√ļn en la cama.

¬ęADIOS, AMIGO MIO¬Ľ:

El arresto de SORGE produjo una reacción inmediata y violenta en la embajada alemana.

Como los japoneses no hab√≠an anunciado a√ļn los cargos que se les imputaban, por todo el equilibrio corri√≥, con la noticia, una mezcla de asombro e incredulidad.

Furibundo, el embajador OTT mandó al instante una protesta oficial al Ministerio de Relaciones Exteriores y con ella la exigencia, en términos perentorios, de ver a SORGE.

El fiscal Yoshikama dió largas a la solicitud hasta que pudiese obtener la confesión firmada por SORGE de ser espía, no tardó en lograrlo.

Las pruebas fehacientes eran abrumadoras; los demás integrantes del grupo había confesado todo y la Tokko encontró los cuadernos de cifra de Clausen, su aparato emisor y un montó de despachos sin transmitir, redactados en inglés.

SORGE comprendió que no había razón para seguir negando su participación en las actividades de espionaje, pero no quería ver a OTT, pues le sería muy penoso enfrentarse al hombre a quién venía traicionado desde hacía tanto tiempo.

Yoshikawa no compartía la misma opinión:

  • Puede que tengan ustedes ideas pol√≠ticas opuestas; pero como amigo, debe despedirse de √©l.

SORGE convino de mal agrado y Yoshikawa concretó la entrevista.

Al entrar en el salón de conferencias con su séquico, el parte del embajador OTT era orgulloso, firme, airado y muy serio.

Dejó constancia inconfundible de haber sido ofendido.

Al tomar asiento la delegación alemana, hicieron pasar a SORGE, que entró con acento compungido.

La conversación fue ceremoniosa : OTT recorrió una lista de preguntas previamente aprobadas, y el diálogo transcurrió poco más o menos así:

OTT:¬ŅComo est√° Ud?

SORGE: Estoy bien.

OTT:¬ŅQue tal la alimentaci√≥n que recibe?

SORGE: Es satisfactoria.

OTT:¬ŅLo tratan bien?

SORGE: Sí.

Después de unos 10 minutos de intercambio, OTT llegó al final de las preguntas preparadas.

Mirando fijamente a su amigo, el embajador le preguntó si tenía algo que decir.

Hubo un momento de embarazoso silencio en que SORGE devolvió la mirada de su interlocutor, con una expresión sería y luminosa.

Con voz de campana f√ļnebre, baja y solemne, pero claramente audible, le dijo:

– Se√Īor embajador esta es nuestra despedida definitiva, le ruego presentar mis respetos a su familia.

Al o√≠r tales palabras, OTT palideci√≥ y pareci√≥ envejecer 20 a√Īos.

Por lo visto comprendió en ese momento el verdadero significado de la situación. OTT y todo su séquito seguían sentados inmóviles como estatuas, el silencio era insoportable, por fin SORGE se puso en pie, hizo una ligera venia al embajador y salió para volver a su celda de prisionero.

En el tiempo transcurrido hasta que se cerró la puerta, había cambiado radicalmente la actitud de OTT, quien rogó Yoshikawa:

РPor el bien de nuestros dos países investigue Ud este caso a fondo. Aclárelo totalmente.

Con el tiempo con la traición de SORGE a su amistad y porque se aprovechó alevosamente del amigo, OTT se vio obligado a renunciar al cargo de la embajada.

Ese fue el fin de una prometedora carrera diplimática. Salió de Tokio arruinado y decepcionado.

EL PREMIO PARA UN ESPIA FIEL:

SORGE pasó bastante bien la vida en la cárcel. mejor que muchos ciudadanos japoneses acosados por los impuestos fuera de aquellos muros.

Seg√ļn la ley japonesa, el reo poseer√° dinero pod√≠a gastarlo a su antojo.

En el momento de ser capturado, SORGE tenía 1000 yenes y cerca de 4000 dólares en billetes norteamericanos.

Tal suma alcanzaba para mucho en el Japón al iniciarse el decenio bastante.

En mayo de 1942 se p√ļblico por fin las noticias de las detenciones , y hasta mayo de 1943 se comenzaron los procesos.

La suerte de los componentes de la red fue variable.

El joven pintor Miyagi murió tuberculoso durante la vista de la causa.

Voukelitch, el fotográfo y periodista yugoslavo, fue sentenciado a cadena perpetua y murió de neumonía en la cárcel 16 meses después.

A Max Clausen lo condenaron a cadena perpetua, y a Ana a tres a√Īos.

A ambos los libertaron los norteamericano en 1945, con el indulto de los presos políticos y los dos viven hoy en Alemania Oriental.

A la se√Īora KitaBayashi, la costurera por qui√©n comenz√≥ a desenredarse la madeja, se le impuso condena de cinco a√Īos de presidio. A muerte solo fueron condenados SORGE y Otaki.

SORGE aceptó serenamente la sentencia.

Acogi√©ndose a la ley, los sentenciados apelaron autom√°ticamente de las dos condenas y SORGE no cre√≠a a√ļn que iba a morir.

Se aferraba a la esperanza de que la Unión Soviética hiciera cualquier arreglo que le diese la libertad.

Bien sabía que, en la abrumadora mayoría de los casos se espias capturados, el país preferiría sacrificar al agente antes de verse comprometido.

Pero era vanidoso en sumo grado y nunca se había considerado entre la mayoría.

Se cre√≠a SORGE el √ļnico, personaje sin el cual la causa no podr√≠a salir adelante.

Se jactaba, en realidad, de ser demasiado valioso para que la Secci√≥n Cuarta lo abandonase, y dec√≠a que Stalin iba a concretar alg√ļn convenio para canjearlo.

Desgraciadamente sus patrones del Kremlín no eran de las misma opinión.

En los √ļltimos a√Īos la Uni√≥n Sovi√©tica ha ensalzado mucho la memoria de SORGE.

Una calle de Bak√ļ lleva su nombre; Richard SORGE se llama un barco que hace viajes mar√≠timo reguladas, la figura apuesta y ominosa del esp√≠a adornada un sello de correos de la URSS y lo han declarado H√©roe de la Uni√≥n Sovi√©tica.

Pero en su hora crítica, cuando el gobierno ruso hubiera podido ayudarlo, le volvió estudiadamente la espalda, negó que la red de espionaje de SORGE hubiese existido siquiera y afirmó descaradamente que todo aquel escándalo era una conjuración de Tokio para desacreditar a los liberales japoneses y comprometer a Rusia.

Ozaki primero, y SORGE después, murierón en la horca el 7 de Noviembre de 1944.