A LA CASA DE UN SUPER ESPIA CHINO.

A finales de 1988 China asombró a Occidente al detonar una bomba de neutrones cuya radiación es capaz de matar a las tripulaciones de tanques protegidas por el más grueso blindaje.

Ahora, el contraespionaje de Estados Unidos sabe que fueron espías chinos que trabajaban en centros de investigación estadounidenses quienes se robaron los datos necesarios para fabricar esa bomba.

China también ha logrado construir una super computadora llamada Galaxia, la cual se asemeja asombrosamente a la computadora estadounidense Gray, que es una de las más avanzadas del mundo. Este parecido no es de extrañar: los científicos chinos copiaron la Gray empleando tecnología robada por espías infiltrados en laboratorios estadounidenses.

En años recientes, algunos espías chinos han sido detenidos y encarcelados, acusados de conspirar para obtener planes de misiles y torpedos estadounidenses.

En diciembre de 1987, Estados Unidos expulsó del país a dos diplomáticos chinos que intentaron comprar documentos de Agencia Nacional de Seguridad.

Los agentes chinos han tratado, una y otra vez, de infiltrarse en tres de los laboratorios científicos más neurálgicos de Estados Unidos: Los Alamos y Sandía en Nuevo México, y Lawrence Livermore en California.

En estas instalaciones se hacen investigaciones avanzadas en el campo de las armas nucleares, los rayos láser y de partículas y las armas defensivas contra misiles balísticos.

Aunque parezca increíble la Oficina de Contabilidad General ha descubierto que, de 1986 a la fecha, más de 100 científicos comunistas chinos han logrado visitar o trabajar en estos laboratorios supersecretos.

La matanza de estudiantes en Pekín, en junio de 1989, aportó más pruebas del espionaje chino. Indignados, algunos chinos residentes en Estados Unidos (estudiantes, diplomáticos, científicos y empresarios) llamaron a la FBI para dar informes sobre misiones de espionaje que les habían asignado a ellos y a sus colegas sus revelaciones confirmaron lo que ya sabía la FBI: China está llevando a cabo una campaña de espionaje contra Estados Unidos que deja pequeña a la de la Unión Soviética.

La FBI estima que, en un día cualquiera, son entre 200 y 300 los chinos adiestrados como “trabajadores de inteligencia en ultramar ” que operan en Estados Unidos.

Se ocultan entre los 2,500 diplomáticos y funcionarios chinos asignados a ese país; entre los 40,000 estudiantes que hay en las universidades estadounidenses; entre el personal de 130 empresas comerciales chinas y las miles de delegaciones chinas que visitan Estados Unidos anualmente (casi 10,000 en 1988).

Además de estos profesionales especializados, China tiene muchos más agentes en Estados Unidos: los espías que, de hecho, roban secretos.

La mayoría de ellos han sido reclutados de entre los chinos que emigraron a Estados Unidos hace muchos años, o de entre la infinidad de chino norteamericanos que regresan a visitar la tierra de sus antepasados.

Hombre misterioso.

Una gran operación, que condujo a los lugares secretos más vigilados de Estados Unidos, ilustra la habilidad, la sutileza y la paciencia consumadas del espionaje chino.

A finales de 1982, la FBI supo, por medio de un informante de la CIA infiltrado en el Gobierno chino, que un espía – un ciudadano estadounidense de origen chino – era empleado del Gobierno de Estados Unidos.

Este fantasma tenía acceso a los más vitales secretos de esa nación, que entregaba en cantidades tales que, a veces los chinos tardaban hasta dos meses en traducir los documentos.

Las pistas eran débiles, y la contrainteligencia estadounidense debía ser sumamente cautelosa para no poner en alerta al espía ni a sus amos.

En eso, la CIA recibió otro dato: el espía había salido de Nueva York, rumbo a China, la primera semana de febrero de 1982, en un vuelo de Pan Am.

Los agentes de la FBI revisaron las listas de pasajeros de Pan Am que habían viajado con destino a Tokio, Hong Kong y Pekín.

Ninguno encajaba en el perfil del espía.

Entonces, cierto agente tuvo una idea: si el hombre había salido, seguramente había vuelto a entrar. El Servicio de Aduanas de Estados Unidos lleva un registro de las declaraciones de todos los pasajeros que ingresan en el país. ¿ Por qué no buscar al espía entre estos ?

Ninguno de los registros dio más indicios, hasta que la FBI tecleó el nombre de LARRY WU-TAI CHIN había sido empleado de la CIA y tenía acceso a datos supersecretos.

La FBI, después de obtener la autorización correspondiente, intervino los teléfonos de la casa y de la oficina de Chin en Alejandría, Virginia.

Joven converso.

La pista que había encontrado la FBI se remontaba hasta 1944, en el sur de China.

Allí, WANG LI, médico y comunista fiel, compartía una habitación con CHIN, traductor de profesión, y ambos eran empleados en una misión militar de Estados Unidos.

Al principio, CHIN pensó que ser empleado de los estadounidenses era un billete de entrada al opulento Occidente, donde sin duda ganaría mucho dinero.

En 1948, el consulado norteamericano en Shanghai contrató a CHIN como intérprete traductor. Luego, WANG le presentó a un dirigente del régimen comunista, que se acababa de instalar; esta persona convenció a CHIN de que “ayudara a China” proporcionándole información.

Los estadounidenses pensaban que CHIN era muy valioso, pues hablaba tres dialectos chinos, e inglés.

Cuando el personal de consulado de Shanghai se mudó a Hong Kong, en 1950, los estadounidenses invitaron a CHIN a irse con ellos.

Los comunistas convinieron en hacer contacto con él, allí, de tiempo en tiempo.

En 1951 el Departamento de Estado reclutó a CHIN para que ayudara en los interrogatorios a los prisioneros chinos capturados en la Guerra de Corea.

En 1952, cuando regresó a Hong Kong, CHIN pudo informar qué presos habían colaborado con los estadounidenses.

También pudo identificar a muchos agentes de espionaje que operaban desde el consulado de Estados Unidos en Hong Kong.

Después, CHIN aceptó un puesto en Okinawa, trabajando para el Servicio de Transmisión de Información en el Extranjero (FBIS), división de la CIA que vigilaba las transmisiones radiofónicas y las publicaciones chinas.

Supuestamente, CHIN no debía ver la información secreta.

Sin embargo, para poder desempeñar su trabajo, debía de estar informado de las necesidades del servicio secreto estadounidense.

Estos datos indicarían mucho a los chinos acerca de cuánto sabía Estados Unidos, y también definirían cuáles eran los renglones donde se podía explotar su ignorancia.

Contacto en Canadá. El contrato de CHIN estipulaba que gozaría de un permiso para ir a su casa en Hong Kong, cada dos años, a expensas del Gobierno.

Entre 1952 y 1961 entregó ahí, en cuatro ocasiones, sendos informes a emisarios chinos.

Un tal señor Ou sería el contacto más importante de Chin.

En 1961, los muchos años de servicio ejemplar le merecieron a CHIN una promoción: se le destinó a la oficina, lugar donde aumentaron sus conocimientos respecto a las actividades de espionaje estadounidenses con el tiempo, los chinos llegaron a la conclusión de que el exceso de viajes a Hong Kong podría despertar sospechas.

Por tanto, establecieron un contacto en Canadá.

CHIN adquirió la ciudadanía estadounidense en 1965 y, cinco años después, ya se le podía conceder la autorización para trabajar en asuntos de seguridad nacional, la CIA le ofreció el puesto de funcionario, con todo los derechos.

Sin embargo, primero lo sometieron a un estudio con detector de mentiras, y sus antecedentes fueron investigados.

CHIN admitió, con astucia, lo que los investigadores ya sabían: que era jugador y mujeriego y que visitaba a familiares en Hong Kong.

Logró autorización para conocer asuntos ultrasecretos, fue admitido al cuartel general de la CIA y adscrito a la oficina del FBIS en Arlington.

Como funcionario de inteligencia para el idioma chino, CHIN leía los informes más secretos de la CIA y de los Departamentos de Estado y Defensa.

Estudió infinidad de mensajes trasmitidos por agregados militares y diplomáticos y, con frecuencia, asistió a reuniones sobre China que celebraban analistas importantes de la CIA y de los Departamentos de Estado y Defensa.

El Director de Operaciones de la CIA, centro del organismo que administra las fuentes en los países enemigos, llegó a depender machismo de CHIN, le pedía que analizara y tradujera informes, o que verificara la traducción de estos, enviados con gran riesgo por espías estadounidenses comisionados en China.

Participó también en un intento, cuando menos, de reclutamiento de personal para CIA, y tradujo las instrucciones para agentes y posibles defectores destacados en China.

Sin duda, los documentos más importantes que le confiaron fueron las Estimaciones Nacionales de Inteligencia, clasificadas como ultrasecretas, respecto a China y al Sudeste Asiático.

Estas estimaciones contenían la mejor información que podía obtener Estados Unidos por medio de espías, intervenciones electrónicas, reconocimientos aéreos y análisis de estudiosos.

CHIN logró, rápidamente, ser aceptado por los colegas de Arlington.”Era uno de los mejores”, recuerda Cyril Braegelman, jefe de la División Asiática del FBIS.

Jugador de póquer. En privado, CHIN jugaba mucho tenía relaciones con muchas mujeres.

Casado dos veces, tuvo violentas peleas con su segunda esposa, quien en cierta ocasión entabló una demanda (y luego se desistió) por maltrato.

En junio de 1970 CHIN vio un documento que emocionó como ningún otro en sus 21 años de espía.

El documento contenía la decisión secreta del presidente NIXON de tratar de reanudar relaciones con China.

CHIN colocó el documento bajo su camisa, se dirigió rápidamente a su departamento, y ahí lo fotografió.

A la mañana siguiente, volvió a poner el documento en su lugar.

CHIN acudió a un teléfono público y marcó un número en Toronto.

El hombre que contestó la llamada se reunió con él, dos días después, en un centro comercial de aquella ciudad. Ahí, CHIN le entregó la película.

En consecuencia, antes de que el gobierno de NiXON diera los primeros pasos secretos, los chinos ya sabían lo que haría Estados Unidos.

Durante las arduas negociaciones de los años setenta, CHIN tuvo siempre informados a los chinos.

Los estadounidenses estaban jugando al póquer con alguien que no solo sabía cuáles eran sus cartas, sino que también sabía cómo iban a jugarlas.

No es raro que CHOU EN LAI, el primer ministro chino, dijera que la operación de CHIN había sido ” la mayor en la historia del espionaje”.

Es casi seguro que CHIN mantuvo a los chinos, y por medio de ellos a los norvietnamitas, informados durante las negociaciones celebradas en París para poner fin a la Guerra de Vietnam.

Honores en Pekín. En enero de 1981 CHIN se retiró de la CIA con una medalla por servicios distinguidos.

A su contacto chino le dijo que su esposa, que estaba al tanto de sus relaciones con otras mujeres, lo estaba vigilando estrechamente.

Añadió que ella sabía que CHIN tenía 200,000 dólares en efectivo, y que temía que lo delatara.

Al año siguiente, los ahorros de CHIN se incrementaron.

En un banquete secreto de despedida, celebrado en Pekín, tres vice-ministros del espionaje chino rindieron homenaje a su mejor espía, y le dieron 50,000 dólares, además del rango de jefe delegado de la oficina de inteligencia china.

Poco después, en abril de 1983, la FBI empezó a vigilar a CHIN.

La CIA averiguó que el “espía chino” había ocupado la habitación 533 del hotel Qianmen, en Pekín, en 1982.

El 31 de mayo de 1983, mientras CHIN esperaba su vuelo a Hong Kong en el Aeropuerto Dulles de Washington, agentes de la FBI revisaron el equipaje que había documentado.

Ahí encontraron la llave de la habitación 533.

Chin tenía la intención de devolver la llave que había tomado del hotel de Pekín hacía más de un año.

La FBI pensaba que la llave indicaba que CHIN era el hombre buscado, pero eso no justificaba su aprehensión.

Más adelante, en el otoño de 1985, la CIA realizó una hazaña espectacular, digna de propio CHIN: el organismo sustrajo del archivo de la oficina central del Ministerio de Seguridad del Estado, en Pekín, una copia del expediente de casos del espía.

La FBI, ya armada con detalles minuciosos del espionaje de CHIN, estaba preparada para enfrentársele.

Final de juego. El 22 de noviembre de 1985, alas 4:25 de la tarde, tres agentes de la FBI se enfrentaron a CHIN.

MARK JOHNSON, agente especial, le enseño una fotografía de CHU EN TAO, uno de los oficiales de inteligencia que habían honrado a Chin en 1982. “¿ Conoce a este individuo?”.

CHIN respondió que no.

JOHNSON empezó a leer sus notas: “El 4 de febrero de 1982 usted salió del aeropuerto JOHN F. KENNEDY. llegó a Pekín el 6 de febrero y se hospedó en el Hotel Qianmen, en la habitación 533. hubo una cena en su honor, y lo nombraron jefe de una diputación del Ministerio de Seguridad Pública “.

– ¿ Bromea usted ? – preguntó CHIN.

– No; hablo en serio – contestó JOHNSON.

– ¿ Conoce a un tal OU KI- MING?

– No – mintió el espía.

El 31 de mayo de 1983 usted tomó un avión en el Aeropuerto Dulles, y llegó a Hong Kong el primero de junio.

Se entrevistó con OU KI-MING el 3, el 5 y el 14 de junio, y también el 17 de setiembre .

Usted le dijo que había peleado con su mujer, y que esta había retirado la demanda por maltrato que había entablado en su contra.

¡ Sólo OU podía saber eso ! – dijo CHIN, asombrado.

En febrero de 1986, durante su juicio, CHIN se declaró culpable de los cargos de espionaje y confirmó la mayor parte de los detalles de la información presentada por la FBI.

Fue encarcelado, y su sentencia quedó pendiente.

El 20 de febrero de 1986, después del desayuno, CHIN pidió una bolsa de plástico a un guarda, diciendo que quería limpiar su celda, pues habría inspección.

Cuando volvió a ella, se cubrió la cabeza con la bolsa, atándosela alrededor del cuello con un cordón de zapatos y, así, se asfixió.

LARRY WU-TAI CHIN fue un superespía toda su vida.

Se sabe que ocasionó que varios agentes estadounidenses fueran encarcelados en China .

Durante diez años entregó secretos de la CIA a los chinos y, por ello, la CIA no avanzaba gran cosa en sus operaciones contra China.

Algunos analistas estadounidenses opinan que CHIN fue responsable de miles de muertes, pues prolongó la Guerra de Corea, Dicen que, al identificar a prisioneros chinos anticomunistas en Corea, influyó en que China exigiera, que todos los prisioneros fueran repatriados.

La intransigencia de esta exigencia demoró la firma del tratado más de un año, en cuyo lapso prosiguieron los combates.

No cabe duda que CHIN contribuyó a que China obtuviera importantes concesiones de Estados Unidos a cambio de reanudar las relaciones diplomáticas.

En el supuesto de que los secretos que reveló hayan contribuido a dar forma a los términos del tratado de paz con Vietnam, seguramente fue CHIN el principal responsable de los millones de muertos que hubo después.

Aunque todavía se desconocen muchas de las consecuencias de la actividad de CHIN, se sabe a ciencia cierta que los Chinos siguen enviando agentes secretos a la sociedad estadounidense.

Estos espías, si no son detectados, podrían superar algún día las hazañas de LARRY WU-TAI CHIN.

RICHARD SORGE

En setiembre de 1933 llegó a Tokio un nuevo elemento del cuerpo de corresponsales extranjeros que, según todas las apariencias, parecía ser un buen ciudadano alemán.

Uno de sus primeros actos fue presentarse a la Embajada de Alemania.

– Soy Richard SORGE explicó, mostrando credenciales. intachables.

– Representaré el Frankjurter Zelitung en calidad de corresponsal.

De elevada estatura, elegante, trigueño y bien parecido SORGE mostraba indicios de llevar en las venas sangre eslava, a juzgar por la inclinación de los ojos azules y la prominencia de los pómulos.

Tenía 37 años.

En el donaire de su porte había un asomo de temeridad, compensado con el aspecto de intelectual que le daban su frente ancha, de pensador y el título universitario que autorizaba llamarlo Herr Doktor.

Aunque había solicitado ingresar en el partido, distaba mucho de ser un nazí apasionado.

Mostraba por el contrario, una mundana urbanidad, muy grata centro de la sosegada atmóferica de la embajada (donde siete meses después del ascenso de Hitler al poder todavía se notaba una perceptible frialdad hacia los fanáticos nacional-socialistas).

Las relaciones periodísticas de SORGE eran importantes.

El Frank Furter Zeitung, su principal representado, había sido entre los grandes diarios, uno de los últimos en sucumbir al dominio nazí y todavía se consideraba como el mejor diario del Tercer Reich.

Además SORGE llevaba cartas de otros dos periódicos muy conocidos, una revista financiera de Berlín y un diario holandés, el Algemeen Handeilaplad de Amsterdarm.

El encargado de negocios de la embajada quien lo recibió, quedo bien impresionado.

– Todo parece estar en orden.

– Le dijo desenvolviendo el montón de documentos.

Durante los meses siguientes Richard SORGE trabajó asiduamente, con muy buenos resultados y comenzó a acreditarse como corresponsal de prensa.

Su incipiente carrera en Tokio se amenizaba con un peligro potencial.

Un día conoció en la embajada a un periodista japonés llamado Aricomi Mitsukado, reportero del Jiji Shimpo.

Aritomi se le pegó inmediatamente como una lapa; le ofrecía interminables consejos útiles y se hizo tan asiduo acompañante suyo que casi no permitía que el alemán se apartase de su vista.

SORGE consistió en que Aritomi le buscara alojamiento permanente en un hotel y parecía aceptar de buen grado su insistente oferta de amistad, pero ya antes de que el gerente del hotel le adviertese que Aritomi había sido espía del ejército japonés.

SORGE había llegado a la conclusión de que aquel periodista de Tokio trabajaba por cuenta de la Junta Metropolitana de Policía, que le sometía a la vigilancia de rutina para todos los extranjeros recién llegados al Japón. Como vigilante, Aritomi era increíblemente torpe y SORGE observaba sus esfuerzos con el olímpico desprecio que puede sentir un ajedrecista avezado cuando le reta a jugar un niño de diez años.

Pués Richard SORGE era desde hacia mucho tiempo espía soviético profesional, un as como apparat de la Sección Cuarta (información Militar) del Ejército Rojo.

Estaba a la sazón emparcado en lo que habría de ser una de las operaciones de espionaje más extraordinarias de todos los tiempos.

LA FORMACION DE UN ESPIA:

Richard SORGE había nacido en Rusia cerca de la gran ciudad petrolera de Bakú.

Su madre era rusa; su padre alemán ingeniero empleado por la empresa petrolera del Cáucaso.

Cuando Richard tenía tres años de edad la familia se traslado a Berlín y aún no se había graduado en el Instituto de Segunda enseñanza cuando estallo la guerra de 1914, SORGE se alistó en las filas alemanas y fue herido de gravedad tres veces.

Durante los períodos de convalecencia comenzó a pensar en las causas económicas y políticas del conflicto.

Leyó asiduamente escritos de izquierda y salió de la guerra convertido en marxista sincero.

Abandonando sus proyectos iniciales de estudiar medicina, obtuvo su doctorado en ciencias políticas por la Facultad correspondiente de la Universidad de Hamburgo y se inscribió en el partido comunista, al cual le sirvió fielmente como minero de carbón, recaudador de fondos, agitador, profesor y periodista.

En 1924 el Comentario le pidió su colaboración para fundar una Oficina de Información Militar en su sede Moscú. Demostró gran aptitud para el trabajo, se dió de baja en el partido comunista de Alemania para afiliarse en el de la Unión Soviética y secretamente se hizo ciudadano de la URSS, destinado al Ejército Rojo, lo enviaron tiempo después a Snanghai donde dirigió un valioso apparat de espionaje.

A comienzos de 1933 lo llamaron a Moscú para encargarle que montara una red de espionaje en el Japón.

El encargado era un simple ensayo, pues nadie sabía si tal cosa era posible o no; y SORGE parecía el candidato menos apropiado para ello.

Pués indudablemente en aquel país sería muy notoria su condición de extranjero.

Con todo sus amos soviéticos lo consideraron el nombre idóneo para realizar esa obra.

Como disfraz simplemente aprovecharía su aspecto muy alemán y aún lo acentuaría.

Iría a Tokio en calidad de periodistas, así tendría entrada en todas partes, conocería a muchas personas, tendría derecho a hacer preguntas.

Podría desaparecerse durante semanas enteras y aparecer luego en lo más extraños lugares sin llamar siquiera al atención. Su oficio le ofrecía la base perfecta para las operaciones de espionaje.

Pero tenía que volver a Alemania para conseguir la debida documentación de la Sociedades Alemana de Asia Oriental de Tokio.

Con energía infatigable se propuso comprender al Japón; acumuló una formidable colección de obras de historia, economía, cultura y política japonesa y escribía despachos que lo señalaron como corresponsal extraordinariamente perspicaz y bien informado.

Nuevamente volvió a ser cliente consutudinario de los bares y aún entre el alegre círculo de periodistas se distinguió como bebedor extraordinario.

Atraía hipnóticamente a las mujeres, las conquista la con facilidad y elegancia y las abandonaba igualmente, sin dejar resentimientos.

Moscú le había concedido dos años para sentar las bases de la futura red de espionaje y durante este tiempo no debía intentar ninguna operación.

Su incipiente aparato comenzó con tres colaboradores.

El primero que se presentó era un alemán conocido como “Berhardt” encargado de armar y manejar un aparato de telegrafía sin hilos.

Luego llegó un joven Yugoslavo llamado Branko de Voukelitch, que pasaba como fotógrafo de una revista francesa.

El tercero enviado porque SORGE había solicitado un japonés que hablase perfectamente el inglés, fue Miyagi Yotoko, artista de 30 años de cabellera desgreñada que había emigrado a California a los 16 años de edad y allí se había afiliado al partido comunista.

Los contactos se hacían con extraordinaria cautela.

Cuando buscaron a Miyagi en California por ejemplo, le dieron un billete de un dólar para identificarse, le ordenaron ir a Tokio, donde leería las columnas de anuncios personales del Adverstiser de Japón en busca de determinada contraseña.

Por fin el 14 de Diciembre la descubrió: “Deseo comprar Ukiyoe” (cierto tipo de grabado japonés).

Al responder al anuncio se puso en contacto con Voukelitch, mostró su billete y lo comparó con otro similar que le enseño el Yugoslavo.

Los números de serie eran consecutivos.

Establecida su identidad llevaron a Miyagi a presencia de SORGE para que se conocieran.

Unico contacto personal de SORGE había estado en Tokio unos cuatro meses antes de que llegara el primer mensajero de Moscú: un escardinavo.Conversando en inglés, los dos discurrieron durante algunos minutos por el vestíbulo del Hotel Imperial y luego convinieron en encontrarse al día siguiente en una excursión de turismo.

Sólo entonces entregó SORGE los datos que había recogido en sus actividades de espionaje.

A cambio de ello recibió un paquete que contenía dinero para cubrir los gastos del aparato durante varios meses. las visitas esporádicas de tales mensajeros era él.

En 1934 el espía dió dos pasos que mejoraron considerablemente las perspectivas de la red de espionaje.

Primero tomó en alquiler una casa de dos pisos, en el número 30 Nagasazakimachi de Azabu-ku desvencijada, falto de pintura y con el jardín lleno de maleza, era lugar propicio para un periodista bohemio y descuidado.

Buscó una vieja ama de llaves, le dio instrucciones de ir a viajar cada maña temprano y salir a eso de las tres de la tarde.

Aquel arreglo le dejaba las tardes y las noches libres para recibir subrepticiamente cualquier visita o emprender otras actividades sociales.

El hecho de que aquellas vivienda quedase a muy corta distancia de la comisaría de policía Torizaka era excelente para efectos de disfraz ¿Qué espia iba a establecerse deliberadamente a la sombra de una comisaría de policía?.

Por iniciativa propia SORGE engancho a un segundo japonés para la red.

Era Ozaki Rotsumi rechoncho y bonachón periodista con quién había trabajado en Shanghai.

SORGE lo conocía como hombre cauteloso y sagaz, amen de comunista consagrado, aunque no vinculado oficialmente al partido, Ozaki iba a convertirse en uno de los auxiliares más valiosos del apparat.

En mayo de 1935 llamaron a SORGE a Moscú. Viajó por la vía de Nueva York, donde un agente comunista le proporcionó un pasaporte falso con el objeto de que en su documento legítimo no constase que había ido a Rusia.

Actuando como su propio correo llevo consigo un gran volumen de material, contraviniendo así las instrucciones expresas que le prohibían incurrir en tales riesgos.

El general Semion Petrovich Oritekii, perspectivas jefe de las sección Cuarta lo recibió cordialmente y en las consultas que siguieron, se mostró optimista respecto al porvenir del apparat de Tokio, se había llevado a cabo ya la fase inicial.

En adelante SORGE se concretaría a dos conclusiones: ¿Tiene el Japon intenciones de atacar a la Unión Soviética, si es así hasta que punto está equipado para llevar adelante la guerra? fuera de esto, tendría carta blanca para seleccionar los problemas en los cuales habrá de trabajar, a medida que vaya viendo cómo se desarrolla la situación.

APARICION DE MAX CLAUSEN:Lo que necesitaba urgentemente la camarilla de SORGE era un nuevo radiofomista, Bernohardt había resultado muy poco eficiente.

Aterrado sin duda, por el riesgo que corría, había tardado meses en instalar el emisor y luego trasmitía la menor cantidad posible de mensajes, cada transmisión lo sobrecogía de miedo, y por la gran tensión nerviosa en que vivía, comenzó a beber en exceso, exasperado, SORGE dedició al fin relevarlo del cargo y lo embarco con destino a la Unión Soviética.

Como sustituto pidió que le enviarán a Max Clausen, joven mecánico alemán, grandote, belludo y desaprensivo, que había sido radiofonista suyo en shangnai.

Moscú otorgó su consentimiento, pese a que Clausen habia dado que pensar como agente.

En Shanghai había trabado relaciones con una viuda joven filandesa, muy guapa y aplazó el matrimonio únicamente porque la tramitación oficial requerida podría originar complicaciones compremetedoras. Ana no era comunista, y los patrones soviéticos de Max no aprobaban enlaces, legítimos o ilegalmente, con extraños del partido.

En agosto de 1933 había ordenado a Max Clausen que fuese a Moscú, para disimular, debía viajar por Asia en compañía de una Señora que el partido designaría entre sus agente de confianza, pero Max se negó, sabía que Ana era muy celosa y no le toleraría que fuese de viaje tan lejos con otra mujer. Desafiando al Kremlín, anuncio que haría el recorrido acompañado por su novia, Ana Wallenius.

Max ganó la partida pero tuvo que pagar el precio de un período de semi-destierro en la estación de tractores a motor de la República del Volga donde conquistó reputación de su pericia en el manejo de radiotramisores y otras máquinas.

Al pedirlo SORGE para el Japón se consideraron tan valiosa sus habilidades especiales que Moscú haciendo excepción a su costumbre convino en pasar por alto sus actos de indisciplina.

A fines de noviembre de 1935. Clausen llegó a Tokio, era simplemente un técnico, sin embargo la red no comenzó a funcionar realmente hasta que sus hábiles y voluminosos conocimientos abrieron las comunicaciones en Moscú.

A TODA MAQUINA:

La Primera prueba importante del apparat se produjo a principios de 1936, cuando Tokio fue presa de una rebelión extraña y aparentemente inestable.

El 26 de Febrero unos 1400 soldados, dirigidos por oficiales de baja graduación, atacaron y tomaron varias edificaciones gubernamentales, mientras que patrullas de asesinos armados con metralletas buscaban a ciertos funcionarios en sus casas.

Fueron muertos dos ministros del gabinete,, mientras que el Primer Ministro, Aalmirante Okada Keisuke escapó porque los crimilanes mataron exclusivamente a su cuñado en vez de matarlo a él.

Los oficiales disidentes emitieron entonces un largo y apasionado manifiesto, incomprensible para los extranjeros.

Había ocurrido los más desconcertantes sucesos y SORGE pidió inmediatamente a sus colaboradores de espionaje que le ayudasen a esclarecerlos.

Por entonces la red funcionaba a toda máquina. Voukelicth no era ya un simple fotografo, sino también corresponsal de la Havas, agencia oficinal francesa de noticias y ese contacto le abría muchas puertas.

El joven artista Miyagi, que de espionaje no sabía nada cuando lo llamaron de California, habria demostrado desde entonces habilidades insospechadas como agente secreto.

Se especializaba en cuestiones militares tales como fuerzas, armamentos, moral y movimientos de las unidades del ejército japonés y la sazón estaba en vias de formar una red secundaria propia.

Osaki se había procurado un cargo, de notable valor estratégico, en un programa de investigación patrocinado por el diario Asana Shimbun, conocida por Toa Mondal Chosa Kai (Sociedad para el estudio de los problemas que Asia Oriental), servía como centro de difusión de ideas tocantes a varios aspectos de las relaciones del japón con China y Manchuria y entre sus socios se contaban especialistas en economía del continente, analistas políticos, representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ejército y la Armada, delegados del Estado mayor general y otros varios representantes del gobierno, industria y la intelectualidad del Japón.

Si tal organismo hubiese sido planeado por SORGE, no le habría podido ser más útil.

Mientras los tres investigaban el “Incidente” de 26 de Febrero desde su propio punto de vista, SORGE la averiguaba a través de la embajada alemana.

Es muy importante esclarecer las causas de la crisis.

Repetía e insinuaba él con el embajador Herbert Von Dirksen, el agregado naval, capitán Paul Wenneker y el agregado militar, teniente coronel Eugen Oct. debían investigar cada cual por su cuenta y reunir los resultados de sus descubrimientos.

Su prestigio en la Embajada era tal que fue aceptada la propuesta y en particular obtuvo del agregado militar, coronel Ott (con quién había trabado una extrañable e intima amistad), informaciones valiosísima acerca de los militares japoneses, incluso “varias clases de folletos, volantes y panfletos escandalosos”.

Estos y otros documentos recogidos por la embajada tenían tal importancia que SORGE cerró la puerta de la oficina que le habían cedido y con una cámara fotográfica minúscula, los retrato página por página para después remitirlos a Moscú.

El analisis que hizo Miyagi resulto notablemente exacto.

El alzamiento, le dijo a SORGE, era prematuro, estaba mal organizado y pésimamente armado y terminaría pronto.

Efectivamente a los cuatro días las tropas leales dominaban la situación.

En un informe posterior Miyagi señalaba que la politíca japonesa hacía la Unión Soviética que para SORGE era el quid del problema dependería de cual facción saliera vencedora del incidente.

Como aquel que dominase al Ejército dominaba al Japón, la camarilla que estuviese en el poder dictaría la política exterior, Miyagi calculaba que los moderados, capitaniados por lo general Ogaki Kazusaige (cuyo secretario era viejo amigo suyo) seguirían en el mando y que en ese caso la unión Soviética no estaría amenazada en plazo inmediato por el Japón.

SORGE tomó todos los informes y apreciaciones recibidos de Ozaki y Miyagi y los incorporó en una extensa memoria que presentó a la embajada alemana.

Ott que lo estimaba en alto grado trasmitió generosamente una copia a uno de sus superiores en Berlín y éste inmensamente complacido solicitó más informes de tan alta calidad.

El documento no solo puso por las nubes las acciones de SORGE con Dirksen y Ott, sinó que le proporcinó un magnífico pretexto para emplear los recursos de la embajada en sus futuras investigaciones.

Además sus bien documentados artículos sobre la rebelión aumentaron su prestigio ante sus colegas periódistas y ante toda la colonia alemana.

SORGE salió extraordinariamente quién en la primera prueba verdadera de su eficacia como espía soviético en Tokio.

Demostró excepcional habilidad para asimilar y depurar las informaciones para reconocer el momento oportuno y aprovecharlo, para poner discordia entre sus rivales a fin de sacar ventaja.

El extenso informe enviado a sus superiores (con un mensajero, pues el emisor de Clausen aún no habia sido probado) les demostró que no se habían equivocado al elegirlo.

Desde ese momento en adelante la red de espionaje de SORGE cobró en sus operaciones un ímpetu que habría de mantener durante los cinco años siguientes.

MUJERES EN EL “APPARAT”:

Durante algunos meses después de que Clausen marchó a Tokio, Ana Walleniuns se quedó en Rusia, al parecer como rehén de la sección cuarta.

No le permitieron que se reuniera con su prometido hasta que este logro establecer buenas comunicaciones radiofónicas, demostrando así que aún se hallaba firmemente atrapado en las garras de Moscú.

Al fin pudo ella reunirse con Max en Snangnar, donde se casaron.

Como lugar para nacer las emisiones, Max exigía una casa de madera de dos pisos situada en alguna vencidad densamente poblada; de madera, porque el metal interfería en la onda; de dos pisos, porque la mayor altura le ayudaba en la transmisión; en un sector populoso, porque dificultaría a la policía la labor de buscar por todas las viviendas cada vez que sus primitivos detectores de onda indicasen aproximadamente el sector.

Como medida de seguridad, se hacían todas las emisiomnes en inglés: si usaran el idioma ruso y los japoneses descubrieran la clave, podrían comprometer a Moscú; si usasen el alemán, peligraría la posición de SORGE en la embajada.

El negocio que fundó Max para disimular sus actividades (un taller de fotocopia), obtuvo buenos resultados económicos desde un principio, lo cual debió de satisfacer grandemente a Ana, capitalista de corazón.

Cuando Max trasmitía a Rusia desde su casa, ella le ayudaba asomándose a un ventana del segundo piso para advertirle de cualquier persona extraña que se aproximase a la casa.

Pero aquel servicio a la URSS no alteraba en nada las opiniones que solía expresar sin reservas acerca de la Unión Soviética.

– El comunismo no es bueno. Le dijo a Edith, ex esposa de Branko Voukelitch.

– La vida en Rusia es espantosa.

Quizá fue la franqueza con que Ana expresaba su sentir antisoviético lo que decidió a SORGE a usarla como correo o tal vez quizo complicarla en las actividades de la red para lograr su silencio.

El hecho es que la enviaron a Shanghai con 30 rollos de microfilms y regresó a Tokio envuelta en una capa de pieles, como recompensa de Max por haber cumplido su peligrosa misión, SORGE nunca usó a su amante como correo ni con ningún otro propósito de espionaje ISHII HANAKO era una hermosa japonesita empleada como camarera en el bar Rheingold de propietarios alemanes que SORGE frecuentaba.

Una tarde de 1935 dió la casualidad de que Hanako sirvió a la mesa de SORGE este se interesó por ella comenzó a invitarla y establecieron unas relaciones a las cuales el fue tan fiel como lo permitió su naturaleza.

SORGE fue generoso con Hanako al saber que se interesaba por la música le compró un piano alemán, le pago lecciones de canto y piano y hasta alquiló una casa para ella, al enterarse de que el apartamento que habitaba era muy pequeño para que cubriera el piano, sin embargo trato cuidadosamente de impedir que ella se enterase de sus verdaderas actividades.

– Está reputado como hombre muy brillante.

Dijo la vieja ama de llaves a Hanako cuando se encontraron a solas las dos.

– Sé también que trabajo mucho.

Ama-san, cómo llamaba SORGE a su fiel criada arrugó la frente con perplejidad y prosiguió explicando.

– Es algo distinto de los hombres que tienen esposa, no obstante ha cambiado desde que te conoció, y dedico a la joven una sonrisa de aprobación maternal.

Hanako dirigió la mirada al escritorio de SORGE como de costumbre parecía un nido de urraca.

El Señor siempre tiene el escritorio desordenado siempre respondió Ama-San resignada, con un trócito de papel que se le pierda, pone el grito en el cielo, como no se leer idiomas extranjeros, una vez tire un papel que creí inútil y !has de ver el lio que se armó!.

Desde entonces, por muy desordenado que lo encuentre le dejo el escritorio tal como está.

!CLAUSEN, CLAUSEN, CLAUSEN!:

Japón vivía entonces la manía del espionaje como una especie de sicosis colectiva; se decretaban días de antiespionaje y semanas de antiespionaje se inventaban lemas, se imprimían carteles y se hacía exhibiciones con el mismo fin en las vitrina de las tiendas.

El espía que pintaban siempre era un hombre de raza blanca, por lo cual para SORGE, CLAUSEN y VOUKELICTH cualquier error podría equivaler al suicidio. Y a pesar de todo eso, incurrieron en descuidos.

Una tarde llegó Clausen a casa de Woukelitch para hacer una emisión de radio; comenzó a palparse desesperadamente todos los bolsillos y al fin comprendió horrorizado, que debio de olvidar la billetera en un taxi.

Además de unos 230 yenes, llevaba allí su licencia de conducir, con su retrato y sus huellas digitales, amén de varios partes que iban a trasmitir a la Unión Soviética, entre ellos un informe de gastos de las operaciones de la red, escrito en inglés de puño y letra de Richard SORGE.

Al día siguiente Max llamó por teléfono a la sección de la policía para objetos perdidos con la esperanza de que hubiese devuelto alguién, sin reparar en su sospechoso contenido. pero nadie había llevado la cartera allí.

Clausen y Voukelitch no se atrevieron a decirselo a SORGE y pasaron los días siguientes teniendo miedo.

Tan sólo se sintieron aliviados cuando transcurrido cierto tiempo comprendieron que quién hubiese hallado la cartera se contentó con los 230 yenes y tiró los papeles.

Pero fue el mismo SORGE quién más imprudentemente invitó al desastre.

Le deleitaba la velocidad, le atraía el peligro y se complacía en desafiarlo.

Poco después de la inauguración de una agencia de motocicletas alemanas en Tokio, SORGE, como era inevitable, compró una potente Zuncapp negra.

Montar en ella era el único deporte que se permitía.

Su novia japonesa lo acompañaba en muchos paseos, aferrándosele nerviosa a su cintura mientras atravezaban vertiginosamente las calles de Tokio o iban dando reportes por los estrechos caminos de la campiña.

A eso de medianoche del viernes 13 de mayo de 1938, después de una velada en que se había empinado el codo más de la cuenta, SORGE salió haciendo “eses” del Hotel Imperial, montó en su Zundapp y emprendió la estrepitosa carrera hacia su casa.

De pronto apareció frente a él un muro.

Sintió como un estallido espantoso y un repentino e intenso dolor dentro de la cabeza.

Inutilizado por el choque traumático, quedo tendido en al calle hasta que un transeúnte lo descubrió y llamo una ambulancia.

Algún tiempo después se encontró en el hospital de San Lucas donde solían llevar a los extranjeros.

Por verdadero milagro no tenía heridas graves en el cuerpo; en cambio había sufrido todo el efecto del choque en la cabeza.

Uno de los manubrios se les había enterrado en la boca, destrozándole varios dientes y descajándole virtualmente por dentro la mandibula.

Sin embargo cuando los enfermeros intentaron llevarlo en camilla hacia el quirófanio de la sala de urgencia, SORGE se resistió firmemente.

– !Clausen! !Clausen! !Clausen!

– Gritaba, mientras se debatía con toda la fuerza de su voluntad para no perder el conocimiento.

No se atrevía a aceptar el alivio de la anestesia mientras no pudiese desembarazarse de algunos documentos sumamente compremetedores.

Llevaba varios informes escritos en inglés, listos para radiarlos a Rusia y una suma en billetes de banco norteaméricano. Naturalmente, no podía consentir que algún médico, enfermero o enfermera le encontrara aquellos papeles acusadores.

Así que SORGE recurrió a la última gota de su ferrea voluntad para ahuyentar los puntos negros que le danzanban en los ojos.

Alguién telefoneó a Max Clausen, quién por fin se presentó en el hospital de San Lucas.

Al verlo, SORGE ordenó inperosamente a los médicos y enfermeras que salieran de la habitación e hizo señas a Max para que se acercase a su cama.

– Vacíame los bolsillos. – le dijo penosamente a travéz de los labios tumefactos.

Max tomó al instante los informes escritos en inglés y el dinero.

SORGE dio en seguida un profundo suspiro de alivio, cerró los ojos y perdió el conocimiento.

Durante las semanas de convalecencia que siguieron, HANAKO solía visitarlo fielmente todos los días.

Tal vez la preocupación de la muchaha hizo desistír a SORGE de comprarse otra motocicleta.

Ella no se cansaba de decirle llorosa:

  • !Abunai des! ! Abunai des! (!es peligro! !es peligro!), ó quizá SORGE mismo penso en el riesgo que con su accidente había corrido la seguridad de sus operaciones.

Fuera como fuese, al reponerse compró un automóvil pequeño, color crema, que lo llevaba a todas partes segura aunque sosegadamente.

GOLPE DE CONTRAESPIONAJE:

El prestigio de SORGE en la embajada alemana era ya extraordinario (circunstancia que debía en gran parte a Ozaki).

Cuando japón invadió por primera vez a China en 1937, el periodista japonés había escrito un artículo en que vaticinaba una guerra larga.

Tal punto de vista no era popular en el Japón, donde se creía que China sería una presa fácil, pero al prolongarse mes tras mes el conflicto armado, se iba viendo cada vez con más claridad que Osaki tenía razón y su prestigio aumentaba en la misma medida.

SORGE opinaba lo mismo que Osaki, con respecto al “incidente de China”, y en la embajada alemana se había hecho eco de los pronósticos del japonés acerca de la duración de la guerra.

Por consiguiente su fama, ya muy buena, ganó más puntos y hasta lo invitaron a dar un conferencia al personal de la embajada acerca de la situación en China.

Pero también la buena estrella era un factor importante.

A principios de 1938 se le presentó a SORGE una brillante oportunidad.

Su amigo Eugen Ott, que ya era Mayor General, fue nombrado embajador para reemplazar a Dirksen, quién se retiraba por motivos de salud, SORGE y OTT habia hecho desde un principio amistad intíma, ambos habían sido heridos en el frente occidental y los dos eran aficcionados al ajedrez.

Con el permiso de Moscú, SORGE había informado a OTT que todas las averiguaciones de Ozaki y Miyagi que el estimaba prudente comunicarle y le había proporcionado al Mayor General un conocimiento del Japón que Ott no hubiera conseguido por las vía diplomáticas y militares corrientes.

Los conocimientos así obtenidos por OTT sobre asuntos japoneses habían influido, indudablemente, para que lo nombraran embajador (raro honor, pues el ascenso de un agregado militar al puesto diplomático principal era extraordinario).

Como embajador OTT dependía aún más que antes se SORGE, y los agregados militar y naval consultaban con el sus problemas solían llevarle los borradores de telegramas e informes importantes para que les hiciese observaciones.

– ¿Qué piensa de esto?

– Le preguntaban como ávidos alumnos.

– Si esto necesita algún cambio ¿como cree usted que se debe hacer?

El embajador OTT había delegado, inclusive a emplear a SORGE como emisario alemán, enviándolo a Manila, a Cantón y a Hong Kong con rango diplomático para que no tuviese que pasar por las revisiones aduanales ni policiacas.

Cuando SORGE se hallaba aún en el hospital, tras su accidente de motocicleta, ocurrió algo que hizo más valiosa para Rusia la buena posición de un espía en la embajada alemana y fué la detección del general ruso de tercer grado G.S. Lyushkov quién abandonó su puesto cerca de la frontera de Manachukuo y cayó en manos del ejército japonés de Juantung.

Encantados con tan distinguida, cuanto inesperada presa, los japoneses lo condujeron inmediatamente a Tokio para interrogarlo.

Sus declaraciones fueron tan copiosas y reveladoras que la embajada alemana, a la cual mantenía informada, el alto mando japonés propuso que Berlin enviase una misión especial para interrogar a Lyuskoy sobre asuntos que podían afectar a los intereses alemanes.

– ¿Desean ver el informe de esa misión? – preguntó SORGE a sus jefes soviéticos.

La respuesta fue categórica: la red debía hacer un esfuerzo máximo para obtenerlo.

Va a ser muy difícil conseguir todos los datos; explicaba SORGE a Moscú exagerando como era habitual en él, las dificultades de su oficio.

En efecto, fue sumamente sencillo.

Al llegar la misión especial con un informe de varios centenares de páginas, la embajada obtuvo una copia e inmediatamente mostraron a SORGE.

Revelaba la existencia de un elemento de oposición en Sibería.

El espía halló sorprendentemente detalladas”, las informaciones referentes al Ejército Rojo de Sibería.

Se asentaba por ejemplo que había aproximadamente 25 divisiones en Siberia y Mongolia y se describía su situación, constitución, y efectivos.

SORGE estimó que la mitad del informe por lo menos, merecía fotográfiarse para transmitirlo a la Sección Cuarta.

Hizo un buen servicio a la Unión Soviética señalándole inmediatamente lo que el enemigo en potencia había podido aprender.

Sobre todo presentó un informe de inestimable valor al advertir que Lyushkov habia revelado la clave militar, pues sus amos soviéticos pudieron cambiar oportunamente la cifra y tapar así un peligro y escape de su depósito de espionaje militar en Extremo Oriente.

BAJO VIGILANCIA:

Cuando el principe Konove Fuminaria ocupó el cargo de Primer Ministro a mediados de 1937, la camarilla de SORGE estuvo de plácemes.

Miyagi era amigo íntimo del secretario del general Ugaki Kazushige, ministro de RREE en el gabinete de Konoye.

Y el nuevo ministerio dió empleo como consejero en asuntos chicos a Ozaki, quién al mismo tiempo se asoció al famoso Grupo del Desayuno (el Asameshi Kai) o reunión de personas distinguidas que formaban una especie de “grupo asesor extraoficial” del jefe de gobierno.

Solían reunirse a la hora del desayuno dos veces al mes para tratar asuntos importantes y naturalmente eran una valiosa fuente de informaciones para Ozaki.

Tales contactos permitieron a SORGE enviar a Moscú calculos de la producción agrícola, el alimento disponible de la pesca obtenida, el potencial de sus industrias bélicas y muchos otros datos, además de predicciones, basadas en informes concretos, de las intenciones políticas.

Gracias a eso, Moscú fue una de las capitales mejor informadas en cuanto se referia a asuntos de Extremo Oriente.

A los 18 meses de estar en el poder, cayó el gabinete de Konoye, pero Ozaki quedó en el Asameshi Kai y pocos meses después obtuvo un empleo en la sección de investigaciones del Ferrocarril Meridional de Manchuria.

Tal puesto era más estratégico que él de asesor del gabinete, pues en el ferrocarríl mantenía las más estrechas relaciones posibles con el ejército de Kuantung. además sus funciones en la Sección de Investigaciones le daban acceso a informes de política interior y exterior, economía, movimientos del ejército de Kuantung y en general que la organización militar japonesa.

Se puede decir, en verdad, que Ozaki gozaba de una butaca de primera fila para observar cualquier paso importante que japón pensará dar contra Rusia.

En setiembre de 1939, cuando Hitler sumió a Europa en la guerra atacando a Polonia, en ambiente de la embajada alemana se tornó visiblemente más estricto.

Durante varios meses el embajador OTT había estado tratando de lograr que SORGE ingresará oficialmente en el cuerpo diplomático.

SORGE se les había arreglado para negarse sin ofenderlo, pero el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán ya estaba apoyando al embajador y ofrecía a SORGE el puesto de Agregado de prensa.

Era asunto delicado, pues un puesto oficial, con horas fijas de trabajo, estorbaría seriamente sus actividades de espía y además requeriría una minuciosa investigación de sus antecedentes que podría resultar desastrosa.

SORGE rechazó la propuesta, lo cual enfureció a OTT.

Para calmar a su amigo y no perder tan valioso contacto.

SORGE ideó una formula de transacción.

Aún resistía a ser empleado oficial, pero firmó un compromiso formal “de desempeñar continuamente funciones de colaborador privado del embajador OTT” y además de “seguir proporcionando diversos informes a la embajada”.

En Octubre de 1939 día Tokio (policía secreta japonesa) comenzó a investigar discretamente a SORGE.

No tenía ninguna sospecha concreta de él, pero si tres razones poderosas para vigilarlos, era extranjero, periodista y frecuentaba la embajada alemana.

Los extranjeros en general eran contaminadores intelectuales de ideas antijaponesas y posibles corruptores de la juventud.

Los periodístas andaban metiendo las narices en asuntos que no les incumbía ¿Y quién sabe que conjuraciones se fraguan tras las puertas de las embajadas?.

El agente destinado a vigilar a SORGE fue saito Harutsugu, de 28 años de edad, joven bien parecido, bien presentado e inteligente, que se sentía muy orgulloso con su categoría de espía de Tokio.

Ambicioso y sereno salto no se precipitó en la tarea de acechar a SORGE.

Lenta y cautelosamente fue anotando las costumbres y la rutina de su hombre.

A veces comenzaba la vigilancia desde que SORGE salía de su casa; en otras ocasiones lo esperaba en uno de los bares que solía frecuentar teniendo buen cuidado siempre de no dejarse ver por SORGE.

Así con mucha cautela y nunca durante más de una o dos horas cada vez.

Saito espiaba al espía.

DESENCANTO DE UN AGENTE SECRETO:

“Entre las formaciones del Ejército Japonés”, preguntaba Moscú por radio en 3 de Marzo de 1940.

“Existía realmente las divisiones 107, 109, 110, 114 y 106.

Si es asi, investigue y diga en qué lugares están acantonadas”.

“Es indispensable que obtengamos detalles de la fábricas de aviones exigían el 02 de mayo”.

“También necesitamos un cálculo de la producción de cañones en 1939 y conocer las medidas que se están tomando para incrementarla”.

Tales solicitudes llegaban frecuentemente de Moscú y la trasmisión de la respuesta de SORGE, mantenía muy ocupado a Clausen.

Durante 1939 había transmitido 50 veces; casi una vez por semana.

Algunas emisiones duraban uno, dos y tres horas y como cada mensaje requería previamente un laborioso cifrado, Clausen vivía sometido a una enorme tensión nerviosa, sobresaltado siempre por el temor de ser descubierto.

Lo dominaba el pánico mientras se sentaba a la mesa de cifrar o ante el aparato emisor: temblaba cada vez que tocaban la puerta o sonaba el teléfono.

Una semana de tensión como aquella hubiese sido suficiente para volver loco a cualquiera.

Sin embargo Max la había resistido durante casi 04 años, pero en la primavera de 1940, sufrió un ataque cardiaco tan grave que el médico le ordenó guardar cama durante 04 meses.

Podía abandonar el negocio de las fotocopias durante unos pocos meses, pues marchaba bien en manos de sus competentes empleados, pero SORGE le advirtió claramente que debía seguir manejando el emisor de radio, Clausen improvisó una mesa inclinada para la cama, aparentemente para leer acostado, pero en realidad para cifrar y descifrar despachos; y siguió transmitiendo y recibiendo como de costumbre.

Después que Max llevaba en cama 02 meses.

SORGE accedió a enviar a Moscú un mensaje radiado: “Clausen ha sufrido un infarto cardiaco, Maneja el inalambrico acostado”.

Dos días después Max captó el siguiente mensaje:

“Dicen que el Ejército japones procede a la movilización general de rerservas. Averigue e informemos cual es el propósito”.

El rumor es falso.

No había tal movilización general.

Pero Max no podía menos resentirse por la fria indiferencia de sus amos antes su enfermedad.

Con el tiempo se repuso del infarto, pero comenzo a declinar su entusiasmo por el comunismo.

En la economía bélica japonesa había tenido auge las edificaciones y por consiguiente, hubo gran demanda de fotocopia de planos, así pues el negocio de Max prosperaba.

No puede seguir siendo revolucionario ardiente quién conduce un Mercedez -Benz y al lado lleva a su esposa envueltas en costosas pieles.

Aunque la realista Ana servía ocasionalmente de correo, lo hacia a regañadientes, y no desperdiciaba oportunidad de malquistar a Max con sus amos soviéticos.

En el otoño de 1940 la Sección Cuarta resolvió hacer economía en sus operaciones de Tokio.

ADVERTENCIA A MOSCU

A principios de 1941 el peligro amenazó a SORGE en el lugar donde se sentía mas seguro : la embajada alemana.

A oídos de Wilhelmvon del Ritgen, jefe de la sección de la prensa del reich; habían llegado quejas por los dudosos antecedentes de SORGE, el corresponsal que le había estado enviando informes tan en juiciosos y cuidadosamente preparados acerca de la situación del Japón.

Como director de la NS Partei-Korrespondene, Ritgen consideraba indispensables aquellos informes y no quería que algún agente de Gestapo, quizá por exceso de celo, fuera a cegarla la valiosa fuente de información.

Por ese motivo pidió que investigarán a fondo a Richard SORGE, para dejar en claro de una vez por todas las sospechas absurdas del partido contra el gran corresponsal del Frankjurter Zeitung en Tokio.

La investigación tuvo resultados ambiguos. aunque no reveló ninguna prueba concreta de que SORGE fuese agente soviético, demostró que muy bien podría serlo.

No obstante Ritgen pensó que debía mantener en activo a un periodista tan valioso.

El jefe del servicio secreto exterior. Walter Schellenberg, coincidió con aquella apreciación y sometió el asunto a su superior, Reincahrd Heydrich jefe de la policía de Seguridad, heydrich resolvió que SORGE podía continuar trabajando, aunque sometido a observación

En mayo de 1941 llegó a la embajada como oficial de seguridad el tristemente celebre “Carnicero de Varsovia”, coronel Joseph Meisinger de la Gestapo, llevaba instruciones secretas de vigilar a SORGE de informar a Berlín de lo que averiguaba.

El embajador OTTO nunca llegó a tratar amablemente al nuevo funcionario, pero SORGE lo tomo bajo su protección y pronto supieron todos que se habían hecho buenos amigos.

SORGE tomó esa determinación porque debió olfatear el peligro con el instinto animal y certero sin el cual ningún espía puede sobrevivir durante mucho tiempo, pues él y Meisinger formaban una pareja en verdad extraña.

El caso es que la suerte lo siguió favoreciendo y Meisinger rindió a Berlín un informe favorable.

Los acontecimientos internacionales se sucedían a un ritmo acelerado por momentos.

Un día llegó de Berlín un emisario muy importante, el coronel Oskar Ritter Von Niedermaver, con la misión de investigar “hasta que punto estaría Japón en condiciones de participar en una guerra contra Rusia”.

Niedermayer llevaba una carta de presentación para SORGE del exembajador Dirksen y ante el hechizo de la hospitalidad del espía, le confió que se había decidido ya iniciar la guerra germano-soviética y que Alemania se había propuesto tres objetivos:

  • Ocupar a Ucrania, granero de Europa.
  • Capturar por lo menos un millón de prisioneros para que trabajaran en la agricultura y en la industria alemana.
  • Eliminar la amenaza a la frontera oriental del Reich, Hiltler pensaba que Alemania debía combatir algún día contra Rusia y que había llegado ya la hora.

Atando cabos de las informaciones fragmentadas que traían otros haciendo su composición del lugar.

EL teniente coronel Schol, que había sido agregado militar alemán en Tokio, se detuvo poco tiempo en esta ciudad iba de camino a ocupar un puesto en Tailandia y candidamente revelo las instrucciones muy secretas que llevaba :

– “La guerra germano-soviética se iniciara el 20 de junio; puede postergarse durante unos días, pero todos los preparativos ya están completos.

En la frontera oriente se concentrarán de 170 a 190 divisiones alemanas, todas ellas blindadas o motorizadas.

El ataque se desatará en todo el frente, aunque su fuerza principal se dirigirá primero a Moscu y Leningrado, y luego a Ucrania.

Para iniciar la guerra no enviaran ningún ultimátum sino que le declararan después de iniciada la batalla.

En el lapso de dos meses puede desmoronarse el ejército rojo y caer el régimen soviético. en ese caso, durante el invierno se abriría el ferrocarril transiberiano, para establecer contacto con el Japón”.

Aquella era una noticia sensacional.

Hitler había firmado en 1939 un Pacto de no agresión con Stalin (en que secretamente se repartían a Polonia), y ahora se preparaba cínicamente para traicionar al dictador soviético.

SORGE llevó a toda prisa el informe a Clausen y le ordenó que lo trasmitiré enseguida.

Luego espero impacientemente, algún indicio de que la Unión Soviética estuviera aprovechando oportuno aviso.

No hubo nadie.

Ni siquiera un acuse de recibido; ni aún la petición de más detalles.

Según su costumbre, Clausen había extractado mucho el informe, pero aún la única respuesta recibida al fin fué un lacónico telegrama que decía: “dudamos de la veracidad de su información”.

Dio la casualidad de que, al recibido de tan rudo mensaje, SORGE estaba con Clausen, se enfureció ; poniéndose en pie de repente, comenzó a pasear por la habitación de un lado otro, con la cabeza agarrada a dos manos, mientras preguntaba vociferando:

– ¿Porque no me creen esos miserables ? ¿Porqué desatienden así nuestras partes?

¿HACIA DONDE IRA EL JAPON?

Mientras esperaba impotente la Blitzkrieg Alemania, SORGE comenzó a beber excesivamente y a veces solía entregarse a la desesperación.

Al parecer no había manera de avisar oportunamente del peligro que acechaba a su patria.

Al sobrevivir el golpe se comprobó que su información había sido desdichadamente exacto.

Hitler atacó el 22 de Junio, y alcanzó tan extraordinarios triunfos que la existencia misma de Rusia parecía amenazada.

Los Soviéticos comenzarón a preocuparse desde ese instante. ¿Pensaban Japón aprovechar la situación desesperada por la espalda a través de Siberia?.

– “Con respecto a la guerra germano-soviético, ¿que decisión ha tomado el gobierno japonés acerca de nuestro País?” radiografiaba nerviosamente a Moscú. “¿Hay movimiento de tropas hacia nuestras fronteras”.

La embajada alemana no podía dar a SORGE la respuesta. aunque Nominalmente Alemania y el Japón eran aliados (habían firmado junto con Italia, el pacto Tripartito el 27 de setiembre de 1940), Japón, por lo visto no estaba evitó de sacarle las castañas del fuego a Alemania.

Cuando el embajador OTTO trató de persuadir al gobierno japonés de que había llegado la hora de ayudar a sus aliados atacando a Rusia por el oriente, los japoneses se mostraron extrañamente evasivos.

Con ininterpretable cortesía.

Se negaron a comprometerse.

Hacia poco, para consternación desde Alemania y entonces, obligado por este Pacto?.

El embajador OTTO no podía saberlo.

Tampoco pudo Ozaki descubrir inmediatamente las intenciones del Japón, aunque el Grupo del Desayuno se había estado reuniendo semanalmente.

En la Primera junta celebrada por el Grupo después de comenzar la invasión de Rusia.

Discutieron los nueves sucesos con variados sentimientos.

Siguiendo con gran respeto los progresos de la máquina bélica nazi, algunos de los más impresionantes, temían que no se detuviese hasta llegar a Vladivostok. tal perspectiva no era especialmente alentadora a llegar.

Los Alemanes eran magníficos aliados…… con tal que se mantuvieran separados por los océanos y un continente.

Pero, por otra parte ¿No seria aquella una oportunidad mandada del cielo para atacar a Rusia Por Siberia, reclamar un trozo de territorio para el sol naciente y librarse, quizá de una vez por todas, de la amenaza soviética?.

La conclusión final fue negativa : “Aunque el Japón se uniese a Alemania la guerra sería muy difícil derrotar a Rusia “.

Así recuerda matsumoto Shigeehaeru (a la sazón jefe de la agencia japonesa de noticias Domei), la síntesis de la decisión tomada.

En cuanto a conquistar territorios, “solo los Rusos pueden sobrevivir en el clima de Siberia.

Hace mucho frío allí para los japoneses”.

Pero no podía negarse el hecho de que el Japón había iniciado por entonces la movilización general, posiblemente en preparación de un ataque contra Rusia.

Los militares, que al fin y al cabo detectaban el poder, parecían dispuestos a la conquista.

Una facción (a la cual Ozaki daba su apoyo en el Grupo del Desayuno) abogaba por hacer caso omiso de Rusia y buscar la expansión hacia el sur.

Allí en las fértiles facción (a la cual Ozaki daba su apoyo en el Grupo del Desayuno) abogada por hacer caso omiso de Rusia y buscar la expansión hacia el Sur.

Allí en las fértiles tierras de la indochina, Malaya, las Indias Orientales Holandesas, y Filipinas.

Habían petróleo y materias primas para alimentar los fuegos del Imperio, así como territorios, bajo cielos benignos, para los millones sobrantes de japoneses.

SORGE no podía comunicar a Moscú las intenciones del Japón mientras el gobierno no resolviera algo. y evidentemente todavía no había determinado que rumbo tomar.

SE ESTRECHA EL CERCO:

La buena estrella de la pandilla de SORGE estaba tocando a su fin.

Durante varios años habían estado operando con gran actividad y casi sin contratiempos.

Pero ya estaban viviendo horas de más y se acercaba el día de entregar cuentas.

El desgreñado pintor Miyagi, que sufría tuberculosis y se inclinaba a mostrarse áspero, lo presentía con siniestro fatalismo, había redonblando las precauciones e hizo un arreglo para enseñar pintura una vez a la semana a Yoko, la hijita de Osaki, como pretexto para visitar su casa esperaba, no obstante, que la polícia hechara el guante de un momento a otro.

También Max Clausen estaba nervioso.

En los últimos días una serie de incidentes especulaciones había afectado mucho su serenidad.

Un día mientras estaba trasmitiendo, le cayó de visita un agente de la Kemper Tai.

Presurosamente interrumpió Max la corriente eléctrica del trasmisor y cerrando con llave la habitación del segundo piso, fue a la planta baja a recibir a su visitante.

Por fortuna se trataba de una simple inspección rutinaria para cubrir las apariencias.

En otra ocasión, apenas Max comenzaba la trasmisión, cuando un obrero de reparaciones apareció en el tejado, cerca de su ventana.

Tales incidentes podrían ser mera coincidencia, pero no cabía duda del interés demostrado por cierta gente de TOKIO: Aoyama Shigeru, vecino de SORGE, de la estación Toriizaka de la polícia, Aoyama se presentaba con frecuencia, cuando habia salido Max a interrogar a la criada, que informaba fielmente a su amo de las visitas.

A Aoyama le llamó la atención Max por primera vez, por casualidad, cuando investigaba a un vecino suyo, oficial francés que estaba complicado “en algún asunto de fans”. Día tras día el joven interrogaba a la criada de Clausen con la esperanza de obtener alguna información sobre el Don Juanesco francés, le escuchaba a medias cuando ella le charlaba con sus señores, y no se atrevía a mandarle callar por temor de que se sientiese ofendida y no hablase más.

Un día la criada la pronuncio una frase que interesó vivamente a Aoyama.

– Mi patrón se levanta a media noche, y manipula una máquina que tiene botones brillantes.

Pobre Clausen !Ay de todos sus esfuerzos para que su sirvienta ignorada sus actividades, si hay algo que una criada oriental no sepa de la casa de su amo, será porque no vale la pena de saberse.

Como el mismo Ayoma era aficionado a la radio, reconoció la descripción y tuvo una inspiración.

Recordó que grecia poco un oficial de radiocomunicaciones le había preguntado si sabía de alguien en el sector de Azabu que manejase un transmisor de onda corta no registrado.

¿Podría ser que hubiese dado con el pez gordo, así por casualidad?.

Desde ese instante no se apagó ni un momento su intenso interés por Max Clausen.

No obstante fue un joven llamado Ito Ritsu, asistente de Ozaki en el ferrocaril Setentrional de Mancuria, quién sin querer dirigio a la Tokko hacia la red de SORGE.

Detenido por comunista, Ito se convirtió en delator a pesar suyo.

La Tokko le preguntó si sabía de algunos afiliados al partido comunista, entre los japoneses recientemente repartiados de los EE.UU. (ya que era de un grupo sospechoso).

Haciendo memoria, Ito recordó que la patrona de su casa tenía una tía que había regresado de los EE.UU. pocos años antes y que a menudo se jactaba de ser comunista.

He aquí camarada tan insignificante -pensó probablemente que podría sacrificarse con el menor costo para la causa, así que la delató.

Aquella señora, Kitabayashi Tomo, dirigía la escuela de modistas en los Angeles situada en ondas 2-74 Shibuya-ku, Tokio.

Poco más o menos más tarde se le presentaron libreta en mano, dos jóvenes agentes de la sección de extranjero de la Tokko elegantemente uniformados.

Sentía mucho molestarla- explicaron pero se trataba solo de una encuesta periódica rutinaria ¿podría hacerle algunas preguntas?.

La Tokko no tenía intensiones de retenerlas entonces para el personaje menores que se encontraba dentro del trabajo habitual, ya sabia donde hayarla en caso de necesidad.

Aunque siguieron vigilandola después del superficial interrogatorio, no sabían cuanto se habria acercado al filón principal.

Con todo, los métodos infinitamente paciente de la Tokko iban por fin a dar fruto, pués la Señora Kitabayashi y su esposo había recibido pensionista en los Angeles en 1932, y entre todos los jóvenes japoneses que vivieron en California había alquilado una habitación a un joven pintor Miyagi Yotuco.

LA ULTIMA TRANSMISION:

SORGE se había entregado completamente al problema que le encomendó Moscú? ¿Cuáles eran las intenciones del Japón?. Informó acerca de la movilización general y transmitió lo que pudo con relación al movimiento de tropas hacia la frontera siberiana.

Al enterarse Ozaki del acuerdo que se había tomado en la Conferencia Imperial del 2 Julio, SORGE comunicó también el resultado.

El Japón Marcharía hacia el sur, pero podría atacar también a la URSS si las circunsttancias lo permitían.

Pero se cernían nubes de tormentas en las relación con Japón, con los EE.UU. y SORGE opinaba que la guerra entre estos dos países era una posibilidad clara.

Si Japón resolvía combatir contra los EE.UU., era evidente que no quería luchar contra la URSS.

La confirmación de tal postura llegó el 20 de Agosto en una conferencia de 4 días entre los 4 alto jefes del ejército de Kuantund y el Estado Mayor Japonés.

– El Ejercicio de Kuantund a resuelto no guerrear contra Rusia le dijo Osaki un compañero del ferrocarril septentrional de Mancuria y por eso su representantes están ahora en Tokio, hablando con las autoridades centrales.

El cargo de Osaki en el ferrocarril septentrional de Manchuria lo llevó Dairen, y allí siguió Hsikting y Hotaow observando cuidadosamente las operaciones ferroviarias.

Complacido pudo comprobar que no había grandes movimientos de tropas ni de material.

En Hottain tuvo la suerte excepcional de ganarse la confianza del Director de estadística de la oficina general de aquella sucursal.

Dicho funcionario le informó que antes de la gran movilización de Julio el ejército de Kuanlung, había ordenado su transferencia al ferrocarril que se preparase a recibir 100,000 toneladas diarias de cargamento pedido durante 40 días; puso sobre aviso, además, a los directores de la vía férrea para que”tuviesen listos 3000 obreros ferroviarios experimentados y esperasen un ataque contra el Ejército Rojo”.

Solo al principio se había cumplido la orden según el plan.

Luego el número de obreros ferroviarios se redujo paulatinamente a 1500, luego a 1000 y finalmente a 156.

En el momento de su conversación con Osaki sólo unos 10 se había empleado.

No es posible exagerar la importancia está información para Osaki.

Ahí había por primera vez pruebas fehacientes: hechos concretos y esputos, directamente tomados de la fuente, del proyecto de una enorme operación contra la Unión Soviética y de su abandono posterior.

Era aquel el tipo de pruebas que los realistas funcionarios de la Sección Cuarta podían apreciar.

El sábado 4 de octubre de 1941, día en que SORGE cumplía 46 años, Clausen envío aquellos informes a la Sección Cuarta.

Transmitiendo desde casa de Voukelicth, pasó la esencia del informe de Osaki acerca de su viaje por Manchura y las seguridades finales dadas por SORGE de que la patria comunista estaba a salvo de una guerra en dos frentes al menos por el momento.

“El extremo oriente Soviético puede considerarse a salvo de un ataque japonés”, informaba SORGE a sus amos, “al menos hasta fines del próximo invierno sobre este punto no hay la mejor duda. la agresión japonesa se producirá solamente si se destaca la mayoría de las tropas de sibería al frente occidental, o si se desatará en sibería la guerra civil”.

El efecto que tuvo tan precisa velación en la estrategia Soviética es difícil de apreciar con exactitud; la Unión Soviética no ha publicado los detalles del consiguiente movimiento de tropas, pero no cabe duda que influyó en las determinaciones tomadas por altos dirigentes en uno de los momentos de mayor peligro en la larga historia Rusa.

A fines de 1941 la Unión Soviética retiró más de la mitad de las fuerzas que tenía en el extremo oriente y las lanzó al combate en el Oeste.

Y esos contigentes fueron suficientes para cambiar el curso de la guerra ante Moscú, cuyas puertas batían ya solo los triunfantes ejércitos alemanes.

La información que llevó a ejecutar el imponente desplazamiento de tropas fue la última que llegó a Moscú procedente del grupo de SORGE.

No volvería a transmitir ningún otro parte.

Esa noche SORGE acompañó a Hanako al bar Lohmeyer, a tomar una copa para celebrar el sexto aniversario de haberse conocido.

Se sintió incómodo allí.

– Este lugar junto al mostrador no me gusta.

– Dijo de repente.

Hay muchos agentes de la policía.

La condujo entonces a una mesa situada al centro del salón.

Formaba una pareja llamativa esa noche: La apariencia apuesta y magnética de SORGE contrastaba con la pálido esbeltez de Hanako, que llevaba un atractivo vestido occidental pero su conversación era lúgubre.

Trataban de la posibilidad de la guerra con los EE.UU.

  • Las cosas han ido ya demasiado lejos para que puedan arreglarse.

– Decía Hanako – El incidente de Shana se está prolongado y han muerto muchos. El gobierno del Japón es partidario de la guerra.

Luego añadió, más jovial: quizás Japón imite a los alemanes y ensaye la guerra relámpago.

Si Japón declara la guerra a los EE.UU. – respondió SORGE – no ganará jamás será derrotado de manera aplastante.

Al disponerse a pagar la cuenta SORGE pidió a Hanako que lo esperase afuera.

Era apenas las 6:30 Pm. y comenzaba a caer la tarde en Tokio cuando salió del Bar para reunirse con ella.

– Me parece que no debes venir a casa conmigo está noche.

– Le dijo – la Tokko nos está siguiendo. Es preferible que te quedes en casa de tu madre. Cuando mejoren las cosas te enviaré un telegrama.

Los ojos grandes y lloroso de Hanako le interrogaban en silencio.

– ¿Te sentirás muy solo?

– Aunque así sea, estaré bien. – Repuso él – mejor vete ya.

Al alejarse Hanako y dirigirse a la Ginza, no le asalto el negro presentimiento de que había visto a SORGE por última vez.

FALLA EN UN INTENTO DE SUICIDIO :

Al fin la Tokko se decidió a detener a la propietaria de la escuela de postura, Señora KitaBayashi Tomo, y la interrogaron en forma pausada, cortéz y rutinaria.

De su vida solo les interesaba un aspecto.

Al aprenderla llevaba consigo una suma de dinero norteamericano. ¿quién le había dado aquellos dólares y porque?.

La señora replicó aquella pregunta con la verdad… no toda claro está.

Su buen amigo Miyagi Yotoku a veces le daba dinero en recuerdo de su vieja amistad.

Había sido su pensionista en los Angeles que habían seguido visitándose en el Japón.

Con un poco más de suave insistencia Tomo confesó que Miyagi y ellas habían sido camaradas, afiliados al partido comunista de los EE.UU.

De los voluminosos archivos de la Tokko unos dedos diestros sacaron en poco tiempo el expediente de Miyagi; nacido en Okinawa de una familia de inmigrantes transferidos a California a los 16 años, repartiado al Japón; pintor profesional; tuberculoso.

No era persona muy dependiente que se dijera; y mucho menos estaba en condiciones de hacer regalos cuantiosos en efectivo a su antigua casera, y sobre todo en dólares, por amistad desinteresada.

El joven artista enfermó y una costurera vieja y fea no sería, seguramente protagonistas de un idilio apasionado.

¿Porqué, entonces daría Miyagi el dinero a la señora Katabayashi?.

La Tokko no se figuraba aún que Miyagi fuera espía, pero resolvió detenerlo para interrogarlo.

Tres agentes tocaron a su puerta.

Siguieron a su casera escaleras arriba en las que la mujer pudiera protestar y encontrado a Miyagi en cama.

– Tenemos algunas preguntas que hacerle -le dijo uno de ellos.

– ¿Podrían venir con nosotros?

Miyagi se dejó detener con estoica dignidad.

Hacía muchos meses venía esperando que le cayera sobre el hombro de la mano de autoridad.

Mientras se vestía, los detectives registraron la alcoba.

Hallaron varios documentos encima de la mesa totalmente a la vista.

Al examinar aquellos papeles por poco salen los ojos de sus órbitas.

Entre ellos había un estudio completo de las reservas de petróleo del Japón en Manchuria.

Aquel era un dato ultra secreto.

El petróleo formada la sangre de las venas del Imperio era tan valioso que se distribuía, como quién dice con cuentagotas.

Sin embargo en aquella covacha de un segundo piso había un informe completo de las existencias que poseía el Japón y los lugares donde se habían almacenados, y los informes no estaban consignados en japonés, sino también en traducción inglesa, cuidadosamente escrita a máquina.

En ese momento los agentes de la Tokko comprendieron algo de la verdadera naturaleza del caso que tenía entre manos; había salido a pescar una sardina y dieron con un tiburón.

Aquella tarde, en la estación Tusukiji de la política, un detective interrogó a Miyagi durante tres horas.

El pintor confieso que eran suyos los documentos, pero pasó la mayor parte del tiempo respondiendo preguntas referentes a su pasado.

La Tokio era muy minuciosa y por lo visto no tenía tan prisa.

El interrogatorio se reanudó a las diez de la mañana del día siguiente, con un grupo de seis agentes de la Tokko sentados alrededor de una mesa larga, en un salón de conferencias del piso alto.

Miyagi quedó atrapado entre seis fuegos: de todas direcciones le disparaban preguntas de carácter general: pero las que relacionaban, aunque fuera remontada, con el espionaje, lo hacía guardar porfiado silencio.

Los agentes de la Tokko no fueron nada suaves con Miyagi.

Lo amenazaban, le gritaban, lo injuriaban con todos los insultos pintorescos en que abunda el idioma japonés, él seguía impávido, desafiante.

Lo halagaban, lo lisonjeaban, y tampoco lograban nada, hacía medio día todos los protagonistas se sentían rendidos y desconcertados.

Haciendo una pausa para almorzar cuatro de los agentes policíacos se retiraron y quedaron dos custodiando a Miyagi.

Pidieron el almuerzo para el detenido, pero este no quiso tocarlo, explicando que no tenía apetito.

Después de almorzar volvieron dos de los detectives para revelar a los que habían quedado con el reo y llevarla la comida.

Durante el brevísimo instante en que estuvo abierta la puerta, Miyagi se incorporó, se volvió bruscamente y de un salto se echo de cabeza por la ventana abierta hacia la calle, diez metros más abajo.

Pensando únicamente en que el pez gordo se le escapaba de entre manos, uno de los detectives.

Sakai Tmatsu, ordenó a gritos que rodearan el edificio; luego con gran estruendo, se precipitó por la ventana detrás del reo.

Cuando los demás salieron apresuradamente al exterior, encontraron a perseguidor y perseguido tendidos cuan largos eran sobre el pavimento.

Ambos estaban sin resuello, pero todavía con mucha vida.

Alguién llamo un automóvil de la policía para que los llevaran al hospital, Miyagi, que era el menos herido de los dos, no quiso hasta que hubiese acomodado bien a Sakai.

Dió la casualidad de que Miyagi había caído sobre unos matorrales espesos que amortiguaron el golpe, así que escapó con algunas contusiones y cortaduras superficiales, además de la distensión de los músculos del muslo.

Al comprador que sus heridas leves, sus captores los condujeron otra vez y a toda prisa a la comisaría de policía para reanudar el interrogatorio.

Miyagi era otro hombre; saltó por la ventana siguiendo la tradición japonesa del suicidio honroso, esperando sinceramente que aquel fuera su último acto en la tierra.

Al no venir en su ayuda la muerte, la conmoción que sufrió no fue sólo corporal, sino también mental.

Había experimentado nada menos que la resurrección y sintió la necesidad de confesar, para poder emplear bien la nueva vida.

Así pues, al volver a sala de conferencias, Miyagi abrió su alma.

Hablo larga y detalladamente.

Fue como si hubiera sacado el corcho de una botella de champaña; toda la historia de la red de espionaje de SORGE brotó como el líquido espumoso y embriagante.

La policía escuchó embelesada y perfectamente suspensa las revelaciones.

UN RATO ANTE LA RATONERA:

La Tokko detuvo a Ozaki Hotsumi si 15 de Octubre a las 6 de la mañana; lo aprendió en la biblioteca de su casa.

No estaba preocupado y siguió impávido a los agentes hasta la comisaría Meguro de la policía.

Creía que lo estaban fastidiando por sus escritos de intelectual de tendencias liberales.

Pero el oficial inquisidor muy pronto lo hizo caer en la cuenta de su error:

No estamos interrogando al Osaki japonés, sino al Ozaki espía del Comintern le advirtió bruscamente.

Ozaki resistió los interrogatorios durante 18 horas, pero media noche busco alivio de la insoportable tensión.

Contaré todo lo que se les dijo.

Así que déjeme descansar y pensar un poco.

La policía consistió, muy aliviada allá en el fondo.

Comprendía que, sin la confesión de Ozaki, no podría encausar a los tres extranjeros: Richard SORGE, Branko Voukelitch y Max Clausen.

Entre tanto la señora Ozaki, desesperada trataba de averiguar a qué obedecía la detención de su marido.

Teléfono a su amigo Kichi Michizo, uno de los secretarios privados de Konove también integrante del Grupo del Desayuno, que esa misma mañana se reunía.

Antes de la reunión Kichi acababa de enterarse por el Ministerio del Interior de que el caso era de comunismo.

Llegó tarde y encontró al grupo discutiendo la forma de sacar al Ejército japonés del atolladero chino.

Al irrumpir Kichi con la extraordinaria noticia de que su compañero Ozaki había sido detenido, no se volvió a hablar más del Ejército.

La sesión completa se ocupó en especular acerca del increíble suceso.

SORGE también tenía un día de preocupaciones.

Cuando esa tarde llegó Max Clausen a verlo a su casa, SORGE le entregó un último manojo de despachos para transmitir.

Opinaba que la labor de la red había concluido; había conformado y enviado a Moscú el valioso informe de que Japón no pensaba atacar a la Unión Soviética.

SORGE mismo quería cambiar de ambiente, así que entre los mensajes estaba una solicitud de nuevas instrucciones; el seguir en el Japón no tendría sentido ya. ¿Debería regresar el grupo a la patria roja debería emprender nuevas actividades en Alemania?.

Clausen examinó por encima los papeles; luego se los devolvió a SORGE diciéndole:

– Es muy temprano todavía para transmitir estos despachos. Mejor guárdalos tú por ahora.

El que SORGE no amonestará agriamente a Max por su atrevimiento era indicio de que el primer aparratchik de Rusia no tenía el humor de otras veces.

La preocupación y la incertidumbre le roían las entrañas, porque inexplicablemente, ni Ozaki ni Miyagi se habían presentado a cumplir sendas citas con él. ¿Habrían sido detenidos? SORGE olfateaba el inminente peligro.

A raíz de la confesión de Miyagi, la Tokko había dado instrucciones al viejo “Némesis” de SORGE, Saito, de intensificar su vigilancia; no dejarlo escapar; no permitir que se suicidase; no darle el menor indicio de la inminencia de la captura.

Saito alquiló una habitación de planta alta en la casa de enfrente, y el 15 de Octubre acechaba la de SORGE con la atención obsesiva del gato cazador frente a la madriguera de los ratones.

Al día siguiente SORGE se sentía aún más nervioso y deprimido.

Después de tener una larga sobremesa con Max en un restaurante a la hora del almuerzo, regresó a su casa y como de costumbre, dejó el coche en un garaje cercano, parte ya de la red policiaca, lo estaba rodeando.

Cada vez que guardaba allí su automóvil, la policía entraba inmediatamente a registrarlo.

En aquella ocasión al primer examen apareció unas copias a cantidad de dinero metido en sobres.

El registrado lo contó inmediatamente, lo llevó a la policía donde fotografiaron los billetes, y lo devolvió al dueño del garaje.

Esa tarde, siguiendo instrucciones, el propietario del garaje se presentó en casa de SORGE para devolverle el dinero.

La policía le había encargado que informará cuales eran las actividades de SORGE durante la tarde de ese día.

Al tocar a la puerta del visitante, SORGE, Clausen y Voukelitch estaban como en consejo de guerra, discutiendo nerviosamente la ausencia de dos hombres del grupo.

SORGE hizo pasar al dueño del garaje, contó los billetes y separó de ellos la recompensa adecuada.

Pero debió de sorprenderle y alarmarle su imprudente descuido.

Por qué se retrasaban las atenciones.

El gobierno del primer ministro Konoye se tambaleaba.

En tales circunstancias, el fiscal Yoshikawa Mitsusada comprendía que era inútil esperar la aprobación del gabinete para ventilar públicamente un escándalo que sin duda, habría de provocar su caída.

Konoye, y el gabinete que lo sucedió, presidido por el general Hideki Tojo, no tuvo inconveniente en poner a su antecesor en situación comprometida.

Al fiscal Yoshikawa no le fue difícil pués, obtener permiso del Ministro de Justicia para arrestar a los extranjeros.

Por la mañana del 18, temprano tres grupos de agentes de la Tokko capturaron a SORGE, a Clausen y a Voukelitch cuando estaban aún en la cama.

“ADIOS, AMIGO MIO”:

El arresto de SORGE produjo una reacción inmediata y violenta en la embajada alemana.

Como los japoneses no habían anunciado aún los cargos que se les imputaban, por todo el equilibrio corrió, con la noticia, una mezcla de asombro e incredulidad.

Furibundo, el embajador OTT mandó al instante una protesta oficial al Ministerio de Relaciones Exteriores y con ella la exigencia, en términos perentorios, de ver a SORGE.

El fiscal Yoshikama dió largas a la solicitud hasta que pudiese obtener la confesión firmada por SORGE de ser espía, no tardó en lograrlo.

Las pruebas fehacientes eran abrumadoras; los demás integrantes del grupo había confesado todo y la Tokko encontró los cuadernos de cifra de Clausen, su aparato emisor y un montó de despachos sin transmitir, redactados en inglés.

SORGE comprendió que no había razón para seguir negando su participación en las actividades de espionaje, pero no quería ver a OTT, pues le sería muy penoso enfrentarse al hombre a quién venía traicionado desde hacía tanto tiempo.

Yoshikawa no compartía la misma opinión:

  • Puede que tengan ustedes ideas políticas opuestas; pero como amigo, debe despedirse de él.

SORGE convino de mal agrado y Yoshikawa concretó la entrevista.

Al entrar en el salón de conferencias con su séquico, el parte del embajador OTT era orgulloso, firme, airado y muy serio.

Dejó constancia inconfundible de haber sido ofendido.

Al tomar asiento la delegación alemana, hicieron pasar a SORGE, que entró con acento compungido.

La conversación fue ceremoniosa : OTT recorrió una lista de preguntas previamente aprobadas, y el diálogo transcurrió poco más o menos así:

OTT:¿Como está Ud?

SORGE: Estoy bien.

OTT:¿Que tal la alimentación que recibe?

SORGE: Es satisfactoria.

OTT:¿Lo tratan bien?

SORGE: Sí.

Después de unos 10 minutos de intercambio, OTT llegó al final de las preguntas preparadas.

Mirando fijamente a su amigo, el embajador le preguntó si tenía algo que decir.

Hubo un momento de embarazoso silencio en que SORGE devolvió la mirada de su interlocutor, con una expresión sería y luminosa.

Con voz de campana fúnebre, baja y solemne, pero claramente audible, le dijo:

– Señor embajador esta es nuestra despedida definitiva, le ruego presentar mis respetos a su familia.

Al oír tales palabras, OTT palideció y pareció envejecer 20 años.

Por lo visto comprendió en ese momento el verdadero significado de la situación. OTT y todo su séquito seguían sentados inmóviles como estatuas, el silencio era insoportable, por fin SORGE se puso en pie, hizo una ligera venia al embajador y salió para volver a su celda de prisionero.

En el tiempo transcurrido hasta que se cerró la puerta, había cambiado radicalmente la actitud de OTT, quien rogó Yoshikawa:

– Por el bien de nuestros dos países investigue Ud este caso a fondo. Aclárelo totalmente.

Con el tiempo con la traición de SORGE a su amistad y porque se aprovechó alevosamente del amigo, OTT se vio obligado a renunciar al cargo de la embajada.

Ese fue el fin de una prometedora carrera diplimática. Salió de Tokio arruinado y decepcionado.

EL PREMIO PARA UN ESPIA FIEL:

SORGE pasó bastante bien la vida en la cárcel. mejor que muchos ciudadanos japoneses acosados por los impuestos fuera de aquellos muros.

Según la ley japonesa, el reo poseerá dinero podía gastarlo a su antojo.

En el momento de ser capturado, SORGE tenía 1000 yenes y cerca de 4000 dólares en billetes norteamericanos.

Tal suma alcanzaba para mucho en el Japón al iniciarse el decenio bastante.

En mayo de 1942 se público por fin las noticias de las detenciones , y hasta mayo de 1943 se comenzaron los procesos.

La suerte de los componentes de la red fue variable.

El joven pintor Miyagi murió tuberculoso durante la vista de la causa.

Voukelitch, el fotográfo y periodista yugoslavo, fue sentenciado a cadena perpetua y murió de neumonía en la cárcel 16 meses después.

A Max Clausen lo condenaron a cadena perpetua, y a Ana a tres años.

A ambos los libertaron los norteamericano en 1945, con el indulto de los presos políticos y los dos viven hoy en Alemania Oriental.

A la señora KitaBayashi, la costurera por quién comenzó a desenredarse la madeja, se le impuso condena de cinco años de presidio. A muerte solo fueron condenados SORGE y Otaki.

SORGE aceptó serenamente la sentencia.

Acogiéndose a la ley, los sentenciados apelaron automáticamente de las dos condenas y SORGE no creía aún que iba a morir.

Se aferraba a la esperanza de que la Unión Soviética hiciera cualquier arreglo que le diese la libertad.

Bien sabía que, en la abrumadora mayoría de los casos se espias capturados, el país preferiría sacrificar al agente antes de verse comprometido.

Pero era vanidoso en sumo grado y nunca se había considerado entre la mayoría.

Se creía SORGE el único, personaje sin el cual la causa no podría salir adelante.

Se jactaba, en realidad, de ser demasiado valioso para que la Sección Cuarta lo abandonase, y decía que Stalin iba a concretar algún convenio para canjearlo.

Desgraciadamente sus patrones del Kremlín no eran de las misma opinión.

En los últimos años la Unión Soviética ha ensalzado mucho la memoria de SORGE.

Una calle de Bakú lleva su nombre; Richard SORGE se llama un barco que hace viajes marítimo reguladas, la figura apuesta y ominosa del espía adornada un sello de correos de la URSS y lo han declarado Héroe de la Unión Soviética.

Pero en su hora crítica, cuando el gobierno ruso hubiera podido ayudarlo, le volvió estudiadamente la espalda, negó que la red de espionaje de SORGE hubiese existido siquiera y afirmó descaradamente que todo aquel escándalo era una conjuración de Tokio para desacreditar a los liberales japoneses y comprometer a Rusia.

Ozaki primero, y SORGE después, murierón en la horca el 7 de Noviembre de 1944.